La valentía de mostrarse al mundo: por qué nos cuesta reconocer nuestro valor

29 junio 2023

Mostrarse al mundo tal como somos es un acto de coraje y autoaceptación. Sin embargo, a veces nos cuesta aceptar nuestros logros y virtudes, e incluso podemos sentir incomodidad cuando alguien los resalta.

¿Te ha pasado alguna vez que te sientes incómodo/a cuando alguien destaca tus habilidades? ¿Te has restado importancia cuando te felicitaban por algo?

Presta atención a la naturaleza de esa actitud y piensa: ¿Para qué crees que te comportas así? ¿En qué situaciones y con qué personas te sucede? En este artículo buscaremos indagar en el origen de este comportamiento que puede estar bloqueando nuestra luz y nuestra realización.

 

Mostrarse al mundo: la libertad de ser auténticos

Cuando nacimos tuvimos la valentía de mostrarnos al mundo, ¿eres consciente de eso? Esperamos nueve meses en el vientre de mamá para que pudieran conocernos.

Éramos pequeños, estábamos desnudos y vulnerables, hacíamos ruidos extraños para comunicarnos y no éramos necesariamente bonitos. Aun así, se nos consideraba tiernos y despertabamos amor en todos.

Al hacerse adultos, pocos son los que se atreven a ser como esos niños al nacer. La mayoría no manifiesta su vulnerabilidad y duda en mostrarse tal como es, otros lo hacen tímidamente o buscan pasar completamente desapercibidos.

¿Qué nos pasó en el camino? ¿Cuándo comenzamos a esconder nuestras cualidades o sentir vergüenza por alguna de ellas?

 

«La vergüenza no tiene por qué ser una carga eterna; podemos transformarla en una fuerza que nos impulse hacia el crecimiento y la superación.»

Brené Brown

 

Despojados de la inocencia: limitaciones y oportunidades en nuestro camino

Ser inocente implica tener una mente abierta y pura, libre de juicios o preconcepciones, como la de un niño.

Todos nacemos así, sin embargo, a medida que crecemos vamos aprendiendo lo que es aceptable y lo que no, lo que debemos mostrar y lo que nos conviene ocultar para adaptarnos a nuestro entorno y ser aceptados.

Estas normas de conducta, valores y maneras de ser sentaron las bases de nuestra personalidad y del modo de relacionarnos en el mundo adulto.

 

No mostrarse: no llamar la atención puede ser más cómodo

Querer ser «invisibles», no mostrarnos puede ser un comportamiento inconsciente para adaptarnos a nuestro entorno. Podemos observar muchas situaciones en nuestra infancia que se relacionan con esta actitud en la edad adulta:

“Un niño al que continuamente lo castigan por no estar quieto”.

“Vivir en un ambiente familiar violento donde hacerse notar puede ser una razón para acabar siendo agredido”.

Este tipo de experiencias nos pueden predisponer a sentirnos más cómodos cuando nos mantenemos en un segundo plano. Sin embargo, atrevernos a ser auténticos es nuestra responsabilidad y una ofrenda a la vida.

 

«Ser auténtico es la forma más pura de amor propio»

Danielle LaPorte

 

Por qué nos incomoda mostrarnos libremente y ser nosotros mismos

Es sabido que al ser seres sociales necesitamos pertenecer a un grupo, a un sistema. Pero esto suele provocar que, en alguna medida, busquemos ser fieles a sus convicciones por encima de las nuestras, aunque no seamos conscientes de ello.

 

 

Sin embargo, nuestra libertad individual puede ir en contra de la estabilidad de nuestra familia o grupo social. Porque lo que esperan los demás de nosotros no siempre coincide con lo que queremos ser o cómo queremos vivir.

Por ejemplo, algunas personas se sienten bloqueadas en su desarrollo profesional porque, de manera inconsciente, no se permiten mostrar su potencial para no romper la lealtad hacia unos padres que no pudieron prosperar.

Otro caso frecuente son las personas que no se atreven a destacar porque en su infancia aprendieron que debían estar quietos y callados. O las mujeres a las que se les inculcó la creencia de que exponerse a la mirada pública es una deshonra para la familia.

