Desde hace miles de años, los seres humanos miramos al cielo, al mar o al interior de nuestras propias dudas buscando una explicación. Hoy, los avances científicos ofrecen respuestas a muchas preguntas. Sin embargo, para Bernardo Souvirón —historiador, helenista y divulgador— los mitos siguen siendo una vía esencial para comprender la existencia y transformarla.
En esta extensa conversación con David Corbera y Sara Pallarès, en el pódcast Destellos de Sabiduría, los tres exploran cómo el mito atraviesa nuestra vida cotidiana, organiza nuestra cultura, moldea la educación, explica el conflicto y sostiene el sentido que buscamos. Una mirada que resuena profundamente con el paradigma de la Bioneuroemoción, donde la interpretación de la experiencia es clave para la comprensión emocional, el autoconocimiento y la toma de decisiones conscientes.
Para Souvirón, el mito surge como una respuesta a lo que no podemos comprender racionalmente. “El mito interpreta la realidad. Es en el fondo lo mismo que hace la religión y lo mismo que hace la ciencia. La ciencia intenta explicarnos el mundo en el que vivimos. Y el mito también”, afirma.
David apunta cómo sorprende esa coincidencia entre mito y realidad, y Bernardo insiste en la humildad frente al pasado: “Tenemos una cierta arrogancia, creemos que sabemos más que nadie y que las cosas ya están explicadas y resueltas. Y lo que demuestra el estudio de la historia es que nuestras interpretaciones nos ruborizarían dentro de unos cuantos años”.
Los mitos no son fantasías alejadas de la experiencia. “Un mito es una intervención de la imaginación humana en relación con los hechos de la experiencia cotidiana… Cuando uno es incapaz de interpretar con la razón un hecho, imagina esa interpretación”, afirma el historiador.
Aquí enlaza con el modo en que —también hoy— la mente humana fabrica explicaciones para calmar lo que teme o no entiende.

Como un niño que necesita una historia para relajarse durante una tormenta, los mitos calman y orientan. David lo resume como la capacidad de visualizar lo que de otro modo generaría angustia.
Souvirón completa: “Cuando miramos al cielo por la noche y vemos las estrellas, ahí estamos viendo a Orión, las Pléyades. Los mitos siguen estando en nuestra cultura. Están engarzados en la vida cotidiana.”
Si el mundo es misterio, el mito es un mapa emocional para atravesarlo. Ese es su gran poder.
Sara introduce una reflexión que nace de su propia biografía: las heridas y exclusiones ligadas al ser mujer. Reconoce su intuición de que hubo tiempos donde el poder femenino era central y que luego fue reprimido.
Souvirón lo contextualiza en la historia de civilizaciones como la minoica: “Afrodita es la Ishtar de Mesopotamia, la Astarté fenicia. Lo que hay es un proceso de cómo esas diosas se convierten en otras figuras. Esas religiones reflejan el poder simbólico de la mujer.”
La lectura simbólica abre la comprensión de cómo las creencias se convierten en cultura y en mandatos, aquello que la Bioneuroemoción observa cómo lealtades emocionales heredadas.
“Siempre he sentido que hombre y mujer somos uno, pero hubo un momento de la historia donde se cambió: el hombre subordinó a la mujer”, analiza Sara. Para Bernardo, el mito muestra esa transición: “Está lleno de referencias de cómo la mujer fue subordinada.”
Comprenderlo no es dividir: es integrar el pasado para poder resignificarlo.

