Hablar de los demás: el poder de los juicios

29 noviembre 2022

Hablar de los demás y hacer juicios es una práctica habitual. A veces lo llamamos opinar, otras directamente criticar. Nos basta un comentario o una acción que consideramos inapropiada para manifestar nuestra forma de pensar.

En este artículo, reflexionamos sobre los juicios que hacemos, cómo manifestamos nuestra forma de pensar y cómo lo que decimos habla de nosotros, más que del otro.

 

La integración de las polaridades nos permite experimentar otra realidad, que no está definida por nuestro posicionamiento y, por tanto, que está libre de juicios y de culpabilidad

 

En este video reflexionamos sobre cómo reaccionamos a la opinión de los demás y también qué información aportan nuestras opiniones sobre nosotros. 

 

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¿Qué es un juicio?

 

Según la Real Academia Española un juicio es una opinión razonada que alguien se forma sobre una persona o una cosa. Pero realmente, ¿todos nuestros juicios son razonados? ¿Conocemos en profundidad a la otra persona, qué le motiva y qué necesita realmente? Y, lo más importante, ¿en qué me baso y con qué intención la estoy juzgando?

 

Tipos de juicios

 

Además de los pertenecientes al Tribunal de Justicia (penales, civiles, orales y administrativos), tenemos los juicios de valor, presentes en nuestra vida cotidiana.

Cuando realizamos una valoración o crítica, nos basamos en unos determinados criterios, normas o modelos, al igual que en nuestra cultura y experiencia. Por lo tanto, implica una valoración basada en nuestro sistema de valores y creencias. Se caracteriza por ser  subjetiva y con frecuencia dicotómica, por ejemplo: bueno – malo.

 

El poder de los juicios Bueno Malo

 

La connotación negativa del juicio

 

El hecho de juzgar, es tan antiguo como la humanidad misma y está presente en todas las culturas. Siempre se ha considerado malo, porque alberga una connotación negativa: la maledicencia

El término maledicencia se relaciona con la acción o hábito de hablar en perjuicio de otra persona, y señalan la envidia como una de las causas principales de esta actitud.

 

“De la envidia nace el odio, la maledicencia, la calumnia, el chisme y la alegría causada por el mal del prójimo”.

 Jorge Luis Alcázar del Castillo

 

Las siguientes frases de sabiduría ancestral nos muestran que el acto de juzgar es muy antiguo y, al mismo tiempo, que la reflexión sobre sus motivaciones y consecuencias está presente en todas las tradiciones:

 

“Guarda tu lengua del mal y tus labios de decir mentira; apártate del mal y haz el bien, busca la paz y anda tras ella” (Torá, Tehilim 34,13-15).

 

“El sabio refrena su lengua, sólo el necio dice cuanto sabe y la consecuencia es dolor y dificultades” (Proverbios 9:14).

 

¿Todos los juicios son malos?

 

Al hacernos esta pregunta, surge la paradoja del juicio: “Si digo que juzgar es malo, estoy haciendo un juicio”.

Lo cierto es que el acto de juzgar no es perjudicial o negativo en sí mismo. Lo importante es la intención con la que emitimos un juicio acerca de algo o de alguien. 

El problema, es que en muchas ocasiones juzgamos de manera automática y no sabemos por qué lo hacemos realmente. Y, aunque consideremos que no debemos hacerlo, es inevitable pensar “mal” o juzgar inconscientemente, por lo tanto ¿qué aspecto positivo tiene juzgar?

 

¿Para qué sirve un juicio?

 

Además de para hacer daño, nuestros juicios pueden ser una herramienta muy útil para indagar en nuestro interior y descubrir de dónde proceden y a qué se deben. ¿Qué vemos en el prójimo que nos desagrada? ¿Qué proyectamos de nosotros en él?

Lo que vemos y lo que vivimos está sujeto a la interpretación de programas que realiza nuestro inconsciente. No tenemos conciencia de que nuestros juicios son proyecciones del inconsciente que se expresan a nivel consciente.

 

Cómo usar los juicios de una manera beneficiosa 

 

Un ejemplo simple podría ser cuando un niño juzga a otro como “enano” por tener una altura más baja que la de él, aunque esté dentro de la normalidad. ¿A qué se debe? Puede deberse a un complejo de inferioridad, baja autoestima o deseo de inserción en un grupo

A través de este juicio, se puede indagar para identificar las necesidades  del niño. ¿Qué consigue juzgando al otro, que carencia motiva su acción? De este modo, podremos ajustar nuestras intervenciones y ayudarle a fortalecer sus habilidades sociales y emocionales.

 

 

Del mismo modo, si observamos lo que decimos acerca de los demás con una mente inocente, podemos descubrir aspectos propios de los que no éramos conscientes

 

Diálogo de Platón: Los tres filtros

 

En ocasiones juzgamos por juzgar, sin reflexionar en la verdad, que es relativa, en la bondad de nuestra acción o la necesidad de nuestro juicio. 

En el siguiente diálogo, Sócrates se  revela una vez más como una fuente de enseñanza y nos recuerda la atención que debemos poner en nuestras palabras.

 

Un joven discípulo de Sócrates llega a casa de éste y le dice:

Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…

¡Espera! –lo interrumpe Sócrates- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

¿Las tres rejas?

– Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

– No. Lo oí comentar a unos vecinos.

– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?

– No, en realidad, no. Al contrario…

– ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

– A decir verdad, no.

– Entonces –dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

 

La Bioneuroemoción y los juicios

 

Desde la Bioneuroemoción, se sostiene que lo que vivimos refleja diversos aspectos de nuestros juicios y que toda opinión parte de una interpretación que nos habla de nuestra historia personal.

Es inevitable juzgar, pero podemos decidir qué hacer: ignorar o rechazar la experiencia o entrar a explorarla. Además, antes de expresar una opinión no solicitada, podemos detenernos un momento y preguntarnos: ¿Es verdad? ¿Es bueno para alguien? ¿Es necesario?

 

El poder de los juicios ???

Cuando dejamos de interesarnos en las vidas ajenas y nos preocupamos más por la nuestra, podemos dedicarnos a mejorar y corregir nuestros defectos. Nos ahorramos así envidias, sufrimientos y rencores. Nos liberamos de los juicios.

La mente que no juzga es una mente libre de culpa, una mente inocente. Al comprender las situaciones que nos generan tensión, nos liberamos de las emociones que nos atan al conflicto y abrimos la mente hacia otras perspectivas. Integramos todas las polaridades y nos internamos en la conciencia de unidad.

 

 

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