La conexión entre bienestar y bienser: del confort a la autenticidad personal

Exploramos cómo se complementan bienestar y bienser para cuidar nuestras necesidades y dar más espacio a lo que de verdad nos importa.

31 agosto 2024

Exploramos cómo se complementan bienestar y bienser para cuidar nuestras necesidades y dar más espacio a lo que de verdad nos importa.

Hay momentos en los que todo parece estar en orden y, aun así, sentimos que algo no encaja del todo: tenemos lo que se supone que da tranquilidad, pero no lo sentimos como nuestro.

Comprender la relación entre bienestar y bienser puede ayudarnos a reconocer esa sensación. El bienestar abarca la salud, la estabilidad o el descanso. El bienser, por su parte, nos invita a mirar nuestra relación con nosotros mismos. Esa distancia puede llevarnos a revisar qué significa para nosotros estar bien.

A continuación, exploraremos cómo se complementan estos conceptos y qué aprendizajes inconscientes influyen en nuestras decisiones. ¿Cuánto de lo que hacemos responde a nuestros valores y cuánto a lo que aprendimos que los demás esperaban de nosotros?

Bienestar y bienser: qué significan y en qué se diferencian

El bienestar incluye nuestras condiciones de vida y cómo las experimentamos, también en el plano emocional y en el sentido que encontramos en lo que hacemos.

En este artículo utilizamos el término bienser para poner el foco en nuestra relación con nosotros mismos, nuestros valores y nuestra manera de decidir.

Al hablar de bienser, ponemos especial atención en cómo nos relacionamos con nuestra experiencia y en qué medida nuestras decisiones expresan lo que valoramos, teniendo en cuenta nuestras necesidades, responsabilidades y posibilidades reales.

Veámoslo con este ejemplo: puedes tener un trabajo estable y sentir que hace tiempo que no le encuentras sentido, agradecer la seguridad y, a la vez, echar de menos la ilusión.

Reconocer esa inquietud no te convierte en alguien desagradecido. Más bien te da la oportunidad para explorar cómo estás viviendo lo que tienes. En la siguiente tabla veamos algunas de sus diferencias:

Aspecto Bienestar Bienser
En qué pone el foco En las condiciones que favorecen una vida digna y satisfactoria. En los valores, el sentido y la coherencia con que vives.
Cómo se expresa En la salud, el descanso, los recursos y los vínculos que te sostienen. En cómo decides, cómo te responsabilizas de tus elecciones y qué lugar das a tus necesidades.
Qué te invita a preguntarte ¿Con qué cuidados, recursos y apoyos cuento? ¿Desde qué interpretación tomo mis decisiones y qué lugar tiene en ellas lo que me importa?

Ambas dimensiones están muy unidas. Tus condiciones de vida influyen en cómo te sientes y en el margen que tienes para elegir, y la forma en que interpretas lo que te pasa influye en cómo vives ese margen.

Ser y estar: dos formas de comprender la experiencia personal

En castellano distinguimos entre ser y estar, algo que en inglés se resuelve con un solo verbo, to be. No es una regla psicológica, solo un matiz del idioma, pero puede ayudarte a observar cómo hablas de ti.

A veces una experiencia concreta acaba ocupando toda la imagen que tienes de ti, por ejemplo:

  • Te equivocas y, en lugar de pensar «he cometido un error», te dices «soy un desastre».
  • Necesitas ayuda y lo vives como una prueba de que «soy incapaz».
  • Sientes miedo y se te olvidan todas las veces que has actuado con valentía.

No es lo mismo reconocer una dificultad que definirnos por ella. Si una conversación nos ha causado malestar, podemos revisar qué ocurrió y cómo responder la próxima vez. Cuando concluimos que «somos así», cuesta más imaginar otra posibilidad.

Lo que sentimos hoy no cuenta todo lo que somos. Dar espacio a nuestros estados, sin convertirlos en etiquetas, nos permite revisar las creencias con las que construimos nuestra identidad.

Bienestar: condiciones para vivir con dignidad

El bienestar físico, mental y social se apoya en cuidados, recursos y condiciones que a veces damos por sentados hasta que nos faltan.

Dormir mal durante semanas, vivir con incertidumbre económica o sentir que no tenemos a quién llamar puede afectar profundamente a nuestro día a día. Por eso, hablar de bienestar implica atender varias dimensiones:

  • Física: descanso, alimentación, movimiento y acceso a atención sanitaria.
  • Emocional: reconocer lo que sentimos, expresarlo y disponer de apoyo para afrontar las dificultades.
  • Social: mantener vínculos seguros, sentir pertenencia y poder pedir ayuda.
  • Material: contar con vivienda, ingresos y condiciones de vida dignas.

