Decisiones inconscientes: cómo influyen en nuestras elecciones y cómo hacerlas conscientes

Muchas decisiones empiezan antes de que seamos conscientes de ellas. Comprende cómo influyen los hábitos, las emociones y las experiencias previas en nuestras decisiones inconscientes.

16 mayo 2023

Muchas decisiones empiezan antes de que seamos conscientes de ellas. Comprende cómo influyen los hábitos, las emociones y las experiencias previas en nuestras decisiones inconscientes.

¿Alguna vez aceptaste un compromiso, aunque querías decir que no y más tarde te preguntaste por qué lo hiciste?

Las decisiones inconscientes actúan así. A veces respondemos de forma automática, influidos por el deseo de agradar, una costumbre aprendida o el miedo a decepcionar, sin reconocer en ese momento qué nos lleva a elegir.

Las lealtades familiares, aprendizajes inconscientes o las creencias también pueden influir en la elección sin que lo advirtamos en ese momento.

¿Cómo empezar a escuchar lo que necesitas para tomar decisiones más conscientes? En este artículo exploraremos qué puede influir en tus elecciones y cómo hacer una pausa para elegir con mayor claridad.

¿Qué son las decisiones inconscientes y en qué se diferencian de las conscientes?

Cuando hablamos de decisiones inconscientes, nos referimos a elecciones o respuestas automáticas en las que intervienen procesos que no advertimos en ese momento, como hábitos, creencias, aprendizajes previos o señales del entorno.

Por ejemplo, quizá aceptas ayudar a alguien sin revisar si tienes tiempo porque estás acostumbrado a responder «sí» antes de detenerte.

Eso no convierte la elección en irracional ni en equivocada, ya que también ciertos hábitos nos permiten resolver muchas situaciones cotidianas sin deliberar cada paso.

Los investigadores Wendy Wood y Dennis Rünger en su estudio sobre la psicología de los hábitos, explican que estas respuestas pueden activarse en contextos familiares y convivir con nuestras intenciones.

Por su parte, una decisión consciente implica hacer una pausa para reconocer qué queremos, qué sentimos y qué alternativas tenemos. Nos da la oportunidad de preguntarnos: «¿Estoy eligiendo esto porque lo deseo o porque es la respuesta que suelo dar?»

La importancia de las decisiones en nuestra vida

Las decisiones importan porque, al repetirse, van dando forma a nuestra manera de vivir e identidad. Por ejemplo, elegir una profesión o una pareja puede abrir una etapa.

También, decir que sí cuando queremos decir que no, o dedicar tiempo a alguien, también influye en nuestras relaciones y en cómo nos sentimos.

Con el tiempo, esas elecciones influyen en nuestros hábitos, nuestras relaciones y la imagen que construimos de nosotros mismos.

Esto no significa que siempre podamos elegir libremente entre todas las opciones. Hay decisiones que tomamos por necesidad, con miedo o sin información suficiente.

Por eso, mirar con conciencia no consiste en preguntarnos «¿por qué no hice algo distinto?», sino en entender qué necesitábamos, qué posibilidades teníamos y qué consecuencias tuvo nuestra respuesta.

Qué dice la neurociencia sobre las decisiones inconscientes

¿Y si el cerebro empieza a preparar una acción antes de que sintamos que hemos decidido hacerla? Esa pregunta dio lugar a dos experimentos conocidos, los cuales te explicamos a continuación:

Estudio ¿Qué observaron?
Benjamin Libet y su equipo (1983) Al pedir a los participantes que movieran la mano cuando quisieran, registraron actividad cerebral previa al momento en que decían haber sentido la intención de moverse.
Chun Siong Soon, John-Dylan Haynes y sus colaboradores (2008) En una elección entre pulsar un botón con la mano izquierda o la derecha, detectaron señales cerebrales que permitían anticipar la respuesta antes de que los participantes fueran conscientes de elegirla.

Estos resultados muestran que parte de la actividad relacionada con una elección puede preceder a nuestra percepción consciente de ella.

Su alcance, sin embargo, es concreto, ya que se estudiaron movimientos y elecciones simples, y anticipar una respuesta no significa predecirla siempre. Es decir, elegir entre dos botones está lejos de decidir si dejamos un trabajo o cómo cuidamos una relación.

