El reloj emocional: viaje a través del tiempo para transformar quiénes somos

08 agosto 2023

¿Por qué hay horas que parecen minutos y minutos que parecen horas? ¿Cuánto influyen nuestras emociones en nuestra percepción sobre el paso del tiempo?

Nuestras vivencias se guardan en nuestra mente y perduran a través del paso de los años. Aunque al pasado no lo podemos recuperar, sí podemos aprovechar los conflictos del presente para volver atrás y abordar con una nueva conciencia los recuerdos que nos han marcado. Así, se podrán convertir en una oportunidad de crecimiento en nuestro presente.

En este artículo, exploramos tres argumentos que muestran la inseparable relación entre el tiempo y las emociones. A medida que desvelamos esta fascinante interconexión, surge una pregunta fundamental: ¿Cómo podemos aprovechar esta sinergia para asumir el control de nuestras vivencias y ser arquitectos conscientes de la transformación que deseamos en nuestra vida?

 

Los temas pendientes nos mantienen en un tiempo pasado

¿Alguna vez has experimentado cómo una simple tarea pendiente puede adueñarse de tu mente, generando procrastinación, culpa o una sensación de presión constante?

La psicóloga y psiquiatra soviética Bluma Zeigarnik demostró la relación de la memoria con las tareas inconclusas. Analizó las circunstancias por las que un camarero era capaz de recordar listas de incluso 20 ítems y olvidarlas inmediatamente tras haber realizado su tarea.

Nuestra tendencia a recordar más fácilmente tareas o situaciones inconclusas en comparación con aquellas que han sido completadas se conoce como «Efecto Zeigarnik» y si lo aplicamos a nuestra forma de gestionar las situaciones que experimentamos, nos lleva a la siguiente conclusión:

 

Todo aquello que no hemos finalizado y que no hemos sabido “solucionar” sigue ocupando un espacio en nuestra memoria y se manifiesta en nuestro presente. Y esto es independiente del momento en que se generó.

 

Ser conscientes de este principio nos permite transformar nuestras tareas inconclusas en impulsores de logros.

Comprender y aplicar el efecto Zeigarnik en nuestra vida cotidiana nos ayuda a mejorar la memoria, aumentar la motivación, optimizar la gestión del tiempo y reducir el nivel de estrés.  En resumen, contribuye a lograr un mayor bienestar y éxito en nuestras actividades diarias.

 

 

Las emociones no desaparecen

Una emoción es parecida a una máquina del tiempo. Es el elemento que nos permite viajar al pasado y revivir una experiencia como si estuviera ocurriendo en el presente.

Con cada una de estas experiencias vamos confeccionando nuestra memoria debido a que recordamos principalmente lo que nos emociona. Esta construcción, a su vez, determina cómo interpretamos las experiencias que nos ocurren en el ahora.

 

“Vivimos en hechos, no en años; en pensamientos, no en respiraciones; en sentimientos, no en las cifras de un dial. Debemos contar el tiempo por los latidos del corazón.”

Philip James Bailey

 

Interpretamos igual que recordamos

Cuando estamos ante una situación que para nosotros es parecida a otras anteriores que fueron desagradables o aversivas, nuestra tendencia es reaccionar emocionalmente de la misma forma.

Por ejemplo, si en la infancia nos intimidaba la mirada severa de nuestro padre al corregirnos, cada vez que un jefe nos mira de una forma parecida, nos sentimos intimidados como ese niño asustado que fuimos.

Nuestro inconsciente graba todos los detalles y estímulos sensoriales como mecanismo biológico básico de supervivencia. En consecuencia, podemos decir que, lo que denominamos presente, constituye una vivencia derivada de nuestras experiencias pasadas.

 

 

Este impacto emocional genera un recuerdo y más adelante, en un entorno con características similares a la de ese momento, se activa una señal de alerta en nuestro interior. Por eso a veces podemos sentir que se nos repiten las mismas situaciones.

Siguiendo el ejemplo, si siento una preocupación desmedida cuando mi jefe me reclama un trabajo pendiente, puedo estar reviviendo un momento de mi infancia en el que mi padre se enfadó conmigo porque no terminaba mis tareas escolares.