La Organización Mundial de la Salud destaca la influencia de la vivienda, la educación y el trabajo en nuestra salud emocional y física. No todo depende de nuestra actitud ni de nuestro trabajo interior. 

El bienestar tampoco exige una vida sin problemas. Podemos atravesar una pérdida y sentirnos acompañados, así como también tener una preocupación y encontrar momentos de descanso.

Bienser: autenticidad, propósito y desarrollo interno

El bienser es un término utilizado en determinados enfoques filosóficos y de crecimiento personal para reflexionar sobre nuestra manera de vivir. No es un diagnóstico ni una categoría científica cerrada.

Desde la Bioneuroemoción, como método psicoeducativo orientado al autoconocimiento, exploramos cómo nuestras creencias e interpretaciones influyen en la manera de vivir las situaciones.

En este contexto, hablar de bienser nos invita a reconocer lo que sentimos y necesitamos, y a revisar cómo lo tenemos en cuenta al decidir. Para acercarlo a nuestra vida cotidiana, podemos fijarnos en tres aspectos:

  • Autenticidad: reconocer lo que nos pasa y encontrar una forma honesta de expresarlo.
  • Propósito: dar espacio a aquello que tiene sentido para nosotros, también en las pequeñas decisiones.
  • Responsabilidad: considerar nuestras necesidades y las consecuencias de nuestros actos sobre los demás.

Cómo se expresa el bienser en una decisión cotidiana

Pensemos en algo cotidiano: aceptamos otra tarea aunque estamos agotados. Queremos colaborar, pero también tememos decepcionar. Quizá llevamos tanto tiempo siendo «quienes siempre pueden» que pedir descanso nos hace sentir culpables.

En esa situación, podríamos decir: «Queremos ayudar, pero hoy necesitamos descansar. Podemos retomarlo mañana». Parece una decisión pequeña, aunque para quienes han aprendido a ganarse el afecto estando siempre disponibles puede remover mucho.

Cultivarlo implica escucharnos y llevar esa comprensión a la práctica, con dudas, límites y oportunidades para rectificar. El propósito personal empieza a tomar forma en cómo elegimos vivir lo cotidiano.

Cómo se relacionan el bienestar y el bienser

Bienestar y bienser se complementan: contar con seguridad, cuidados y apoyo facilita nuestro desarrollo personal, mientras que reconocer lo que valoramos nos ayuda a orientar nuestras decisiones.

El confort puede sostenernos, aunque por sí solo no garantiza que encontremos sentido en cómo vivimos.

Cuando nos preocupa llegar a fin de mes o llevamos semanas sin descansar, cuesta encontrar espacio para preguntarnos qué queremos. Por eso, atender nuestras necesidades básicas también nos da margen para escuchar nuestras inquietudes.

Ese proceso también se nutre de lo que recibimos: una amistad que nos escucha, una oportunidad para aprender o el apoyo que nos permite dar un paso difícil. Nuestra relación con nosotros mismos se desarrolla también en el encuentro con los demás.

Una vida plena integra bienestar externo e interno

La Constitución de la Organización Mundial de la Salud recoge una mirada amplia de la salud:

«La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». 

En nuestra vida cotidiana, estas dimensiones se mezclan constantemente. Por ejemplo, el cansancio puede volvernos menos pacientes con quienes queremos y una relación en la que nos sentimos acompañados puede ayudarnos a atravesar una dificultad.

Por eso, cuidar nuestra vida requiere prestar atención tanto a las condiciones que nos rodean como a lo que nos ocurre por dentro. Podemos empezar por decisiones cercanas:

  • En el trabajo: valorar la estabilidad y reconocer cuándo necesitamos negociar una carga que nos está desbordando.
  • En las relaciones: disfrutar de la compañía y atrevernos a expresar un desacuerdo, aunque nos cueste.
  • En el descanso y la salud: atender nuestras necesidades físicas y observar qué nos lleva a posponerlas una y otra vez.
  • En nuestros proyectos: reservar un espacio posible para aquello que tiene sentido para nosotros, sin exigirnos cambiar toda nuestra vida de golpe.

A veces sabemos lo que necesitamos, pero nos cuesta concederle importancia. Ahí podemos detenernos: ¿qué estamos dejando siempre para después y qué nos hace sentir que puede seguir esperando?

