20 Septiembre 2016

Cuestionando el darwinismo

Cuestionando el darwinismo

Existen diversas teorías fundamentales que hemos aprendido en la escuela y que dominan el pensamiento científico de la época en que vivimos.

Entre la principales podemos mencionar: la física newtoniana que nos habla de cuerpos sólidos aislados y del flujo lineal de la información, la filosofía cartesiana que nos dice que los aspectos físicos y mentales de la naturaleza están separados y el darwinismo que nos remite a la ley del más fuerte para sobrevivir.

Máximo Sandín es doctor en Ciencias Biólogicas y en Bioantropología. Fue profesor de Evolución Humana y Ecología en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. En sus libros desarrolla su aportación a la teoría de la evolución: una revisión de la tesis darwiniana a través de la competitividad. Sandín aboga por “una visión más solidaria, colaboracionista, sólidamente afianzada en las ideas del biólogo francés Jean B. Lamarck” y en descubrimientos actuales.

Las grandes ideas de la teoría de Charles Darwin son la selección natural que “implica que la vida es una competencia permanente y que la naturaleza premia a los ‘más aptos'”. Y el cambio gradual que defiende que con el paso del tiempo las adaptaciones acaban transformando los organismos. Sin embargo este planteamiento muestra discrepancias con los datos del registro fósil y con la observación de la naturaleza. Como señala Máximo Sandín en su libro Pensando la evolución, pensando la vida: “¿Por qué, si las especies han descendido de otras especies mediante gradaciones insensiblemente diminutas, no vemos en todas partes innumerables formas de transición? ¿Por qué no está toda la Naturaleza en confusión, en lugar de estar las especies como las vemos, bien definidas? “

Según Sandín, la teoría darwiniana: “constituyó una catástrofe para la biología, porque la sacó del camino que estaba, muy bien orientado científicamente, y la convirtió en una interpretación de la naturaleza, en una visión sórdida y cruel de la vida. Como un campo de batalla en el que solo sobreviven los que tienen alguna ventaja”.

En cambio, para Jean-Baptiste Lamarck que fue profesor de Sorbona, experto en paleontología y anatomía comparada “era el equilibrio lo que gobernaba las relaciones entre los seres vivos. Claro que los depredadores matan herbívoros, o que los machos de los ciervos o los leones pelean, pero el resultado final, de conjunto, es que todos los animales y las plantas deben existir para que la naturaleza mantenga el equilibrio”.

Para Lamarck las variaciones de las condiciones del medio ambiente provocan cambios en la funciones vitales de los seres vivos, lo que produce que unos órganos se atrofien y otros se desarrollen, en este sentido, Lamarck defiende que “la función hace al órgano”. Cada componente tiene su función.

La Bioneuroemoción parte de la base de que la vida la experimentamos desde dentro, la sentimos. Percibimos la vida más allá de respuestas mecánicas y automáticas en relación a los estímulos que nos rodean. Somos algo más que máquinas predecibles y limitadas. Como seres vivos solo podemos existir mediante intensos intercambios con nuestro entorno que, a su vez, está organizado, como un ecosistema interrelacionado y dinámico.

Para la Bioneuroemoción un síntoma o enfermedad es una respuesta de adaptación aprendida por las presiones ambientales. Se manifiesta en un órgano o tejido que aparece en un momento concreto de la evolución para responder a la necesidad de sobrevivir. En este sentido, cualquier síntoma o enfermedad es un proceso biológico que nos invita a evolucionar

Fuente:

http://www.20minutos.es/noticia/1960566/0/biologia/evolucion/darwinismo/

https://www.revistaesfinge.com/entrevistas/item/949-maximo-sandin-una-alternativa-a-la-fabula-darwinista

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