¿Somos realmente dueños de nuestras decisiones?

Los experimentos anteriores abren una pregunta sobre el libre albedrío, pero no la resuelven. Que el cerebro prepare una acción antes de que la advirtamos no demuestra que todas nuestras decisiones importantes estén fijadas de antemano.

Incluso la interpretación de esa actividad previa sigue en estudio. Aaron Schurger y sus colaboradores propusieron una explicación alternativa para la señal observada antes de movimientos espontáneos.

En la vida diaria, quizá reconoces el impulso de decir «sí» para evitar un conflicto. Puede que otras veces lo hayas hecho sin pensarlo. Hoy puedes detenerte, pedir tiempo y revisar qué necesitas y deseas en realidad.

Tomar conciencia no nos da control absoluto, pero puede abrir espacio para aprender, modificar un hábito y responder de una manera más acorde con nuestros valores y circunstancias.

El lugar de la coherencia en nuestras decisiones

Una decisión coherente puede incluir deseos que se dirigen en direcciones distintas. Para aclararte, pon sobre la mesa estas cuatro piezas que te servirán de autoindagación:

  • Lo que piensas: «Esta oportunidad puede abrirme puertas».
  • Lo que sientes: ilusión, miedo o ambas cosas.
  • Lo que necesitas: ingresos, aprendizaje, descanso o tiempo para tus vínculos.
  • Lo que harías: aceptar, negociar las condiciones o dejar pasar la oferta.

La coherencia emocional implica reconocer lo que piensas y sientes, y procurar que tus acciones sean congruentes con ello, teniendo en cuenta tus necesidades y posibilidades reales. No exige eliminar las dudas, sino escucharlas para comprender qué es importante para ti.

Si después cambias de opinión, puedes revisar qué aprendiste y decidir el siguiente paso, sin convertir una elección pasada en motivo de culpa.

Infografía Decisiones conscientes

¿Qué factores influyen en nuestras decisiones?

Decidimos con información y recursos limitados, en un momento concreto de nuestra vida. Veámoslo con el siguiente ejemplo: Una misma oferta de trabajo puede parecernos una oportunidad un día y una amenaza al siguiente.

La elección depende de lo que ofrece el puesto, pero también de nuestro cansancio, experiencias anteriores, necesidades económicas y temor a perder lo que ya tenemos. Algunos factores pueden pasar inadvertidos, como por ejemplo:

Factor Cómo puede influir
Hábitos y experiencias pasadas Repetimos una respuesta que antes nos ayudó, aunque hoy la situación sea distinta.
Emociones y recompensas El entusiasmo nos acerca a una opción; el alivio inmediato puede llevarnos a posponer una conversación necesaria.
Presión social Elegimos lo que se espera de nosotros para evitar críticas o sentir que pertenecemos.
Sesgos y aversión a la pérdida Prestamos más atención a lo que podríamos perder que a lo que podríamos ganar.

Las emociones forman parte de la toma de decisiones y no son una interferencia que debamos eliminar.

La Bioneuroemoción es un método psicoeducativo que propone explorar cómo nuestras creencias, experiencias y aprendizajes influyen en la interpretación de lo que vivimos.

A través de la autoindagación, podemos reconocer patrones de respuesta y considerar nuevas maneras de actuar.

Las decisiones que tomamos dependen de nuestro nivel de conciencia

Tomar conciencia puede empezar con una observación sencilla: «Cada vez que recibo una crítica, quiero abandonar el proyecto». Quizá después descubres que interpretas esa crítica como una prueba de que no eres capaz.

Reconocer la reacción te permite preguntar qué ocurrió realmente, escuchar lo que sientes y decidir si quieres continuar, pedir orientación o cambiar de rumbo.

Ser más consciente amplía el margen de respuesta, sin eliminar por completo las dificultades. Es decir, una persona puede identificar con claridad lo que necesita y aun así carecer de dinero, apoyo o condiciones para actuar de inmediato.

Responsabilizarse, en ese caso, puede consistir en buscar recursos, protegerse o dar un paso pequeño. No hay culpa en tener opciones limitadas.

«Que tus decisiones reflejen tus esperanzas, no tus temores.»

