27 Diciembre 2016

No sabemos escuchar

No sabemos escuchar

Nos hemos acostumbrado a hablar entre nosotros simulando escuchar al otro. Mientras alguien nos habla, en realidad, estamos pendientes de nuestro diálogo interno que filtra el contenido de la información que nos llega.

De hecho, lo único que nos interesa es saber cómo tenemos que reaccionar a lo que oímos: si tenemos que ser agresivos para defender nuestra interpretación de las cosas o si podemos ser amables porque coincidimos con las palabras del otro. Nadie escucha a nadie. Sólo escuchamos la interpretación que hacemos de lo que oímos.

Theodor Reik (Viena, 1988 – Nueva York, 1969) fue doctor en psicología y discípulo de Freud. Como judío, primero huyó de la Alemania nazi y más tarde viajó a Estados Unidos donde se nacionalizó en 1944. Al no ser médico psiquiatra, la comunidad de psicoanalistas americana mostró muchas reticencias a permitirle entrar en su círculo y ejercer como tal. Sin embargo, el tesón de Reik y la valía de sus tesis fueron encontrando su lugar. En su libro Escuchar con el tercer oído (Listening with the Third Ear) propone un tipo de escucha en el que se descubran las emociones subyacentes debajo de las palabras que se dicen.

Este planteamiento tiene su origen en lo que Freud llamó “atención flotante” y que designa una regla según la cual el analista debe escuchar al paciente sin privilegiar ningún elemento de su discurso y dejando actuar su propio proceso inconsciente. Reik sostiene que lo más valioso del psicoanálisis no puede aprenderse estudiando. Explica que los jóvenes aspirantes deben no sólo analizar sino también autoanalizarse. Nos dice que “nada que no tenga en la experiencia su punto de partida puede convertirse en experiencia para otros”. Es decir, escuchar no es sólo oír palabras en boca de otro, es una vivencia. Para que sea una vivencia hay que conectar más allá del oído; hay que relacionarse desde la emoción que sostiene la experiencia de la escucha.

Para conseguir este nivel de conexión es imprescindible estar en contacto con uno mismo. Tal vez por eso, el fondo de la cuestión no es que no sepamos escuchar a otro sino que no sabemos escucharnos a nosotros mismos. Reik expresa así las sensaciones del analista ante su propia escucha, lo que es aplicable a cualquiera de nosotros: "La represión de ideas o impulsos de los que no quiere saber, y con los que juega al escondite. Ha de ponerse a prueba periódicamente para determinar hasta qué punto puede ser sincero consigo mismo y poder así evitar impacientarse con las resistencias de sus pacientes. El encuentro con uno mismo, en muy pocas ocasiones, es una experiencia agradable”.

Por último, “aconseja a los jóvenes analistas des-aprender toda rutina, que se autoanalicen más allá de su sesión de análisis, que presten oídos a los detalles más insignificantes, en esa atención flotante que no supone oír todo y que exige el coraje de no comprender demasiado deprisa”.

El Acompañante en Bioneuroemoción® procura encontrar la información con el máximo detalle, mediante una observación sin juicio. Sabe que si no se escucha a sí mismo no puede comunicarse con nadie, por eso, utiliza la autoindagación. Durante la autoindagación, hablamos de nosotros mismos en tercera persona con la conciencia de que todo lo que nos rodea guarda relación con nosotros. Se trata, en definitiva, de aprender a escucharnos.

Desde la Bioneuroemoción®, sugerimos que para poder escuchar al otro, tenemos que aprender a escucharnos a nosotros mismos. Para ello, debemos desarrollar una mente descriptiva y, en los momentos que sea adecuado, dejar atrás los simbolismo y las generalizaciones. Es decir, una mente inocente y libre de juicios, que no culpa y no se siente culpable. El primer paso para fomentar esta mente es dejar de poner por delante nuestras creencias, valores y herencias.

En Yo soy tú: La mente no dual, Enric Corbera nos dice: “Hoy sé lo que significa ser un buscador espiritual:  es algo que tiene que ver con la indagación, con mantenerte alerta frente a lo que te rodea, con una mente que por fin sabe que lo que hay a tu alrededor es algo que viene a ti, por ti y a través de ti, manifestándose en aquello que tú llamas el otro”.

Fuente:

Reik, T., (1948) Listening with the Third Ear. Nueva York: Farrar, Strauss.

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