Cómo afrontar los problemas familiares

15 noviembre 2021

¿Sabes cuál es el sentido de los problemas sobre relaciones familiares? ¿Te gustaría aprender a usarlos para potenciar tu crecimiento personal y mejorar tus relaciones?   En cualquier sistema social se producen conflictos, es natural y necesario para su equilibrio y evolución. Además, es normal que experimentemos más dificultades con las personas con las que […]

¿Sabes cuál es el sentido de los problemas sobre relaciones familiares? ¿Te gustaría aprender a usarlos para potenciar tu crecimiento personal y mejorar tus relaciones?  

En cualquier sistema social se producen conflictos, es natural y necesario para su equilibrio y evolución. Además, es normal que experimentemos más dificultades con las personas con las que nos relacionamos habitualmente y las que más nos importan. Aunque existe la creencia de que los problemas familiares son una señal de que hay algo inadecuado en la familia, incluso llegando a afirmar que una familia “es problemática”, lo cierto es que el hecho que haya conflictos no es disfuncional en sí mismo, sino que la manera de gestionarlos por parte de sus miembros es lo que determinará la salud del sistema familiar.

Para comprender la naturaleza del conflicto en una familia, debemos tener en cuenta que, del mismo modo que hay una personalidad individual, también existe una identidad colectiva. Por ejemplo, cada país, cada ciudad, cada grupo religioso, etc, posee unas características, unas creencias, unos valores y unas pautas de funcionamiento dentro del sistema que lo definen, generando un sentido de pertenencia y vinculando a los integrantes. 

En el sistema familiar, esta identidad de “clan”, al igual que sucede con las identidades individuales, no solo está conformada de sus dones y decisiones coherentes, sino que también se desarrolla en base a sus heridas, miedos, supersticiones y complejos.

¿Qué causa los conflictos en las relaciones familiares?

Existen muchos tipos de dificultades entre hermanos, padres e hijos, problemas en la pareja, etc. Sin embargo, todos los conflictos tienen su origen en  desavenencias y desacuerdos en cuanto a formas de ver y entender aspectos de la vida como la pareja, la educación, la sexualidad, las creencias religiosas, el trabajo, la forma de vestir, y un largo etcétera. Estos choques no se producen por las diferencias entre las personas, sino por la falta de flexibilidad y de comprensión, tanto de cada uno de los miembros como del sistema familiar.

Debemos comprender que cada individuo, además de la persona que es en sí misma, desempeña un rol dentro del sistema que está aprendiendo a desempeñar, como puede ser el de padre, madre, hijo/a, etc. a la vez que los otros miembros de su familia. En este proceso de aprendizaje siempre se producen momentos de dificultad que han de superarse tanto a nivel individual como colectivo. En palabras del doctor Steve Maraboli, especializado en ciencias del comportamiento humano, “A veces los problemas familiares no requieren una solución para resolverlos; en su lugar, requieren madurez para superarlos”.

Si todas las familias experimentan dificultades ¿Qué es una familia problemática?

Cuando decimos que una familia es problemática, no nos referimos a una familia en la que se producen conflictos, pues esto sucede en todas de una manera u otra, sino a un contexto en el que no se gestionan adecuadamente, en el que los miembros no tienen las herramientas necesarias para afrontar las dificultades y transformarlas en aprendizajes personales para aumentar su bienestar y el de su entorno. Cuando en una familia no hay problemas aparentes, no es que no existan, sino que no están siendo reconocidos ni afrontados.  Tanto si sucede esto, como si se producen conflictos de forma reiterada, podemos decir que el sistema familiar es disfuncional, porque no funciona de una manera que le permita crecer y evolucionar, que son los atributos de cualquier sistema saludable.

Si pensamos en el conflicto como una fuerza de cambio y evolución, comprendemos que una familia funcional es la que sabe aprovechar los problemas para transformarse y evolucionar, tanto a nivel individual como grupal. Es decir, que entiende que el conflicto que expresa uno de los miembros de la familia es el reflejo del problema que hay en el sistema y, al mismo tiempo, es parte de su solución.  Por lo tanto, un conflicto siempre será una oportunidad para mejorar conjuntamente ya que, como dice el escritor Richard Bach,

 “No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don”.

Por otra parte, una familia disfuncional es inflexible, teme cualquier cambio y ve los conflictos familiares como un obstáculo para su bienestar, sin darse cuenta de que esta resistencia a transformarse es la principal causa de las dificultades que experimenta. Lo saludable sería que la familia evolucionase al ritmo en que se desarrollan sus integrantes, pero esto no suele ser así, sino que con frecuencia los mandatos familiares condicionan el desarrollo de sus miembros y, de esta forma, el mismo sistema deja de evolucionar. 

¿Qué podemos hacer ante los conflictos familiares?

No se trata de evitar los conflictos, sino de transformar nuestra manera de aproximarnos a las dificultades que surgen en el seno familiar. Habitualmente, en cada familia hay uno o más miembros que no cumplen con las obligaciones del clan, que cuestionan las creencias  y que no se ajustan a las normas de conducta establecidas, es decir, las que se rebelan ante el status quo de la familia, generando oportunidades de cambio y crecimiento para el sistema. El afrontamiento exitoso ante estas situaciones conflictivas refuerza los recursos personales y mejora las relaciones, generando procesos de resiliencia. De esta manera, se favorece el desarrollo de habilidades de afrontamiento y de nuevos recursos personales y familiares.

¿Te reconoces en el rol de rebelde o identificas a otras personas de tu familia como “diferentes” o “problemáticas”? En cualquier caso, es importante comprender que cada persona debe comprender su contribución en los conflictos que vive y descubrir qué puede aprender y transformar en sí misma. Los conflictos  gestionados desde esta auto-responsabilidad son excelentes catalizadores para la evolución personal y sistémica, aumentando el bienestar personal y familiar. Esto implica dejar de juzgar y de culpar a los demás de lo que te molesta, hacer introspección para comprender el origen emocional de tu conflicto y aprender a identificar el aprendizaje implícito en cada situación de dificultad. Puedes preguntarte ¿A quién culpo de mi malestar? ¿A quién juzgo y qué quiero que cambie?

Además, asumir la responsabilidad, también consiste en no querer cambiar a los demás, permitiéndoles ser y evolucionar sin imponerles nuestro criterio.  Anthony De Mello, en su libro «El canto del pájaro», dice que “una sociedad que domestica a sus rebeldes ha conquistado su paz, pero ha perdido su futuro”.  Del mismo modo, las familias que son estrictas, inflexibles, intolerantes e incluso, tiránicas con sus miembros, están perjudicando su propio desarrollo. Sin embargo, si el sistema familiar acoge el desafío que plantea cada conflicto como una oportunidad para mejorar, toda la familia podrá reajustar su funcionamiento y encontrar un nuevo equilibrio.

Desde esta perspectiva, honrar a tu sistema familiar no implica ajustarte a sus normas y mandatos para no generar conflictos, sino que implica asumir tus diferencias, tolerar las de los demás, afrontar las dificultades desde la responsabilidad y atreverte a ser la nota discordante. Esta es la mejor forma de honrar quien eres y a todo el sistema del que eres parte, consecuencia y solución.

 

“La causa de la mayoría de los problemas de relaciones humanas está en la falta de reconocimiento mutuo”

– Cieri Estrada Doménico

 

Si te ha gustado, compártelo

Claves para generar una mente abundante

© 2021 Enric Corbera Institute.

© Enric Corbera Institute.