«La vida consiste en adaptarse y volver a adaptarse.»

Anthony Burgess

Por qué confundimos nuestro estado con nuestra identidad

Las expectativas familiares, las creencias, la necesidad de encajar y los aprendizajes que recibimos pueden llevarnos a confundir una forma de actuar con todo lo que somos.

Nos acostumbramos a ocupar un lugar (quienes cuidan, quienes resuelven, quienes nunca protestan) y, con el tiempo, salir de él puede hacernos sentir culpables.

De pequeños vamos descubriendo qué se espera de nosotros. Quizá recibíamos más reconocimiento cuando sacábamos buenas notas, cuando ayudábamos o cuando no pedíamos demasiado.

Es comprensible que intentáramos repetir aquello que nos hacía sentir queridos. Después, las amistades y el trabajo añaden otras expectativas sobre cómo debemos comportarnos para encajar a través de máscaras sociales.

Cuando lo que aprendimos empieza a pesarnos

Esos aprendizajes pueden seguir presentes en situaciones muy distintas:

  • Nos cuesta reconocer el cansancio porque en casa éramos «quienes podían con todo».
  • Callamos un desacuerdo para seguir siendo «personas fáciles de tratar».
  • Dejamos para después un proyecto propio porque nos hemos acostumbrado a estar disponibles para los demás.
  • Sentimos vergüenza al pedir ayuda: creemos que ya deberíamos saber resolverlo.

A veces, decir que sí nos tranquiliza porque evitamos decepcionar a alguien. Pero nuestra necesidad sigue pendiente. Recuperar autenticidad implica reconocer ese coste, sin reprocharnos haber buscado afecto y aceptación.

No somos una etiqueta: conducta, contexto y flexibilidad

Podemos considerarnos valientes y sentir miedo antes de una conversación difícil. También podemos ser introvertidos y disfrutar hablando durante horas con alguien de confianza. Ninguna de esas experiencias invalida la otra.

Las etiquetas personales nos sirven para describirnos, pero se quedan cortas cuando las convertimos en obligaciones. Si creemos que ser fuertes exige resolverlo todo a solas, pedir ayuda puede dolernos por lo que interpretamos que dice de nosotros.

Adaptarnos a una situación amplía nuestros recursos para responder. Podemos mostrarnos firmes ante una falta de respeto, reconocer que algo nos supera o cambiar de opinión. Seguimos siendo nosotros, aunque dejemos de actuar como siempre.

Reconocer las partes de uno mismo que hemos rechazado

Escuchar lo que sentimos implica dejar de descartarlo porque «nosotros no somos así». La metáfora junguiana de la sombra alude a esos aspectos que nos cuesta aceptar: el enfado, la necesidad de cariño o incluso nuestra firmeza.

Si aprendimos que enfadarnos era una falta de respeto, quizá respondamos «no pasa nada» mientras acumulamos malestar.

La autoindagación nos invita a preguntarnos: ¿qué nos ha dolido y qué necesitamos decir? Reconocer la emoción nos ayuda a elegir cómo expresarla, con responsabilidad.

Esta reflexión no sustituye la ayuda psicológica. Si el malestar nos desborda o dificulta nuestra vida cotidiana, conviene buscar acompañamiento profesional.

Un ejemplo de flexibilidad personal

Llega el viernes y nos proponen otro encuentro familiar. Normalmente nos encargamos de organizarlo todo, pero esta semana estamos agotados. Nos apetece quedarnos en casa y enseguida aparece el reproche: «Con lo que cuentan con nosotros, ¿cómo vamos a faltar?».

Antes de aceptar por costumbre, podemos reconocer que necesitamos una tarde a solas. Quizá terminemos diciendo: «Esta vez no voy a ir. Necesito descansar, pero nos vemos la próxima semana».

Puede que después sintamos culpa o ganas de justificarnos más. Estamos ensayando una respuesta distinta y todavía nos resulta incómoda.

Ese descanso también tiene cabida en nuestra forma de querer a la familia. Podemos cuidar el vínculo y permitirnos estar menos disponibles un día.

Del bienestar al bienser: cómo llevar la reflexión a la práctica

Llevar esta reflexión a la práctica supone revisar una decisión concreta y observar qué estamos intentando conservar con ella. A veces seguimos en un compromiso porque nos importa, pero otras, porque cambiar nos obligaría a admitir que ya no queremos lo mismo.