David trae a la conversación el tema de la violencia y nuestra naturaleza biológica. Bernardo distingue entre la violencia natural y aquella organizada por el sistema: “Lo que no hay en Creta es esa violencia organizada con fines de conquista, de conseguir esclavos, de aumentar tu patrimonio.”
No se trata de idealizar, sino de reconocer otras maneras posibles de convivir.
Incluso, en tiempos más bélicos, la historia contiene mensajes que invitan a detenernos y pensar: “En el Senado romano, cuando llegaba la puesta de sol, se acababa la sesión. Nos vamos a casa y mañana volvemos. Ya hemos dormido, hemos reflexionado.”
David y Sara coinciden en el valor simbólico de este ejemplo: el conflicto puede pausar, abrir preguntas, generar catarsis.
Como dice Souvirón sobre los trágicos griegos: “El héroe sufre para que la comunidad salga adelante”. El sufrimiento señala el camino hacia más conciencia: autoconocimiento.
David abre una reflexión: a veces, aquello que vivimos como conflicto es una invitación a mirarnos de otra manera. Los griegos lo sabían bien: en el teatro, el héroe sufría para despertar conciencia en la comunidad.
Souvirón lo explica con el mito de Edipo: “Edipo se presenta al comienzo de la obra como el médico sanador de la ciudad. Él va a sanar la ciudad. Él va a encontrar al que mató al rey Layo. Y es él. Y lo sabe todo el mundo, menos él.”
La tragedia aparece cuando la identidad se confunde con el personaje que creemos ser.
Sara comenta que, muchas veces, el dolor nos señala aquello que no estamos viendo de nosotros mismos. Bernardo coincide: “El héroe trágico, cada vez se aísla más. Y la gente está viendo el drama y lo conoce.”
Los demás ven lo que nos cuesta aceptar. Como plantea la Bioneuroemoción, cuando la realidad nos contradice, no es un castigo: es una oportunidad para actualizar el relato desde el que vivimos.
“Cuando el ciego Tiresias aparece y le dice a Edipo: ‘Eres tú el responsable’ y él lo mira como diciendo: ‘Eres un ciego que no ve nada’”: en esa ironía —un ciego que ve la verdad antes que el rey— late una enseñanza profunda: Ver no siempre implica comprender.
David lo destaca así: “Entender parte de tu experiencia es lo que permite la catarsis”. Y, al comprender, la identidad puede transformarse.
Lo que antes parecía destino inevitable se vuelve elección consciente, origen de un propósito más auténtico. Como sugiere Sara: “El momento en que dejamos de huir de nuestra sombra, se abre el camino hacia quienes realmente podemos ser”.

“El laberinto es el lugar de la doble hacha, la labrys, símbolo de Creta.”
Para Souvirón, ese entramado no solo representa un mito arquitectónico, sino el viaje interno que exige toda búsqueda de sentido. Perderse forma parte del camino: solo al descender a aquello que evitamos mirar, descubrimos recursos y verdades que no estaban disponibles antes.
En esa línea, el Minotauro no es un enemigo a destruir, sino una parte de nosotros que pide integración. En la vida, como en el mito, la salida aparece cuando dejamos de luchar contra la sombra y empezamos a comprenderla.
Al final de la conversación, Sara y David preguntan a Eduardo Souvirón qué le permitiría sentirse en paz al mirar la muerte.
Su respuesta es simple y profunda: “Si yo tenía la obligación de transmitir lo que sabía… porque era contrario a escribir, pensaba que escribir es un acto en el que hay cierta vanidad. Pero mi hija me dijo un día que tenía la obligación de transmitir lo que sabía.”
El propósito aparece como una decisión de entrega al otro. El legado no es lo que acumulamos, sino lo que compartimos.
Cada uno de los mitos que Bernardo revive puede verse como un espejo. Una vía para reconocernos en nuestros temores, luchas y deseos más profundos.
Si los mitos siguen vivos es porque nos siguen interpretando.
Nos recuerdan que:
Como plantea la Bioneuroemoción, lo que creemos sobre nosotros mismos define cómo nos relacionamos con la vida.
Y si el mito es una vía de autoconocimiento, tal vez la pregunta no sea si es real o no, sino: ¿Qué puede transformarse en nosotros si lo escuchamos?
Este artículo es solo una breve parte de la conversación con Bernardo Souvirón de David Corbera y Sara Pallarès -director académico y CEO, respectivamente, de Enric Corbera Institute- en el podcast “Destellos de Sabiduría”. Puedes ver o escuchar el episodio completo “Mujer, mito y poder. Lo que la historia no te contó”, aquí:
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