28 Septiembre 2016

5 hábitos para una comunicación eficaz desde la Bioneuroemoción®

5 hábitos para una comunicación eficaz desde la Bioneuroemoción®

No es lo mismo hablar que comunicar. Solemos cometer el error de prestar atención únicamente a lo que ocurre a nuestro alrededor, responsabilizando a los demás de nuestro estado emocional, de este modo olvidamos observar lo que realmente importa, que es cómo nos hace sentir aquello que nos sucede, qué estado emocional nos provoca, dónde resuena en nuestra historia y para qué.

Emplear un lenguaje positivo:

El inconsciente no distingue el “no”. Debemos usar el lenguaje para acercarnos a nuestro objetivo deseado, en lugar de destacar aquello que nos está molestando. Es bien distinto decir “No me grites” a decir “Háblame en un tono más bajo”.

Responsabilizarnos de nuestras emociones:

Todo aquello que nos afecta, refleja una parte de nosotros mismos. Por ello, es mejor usar un lenguaje proactivo, en el que haremos un pequeño ejercicio de autoindagación para observar qué queremos conseguir para nosotros mismos. Siguiendo con el ejemplo, nos preguntaríamos: ¿cómo me sientan cuando me gritan? ¿qué consigo cuando me hablan en un tono más bajo?

Utilizar un lenguaje concreto y descriptivo:

Una comunicación eficaz es aquella que deja poco a la imaginación. Siendo descriptivos y concretos estamos favoreciendo la comprensión y creando una interacción efectiva. En lugar de decir “Háblame mejor” o “Háblame con respeto” especificaremos “Háblame con un tono más bajo”.

Comunicar sin el deseo de cambiar a nadie:

Si bien podemos decidir seguir viviendo una situación o evitarla, una comunicación será más eficaz cuando el resultado deseado menos dependa del comportamiento de terceros. Realizaremos la petición sin juzgar al otro, solamente expresando nuestra necesidad. En lugar de decirle “Eres un déspota”, diremos “Me siento mal cuando me gritas”.

Prestar atención de qué modo nos comunicamos:

Siendo conscientes de cómo nos expresamos, sabremos cuál es el mensaje que realmente estamos comunicando y, entonces, podremos elegir libremente qué aspectos queremos cambiar de nuestra comunicación para que sea más eficaz. Quizás nosotros mismos no demos cuenta si nuestro tono al hablar es elevado, pudiendo transmitir una sensación de agresividad que no deseamos comunicar.