Nelson Mandela

Automatismos, hábitos y sesgos que pueden pasar desapercibidos

A veces buscamos opiniones que confirmen que nuestra decisión fue acertada y evitamos las que la cuestionan: es el sesgo de confirmación.

En otras ocasiones seguimos pagando una suscripción que no usamos «porque ya hemos invertido mucho», lo cual es una forma de razonar ligada al coste hundido. Estos fenómenos se han estudiado en psicología de la decisión.

También podemos permanecer en un empleo porque nos resulta familiar, sin revisar si sigue respondiendo a nuestras necesidades, o hacer una compra impulsiva buscando aliviar el malestar de un día difícil.

Estas situaciones pueden invitarnos a hacer una pausa y explorar cómo responder con mayor coherencia emocional: Si hoy partiera de cero, ¿volvería a escoger esto? ¿Qué necesidad intento atender con esta elección?

Ejemplos de decisiones inconscientes en la vida cotidiana

Los siguientes ejemplos invitan a hacerse preguntas de autoobservación, sin dar por hecho que exista una única explicación.

  • Eliges parejas con quienes te cuesta expresar tus necesidades. Quizá esa forma de relacionarte te resulta familiar. ¿Qué te atrae de cada vínculo? ¿Qué sucede cuando intentas decir lo que necesitas?
  • Pospones una oportunidad laboral que deseas. Puede influir el miedo a equivocarte o a perder estabilidad. ¿Qué creencias o aprendizajes podrían estar influyendo en esa espera?
  • Comes sin hambre o compras algo que no planeabas. Tal vez buscas un momento de alivio, disfrute o descanso. ¿Es un hecho aislado o una respuesta que se repite? ¿Qué interpretación le das a esa urgencia?
  • Respondes a un conflicto callando o atacando. Puede ser una reacción aprendida que en otro momento te ayudó a protegerte. ¿Qué interpretaste como una amenaza? ¿Qué otra interpretación podrías considerar ahora?

Desde la autoindagación, observar estas escenas permite ir más allá de «siempre hago lo mismo». Quizá descubras un patrón, aprendizaje o creencia que no habías notado anteriormente.

Nuestras decisiones influyen en nuestra vida, pero no explican todo lo que nos ocurre

Decidimos continuamente, bien sea para aceptar una propuesta, expresar un desacuerdo, sostener una costumbre o dejar una conversación para otro momento. Incluso cuando no actuamos, puede haber algo que observar: quizá necesitamos tiempo o sentimos que no tenemos otra opción.

Ahora bien, nuestra vida no es únicamente el resultado de nuestras decisiones. La situación económica, la salud, las responsabilidades familiares, las oportunidades disponibles y las acciones de otras personas también condicionan lo que podemos hacer.

Reconocer nuestra parte de responsabilidad sirve para descubrir dónde existe margen de acción, no para culparnos por circunstancias que no elegimos. Así pues, para observar tus elecciones sin juzgarte, puedes preguntarte:

  • En el trabajo: ¿qué me llevó a aceptar o mantener esta situación? ¿Qué posibilidades reales tengo hoy y cuál podría empezar a construir?
  • En la pareja: ¿qué necesito en esta relación? ¿Lo he expresado con claridad o espero que la otra persona lo adivine?
  • En mis hábitos: ¿qué ocurre justo antes de repetir una conducta que quiero cambiar? ¿Qué alivio o recompensa encuentro en ella?
  • En mis relaciones: ¿cuándo digo que sí aunque quisiera decir que no? ¿Qué temo que suceda si marco un límite?

Estas preguntas pueden ayudarte a distinguir entre lo que depende de ti, lo que requiere la colaboración de otros y aquello que, por ahora, debes afrontar con los recursos que tienes.

Cómo reconocer patrones inconscientes y elegir con más conciencia

Un patrón no siempre se presenta como una gran decisión, ya que puede aparecer en una escena cotidiana. Por ejemplo, recibes una crítica, sientes que te atacan y respondes a la defensiva, o alguien tarda en contestarte y das por hecho que está molesto.

