Bullying: Las dos caras del miedo

07 Mayo 2018 - Relaciones interpersonales
Bullying: Las dos caras del miedo
El «bullying» es un asunto que pone de manifiesto parte de la sombra de nuestra sociedad. Normalmente lo vemos como ajeno, como algo que sucede fuera de nosotros, señalamos como único culpable/responsable al acosador, pero… qué dice de nosotros como sociedad este problema, qué parte de la víctima está mostrando esta situación, y como padres, ¿qué podemos hacer de otra manera?


Como concepto, el bullying es una palabra de origen anglosajón que resume una situación de maltrato físico y/o psicológico que un niño recibe de forma continuada por parte de una o varias personas de su entorno académico o social, normalmente de la misma edad o un poco mayores. Normalmente implica una reiteración de agresiones que desembocan en la exclusión social del individuo. Este maltrato establece una relación entre víctima-victimario en la cual el primero suele sufrir graves consecuencias psicológicas como resultado de la incapacidad para gestionar la situación a nivel emocional.

A día de hoy, se reconocen diferentes tipos de bullying pero muy a menudo aparecen de forma simultánea:

  • Físico: Zancadillas, patadas, empujones e incluso agresiones con objetos. Normalmente son más habituales en la educación primaria que en la secundaria pero cuando se producen en esta última suelen revestir mayor gravedad.
  • Verbal: Motes, amenazas, humillaciones públicas, referencia a los defectos físicos, etc. El acosado va sintiéndose cada vez menos adecuado y más avergonzado de sí mismo y de su imagen.
  • Social: Es un tipo de conducta que tiene como objetivo aislar al niño del resto del grupo.

En todo caso, el resultado para el niño que experimenta esta situación es parecido en todos los casos, incluso en el ciberbullying, el acoso por redes sociales, fenómeno que ha aparecido en los últimos años.

¿Qué pasa por la mente de la víctima?

Algo que suele suceder es que el niño no quiere pedir ayuda, se siente incapaz o se avergüenza de no poder gestionarlo por sí mismo. A partir de los 7, 8 años, el niño entra en una fase de su desarrollo en la cual necesita encontrarse a sí mismo, crear una identidad diferenciada de sus padres. Esta necesidad se acentúa a partir de los 12 años, cuando entra en la pubertad y ha de encontrar un lugar en su contexto social. Por esta razón el impulso inconsciente del niño es gestionarlo por sí mismo, o mejor dicho, no incluir a sus padres en este proceso. Necesita sentirse adulto y se siente incapaz de serlo.

A los 12 años, el niño debería de tener consolidada una personalidad que le permita relacionarse con los demás de forma más o menos efectiva. Si no es así, será el entorno el que le muestre qué parte de él ha de desarrollar y normalmente lo hará en forma de enemigo.

El desarrollo de la psique se produce mediante la interacción social en nuestro entorno. Como dice Goethe “nuestros amigos nos enseñan lo que podemos hacer, nuestros enemigos lo que debemos hacer.”

Pongámonos en la piel del acosador: 

¿Qué le mueve a realizar esas acciones? Normalmente el miedo, el mismo miedo a ser excluido, a no formar parte de un grupo o a perder un liderazgo, lo que acostumbra a ser el único reconocimiento que experimenta por parte del grupo. Eso le hace sentirse bien y especial.

Por otra parte, resulta curioso observar como las víctimas de bullying suelen presentar un perfil de liderazgo en la sombra. Es decir, se puede observar habitualmente una gran cantidad de personas que, tras haber vivido experiencias de bullying en su infancia, suelen ser personas de gran éxito en sus vidas profesionales cuando crecen. En un nivel primitivo, de relaciones muy básicas, el niño que realiza el maltrato es consciente de la personalidad y la fuerza del otro niño y eso le lleva a atacarlo con la finalidad de no sentirse él excluido

En la gestión de este tipo de conflictos se suele actuar respecto a estos niños de la misma forma que ellos actúan, con dureza respecto al victimario y con empatía y comprensión hacia la víctima. Esto no significa que debamos actuar con dureza respecto a la víctima ni con condescendencia respecto al acosador, lo que significa es que los dos necesitan comprensión y empatía en un punto determinado y los dos necesitan disciplina y límites, energías que conllevan acciones contundentes, no desde la crueldad sino desde la asertividad y la resolución.

Dos energías que se complementan:

Observemos por un momento las características más comunes que diferencian a la víctima y del victimario. Como siempre, en el universo todo tiende al equilibrio, por lo que cada uno ha de aprender algo muy valioso del otro. Quizás la falta de empatía del victimario le sirva a la víctima para poder actuar con más resolución en muchos casos y no tener que ponerse tanto en el lugar de los demás antes de tomar una decisión. Esta es una forma efectiva de reafirmar la personalidad del niño y convertirse en un individuo alejado de las necesidades constantes de sus padres o algunos de sus amigos.

En el caso del acosador, ¿no estará mostrando quizás su miedo a empatizar con los demás?, ¿su incapacidad para gestionar relaciones de un modo más profundo y adulto?

Aquel de los dos (víctima y victimario) que esté dispuesto a ponerse en el lugar de su “enemigo” habrá dado un paso de gigante en su proceso de crecimiento. 

Como padres, docentes o personas que se ven inmersas en un caso de acoso escolar, debemos tener claro que nuestro posicionamiento será clave para llevar la situación hacia una u otra dirección. En una sociedad adulta y construida desde los cimientos de la solidaridad y que se preocupa de verdad por el estado emocional de sus individuos se generarán proyectos para tratar de evitar este tipo de situaciones, como es el caso de Finlandia con el método Kiva. Un método que pone en el foco de atención a los observadores del Bullying, es decir, a los alumnos que de algún modo fomentan o hacen caso omiso a cualquier acto de acoso. Esto quiere decir que la situación no es solo responsabilidad de dos personas, en cualquier situación de conflicto que vivamos, todos tenemos algo que ver y nuestra reacción hablará también de nosotros. El compromiso con una sociedad mejor empieza por la implicación de todos sus componentes, los niños enfrentados en este conflicto están reflejando parte de la sombra colectiva y su problema es una oportunidad para dividirnos del todo o unirnos más como colectivo 

 

“La violencia engendra violencia. Los actos de violencia cometidos en la "justicia", en la afirmación de "derechos" o en defensa de la "paz" no acaban con la violencia. Ellos preparan y justifican su continuación.”

Wendell Berry

 



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