No necesitamos resolver toda nuestra vida de una vez. Podemos empezar por una conversación pendiente o renegociar un compromiso que aceptamos en otras circunstancias. La coherencia también requiere permitirnos actualizar nuestras decisiones.

Preguntas para cultivar autoindagación y coherencia interna

Ante una situación que genera malestar, podemos preguntarnos:

  • ¿Qué necesito en esta situación? ¿Qué pensamientos, emociones o circunstancias dificultan que lo reconozca o lo exprese?
  • ¿Qué imagen de mí mismo/a (quién creo que debo ser) temo perder si elijo de otra manera?
  • ¿Qué decisión sería más coherente con mis valores y necesidades, teniendo en cuenta mis responsabilidades y las consecuencias para las personas implicadas?
  • ¿Qué estoy necesitando cuidar primero (descanso, salud, recursos o apoyo) para poder decidir desde un lugar más amplio y menos reactivo?

Además, conviene terminar con algo concreto: qué podemos hacer, cuándo y qué ayuda necesitamos. Así, la reflexión empieza a tener consecuencias en nuestra vida.

Aceptar el malestar sin convertirlo en una identidad

A veces, nos exigimos recuperar la ilusión, tener una respuesta o pasar página cuando todavía necesitamos comprender qué nos ocurre.

Darnos tiempo para escucharnos puede ayudarnos a reconocer una necesidad que llevamos demasiado tiempo aplazando.

La autoindagación puede comenzar ahí: al observar qué nos decimos sobre lo que vivimos, qué esperamos de nosotros y qué podríamos hacer de otra manera. Sin forzar respuestas ni convertir cada emoción en un problema que resolver.

Si quieres profundizar en esta forma de autoconocimiento, el Diplomado en Bioneuroemoción ofrece un espacio para explorar la autoindagación y comprender cómo nuestras interpretaciones influyen en la manera de vivir nuestras experiencias y relaciones.

Si te ha gustado, compártelo
Resolvemos tus dudas

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre bienestar y bienser?

El bienestar comprende las condiciones y experiencias que nos permiten vivir de forma saludable y digna. El bienser, como propuesta de crecimiento personal, invita a explorar nuestra autenticidad, nuestros valores y el sentido que damos a nuestras decisiones.

¿Cómo saber si buscamos bienestar externo o cultivamos nuestro bienser?

Podemos observar que a veces cuesta decidir: lo que necesitamos y valoramos o la aprobación que esperamos recibir. Ambas motivaciones pueden convivir. La cuestión es si tenemos margen para elegir o sentimos que debemos cumplir siempre con las expectativas ajenas.

¿Qué impacto tiene confundir bienestar y bienser en nuestra vida cotidiana?

Podemos esperar que un ascenso, una compra o una relación resuelvan una insatisfacción que requiere otra atención. Por ejemplo, conseguir reconocimiento laboral puede alegrarnos sin aliviar el agotamiento de estar siempre disponibles. Conviene preguntarnos qué esperábamos obtener con cada logro.

¿Por qué cuesta soltar etiquetas que ya no nos representan?

Porque pueden habernos dado pertenencia, reconocimiento o protección. Dejar de ser «quienes nunca necesitan nada» puede despertar miedo a decepcionar. Podemos empezar por reconocer una necesidad y expresarla en una situación de confianza, sin exigirnos cambiar de golpe.

¿Qué prácticas ayudan a integrar bienestar y bienser?

Hacer una pausa antes de comprometernos, escribir qué valor queremos cuidar y revisar una decisión reciente puede ayudarnos. Después, conviene concretar un paso: pedir apoyo, reservar descanso o hablar de algo pendiente. La reflexión necesita también condiciones materiales y cuidados que la sostengan.

Valoración de los lectores
—/ 5
Sé la primera persona en valorar

¿Qué te ha parecido este artículo?

Selecciona de 1 a 5 estrellas. Puedes cambiar tu valoración más adelante desde este mismo dispositivo.

Continúa profundizando

En este video, Enric Corbera habla de cómo podemos generar un proyecto de vida que nos permita experimentar bienestar, no solamente cuando conseguimos nuestros verdaderos objetivos, sino también durante el camino hacia ellos.

Referencias

Fuentes consultadas para escribir el post

  • https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24281296/
  • https://www.stir.ac.uk/research/hub/publication/711475/
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28703602/
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21151705/
  • Psicothema
  • https://reunido.uniovi.es/index.php/PST/article/view/8474/0

Curso de Introducción a la Bioneuroemoción®

Únete a la conversación

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

© Enric Corbera Institute.