Si una reacción se repite y después te preguntas «¿por qué volví a hacer lo mismo?», prueba a reconstruir lo sucedido. El propósito es abrir un espacio entre lo que ocurre y tu respuesta, aunque al principio sea breve:

  1. Haz una pausa. Antes de responder, observa qué sucede en tu cuerpo y date unos segundos si la situación lo permite.
  2. Ponle nombre a la emoción. ¿Es miedo, vergüenza, enfado, tristeza? Nombrarla puede ayudarte a precisar lo que estás viviendo.
  3. Identifica el desencadenante. ¿Qué pasó exactamente? Separa el hecho, «no respondió a mi mensaje», de tu interpretación, «ya no le importo».
  4. Pregúntate qué necesitas. ¿Buscas seguridad, descanso, reconocimiento, cercanía o sentir que tienes el control? La respuesta puede ser distinta de la que imaginaste al principio.
  5. Contrasta tu interpretación. ¿Qué sabes con certeza? ¿Qué otras explicaciones son posibles? Si corresponde, ¿puedes preguntarlo directamente?
  6. Valora alternativas. Tal vez puedas expresar lo que necesitas, esperar antes de contestar, poner un límite o pedir ayuda. Elige una acción posible para esta situación concreta.

Este ejercicio no pretende explicar por sí solo el origen de una conducta.

Por tanto, si un patrón te causa malestar persistente, está relacionado con una experiencia traumática o sientes que no puedes controlar tu reacción, buscar apoyo profesional puede ayudarte a comprender lo que ocurre y recibir acompañamiento adecuado.

La Bioneuroemoción y la toma de decisiones consciente

La Bioneuroemoción propone explorar sin juzgarnos cómo nuestras experiencias y creencias pueden influir en la forma de interpretar una situación y en las elecciones que hacemos.

Desde esta perspectiva, una pregunta como «¿qué temo que ocurra si expreso mi desacuerdo?» puede ayudarte a explorar las creencias y los aprendizajes que influyen en tu forma de relacionarte.

Eso sí, una asociación que descubramos al reflexionar no demuestra, por sí sola, la causa de un problema, ni permite hacer un diagnóstico. Por eso, conviene mantener la curiosidad y evitar conclusiones apresuradas sobre uno mismo o sobre los demás.

Quizá no puedas cambiar lo que ocurrió ni garantizar el resultado de tu próxima elección. Pero cuando identificas una respuesta que ya no te ayuda, puedes detenerte, buscar apoyo si lo necesitas y considerar otra manera de actuar.

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Preguntas frecuentes

¿Cuáles son ejemplos de actos inconscientes?

Conducir por la ruta de siempre sin pensarlo, revisar el móvil en cuanto tienes un momento libre o picar entre horas mientras haces otra cosa son algunos ejemplos cotidianos. También puede ocurrir al reaccionar con irritación ante una interrupción, elegir siempre lo conocido o interpretar una mirada seria como desaprobación.

¿Cuáles son las 4 leyes del inconsciente?

Depende de la corriente que utilice esa expresión. En autoayuda y en algunas propuestas terapéuticas se presentan listas distintas bajo ese nombre. La investigación psicológica y neurológica estudia procesos como la atención, la memoria, los hábitos y la toma de decisiones, pero no establece cuatro leyes universales del inconsciente.

¿Cuáles son algunos ejemplos de sesgos inconscientes?

El sesgo de confirmación aparece cuando prestas más atención a lo que apoya una idea que ya tenías. El sesgo de disponibilidad puede llevarte a creer que algo es muy frecuente porque recuerdas fácilmente un caso reciente.

Con el efecto halo, una cualidad positiva de alguien influye en cómo valoras otras facetas suyas. También podemos preferir lo conocido solo por resultarnos familiar o caer en el sesgo del coste hundido: seguir con un proyecto que ya no conviene porque hemos invertido mucho en él.

¿Las decisiones inconscientes significan que no tenemos libre albedrío?

No necesariamente. Sabemos que los hábitos y otros procesos automáticos influyen en lo que hacemos antes de que seamos plenamente conscientes de ello. Sin embargo, esa evidencia no demuestra por sí sola que todas nuestras elecciones estén predeterminadas.

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Referencias

Fuentes consultadas para escribir el post

  • https://doi.org/10.1146/annurev-psych-122414-033417 
  • https://doi.org/10.1093/brain/106.3.623 
  • https://doi.org/10.1038/nn.2112 
  • https://doi.org/10.1073/pnas.1210467109 
  • https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010213-115043 

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