 

Reinterpretar lo que recordamos

La emoción similar que sentimos en el presente es como un eco de aquello que nos impactó. Esta información es muy valiosa ya que nos da la posibilidad de viajar mentalmente al pasado y reinterpretar los recuerdos desagradables cambiando la percepción sobre ellos.

Cuando cambiamos la emoción asociada a una experiencia, no solamente transformamos dicha experiencia, sino también las experiencias parecidas del presente y las que están por venir.

Esto nos puede ayudar a liberarnos del pasado y proyectar un nuevo futuro al que, más tarde, llamaremos presente.

 

 

El tiempo es una experiencia mental

A veces sentimos un minuto como si fueran horas u horas como si fueran un minuto. Esto nos muestra que, en realidad, se trata de una experiencia mental.

Podemos, por ejemplo, estar en un evento familiar donde estamos incómodos y que el día nos pase como si fuesen varios, o irnos de vacaciones un mes y que nos parezca una semana.

Podemos percibir el tiempo porque percibimos cambio y este viene determinado por nuestra percepción. A su vez, ésta surge de nuestra información inconsciente.

Esto significa que cada instante lo percibimos según nuestras creencias y valores.

 

 

Las creencias perduran en el tiempo

Nuestras creencias condicionan nuestra forma de ver el mundo y nuestras experiencias en el presente. En tal sentido, la vida se nos puede manifestar de muchas maneras y todas ellas tienen que ver con nosotros.

En la medida en que empecemos a cuestionar nuestras creencias y valores, estaremos ampliando nuestra conciencia y, con ella, podremos desarrollar una vida más acorde a lo que deseamos.

Por ejemplo, mis padres agachaban la cabeza cuando en mi infancia yo sacaba malas notas, con lo que desarrollé la creencia de que “no sirvo para los estudios” y en mi edad adulta no me animo a estudiar una carrera aunque me apasiona. Tal vez ellos simplemente estaban preocupados porque sabían de mi potencial, no porque dudaban de mí.

Ahora, en mi presente puedo tomar la decisión de modificar esa conclusión que había sacado de niño. El pasado no lo podemos cambiar, pero sí podemos volver a interpretarlo.

 

Liberarnos del pasado desde la comprensión

Rechazar una emoción o juzgarla no nos va a ayudar a que desaparezca. Todas tienen un sentido biológico y una función en el momento en que las sentimos, algo que nos han venido a mostrar.

Paul Ekman, en su libro El rostro de las emociones afirma que “juzgamos lo que ocurre para que resulte coherente con la emoción que sentimos y así poder justificarla y mantenerla”.

Posicionarnos en exceso a favor o en contra de algo es lo que nos lleva al desequilibrio.

 

Con las emociones podemos crear un nuevo presente

El tiempo, a través de nuestras experiencias del presente, nos brinda la oportunidad de reescribir los recuerdos dolorosos y trascenderlos, para dejar de proyectarlos en nuestro futuro.

Así, podremos transformar nuestros juicios pasados en nuevas lecciones, comprendiendo que nuestras decisiones, aunque arraigadas en la memoria, se materializan en el presente para poder decidir quién queremos ser a partir de ahora.

Todos poseemos el asombroso poder de tejer una realidad renovada a partir de los hilos de nuestras experiencias. En este diálogo consciente entre el ayer y el hoy, somos los alquimistas de nuestra propia evolución, abriendo un camino hacia un destino que creamos con cada decisión, cada paso y cada latido de nuestro corazón.

 

Si quieres seguir profundizando sobre este tema, puedes acceder a este material en nuestro canal de Spotify y de Youtube:

 

En este podcast, Enric nos da pautas para aprovechar las circunstancias de nuestra vida para tomar conciencia de qué experiencias del pasado y creencias inconscientes nos siguen afectando a día de hoy.

 

En este vídeo, Enric nos explica cómo influyen nuestros pensamientos y nuestro estado emocional en nuestra forma subjetiva de vivir en el tiempo y la importancia del no juicio y vivir en el presente.

 

 

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Diplomado en Bioneuroemoción®

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