De hecho, a lo largo de la historia, ha habido numerosas mujeres brillantes a las que se les ha impedido mostrar su talento en diversos campos debido a creencias y conceptos arraigados en su entorno.

 


 

Qué evitas al no tomar el protagonismo en tu vida

Nos acostumbramos a ser de cierta manera, sin cuestionarnos si nuestras actitudes realmente reflejan quienes queremos ser. Así, además, habituamos a nuestro  entorno a relacionarse con nosotros según un rol asignado del que nos cuesta salir.

Si decidimos modificar nuestros hábitos para mostrarnos tal como somos y perseguir nuestros sueños es probable que algunas personas con las que nos relacionamos estén en desacuerdo. Esto se debe a que nuestro cambio los obliga a plantearse la posibilidad de cambiar, lo que a veces se percibe como un ataque.

 

«No puedes ser realmente fuerte hasta que te das cuenta de que es en tu propia debilidad donde puedes encontrar tu mayor fortaleza»

Serena Williams

 

No obstante, la desaprobación que encontramos en nuestro entorno solo es un reflejo de nuestros propios miedos, creencias o juicios y que compartimos con ellos. Nuestros familiares o amigos actúan de acuerdo a lo que conocen o eligen para ellos mismos, somos nosotros los que buscamos otra manera de vivir.

 

 

Abrazar nuestra sombra para mostrar nuestra luz

En el proceso de ir redescubriéndonos es necesario observar cuáles son las partes que todavía rechazamos o juzgamos en nosotros. Esto nos permite reconocer qué sucedió para que ahora hagamos esos juicios, de quién o dónde los aprendimos.

Para conocer los dones que tenemos ocultos y expresarlos libremente es preciso estar en paz con lo que somos y con lo que ya no queremos ser. De esta forma, los cambios que realicemos en nuestra vida serán elegidos desde el amor hacia nosotros mismos.

 

 

Mostrarse: la valentía de reconocer nuestra grandeza

Decidir mostrarnos al mundo es una acción que implica valor y un legítimo compromiso con nosotros mismos. Es una decisión nos acompañará toda nuestra vida. Joseph Campbell lo llama  “el viaje del héroe».

Para muchas personas recibir halagos puede ser más incómodo que recibir críticas porque a veces se confunde la humildad con no aceptar reconocimiento, entonces actúan con falsa modestia.

Cuando preferimos actuar como si fuéramos humildes, como excusa para no enfrentar retos, estamos impidiendo el desarrollo de nuestra mejor versión. La humildad y la grandeza no son opuestas.

 

«La verdadera grandeza del ser humano es su capacidad de conectarse con su verdadero yo y vivir desde ese lugar de autenticidad»

Anita Moorjani

 

La verdadera grandeza es fruto de la humildad

Ir por nuestros sueños inicia por creernos capaces de conseguirlos y esto implica construir seguridad, confianza y autoridad con nosotros mismos. Además, al permitirnos destacar, inspiramos a otros a hacer lo mismo.

Conjugar la humildad con la autoestima es el equilibrio necesario para poder desarrollar nuestro máximo potencial.

Esto se puede interpretar de lo que dijo Marianne Williamson: “Nuestro miedo más profundo es que somos excesivamente poderosos (…) es nuestra luz y no nuestra oscuridad la que más nos atemoriza”.

 

Volver a ser como niños

Cuando nos permitimos brillar con la inocencia de un niño y vivimos en coherencia nos abrimos a un mundo de posibilidades y nos permitimos abrazar la plenitud que nos ofrece la vida.

Vivir mostrando todas nuestras facetas es asumir el protagonismo de nuestra vida. Es un acto lleno de valor y amor con el que podemos inspirar a quienes nos rodean.

 

Si quieres seguir profundizando sobre este tema, puedes acceder a este material en nuestro canal de Spotify y de Youtube:

 

En este podcast, Enric Corbera nos recuerda que tenemos el poder y la obligación de dirigir nuestras vidas y no dejar que sean otros los que decidan por nosotros. ¿Estás dispuesto/a a liderar tu vida?

 

En este vídeo David Corbera habla de la necesidad de soltar lo que ya no somos. Es una invitación a que te animes a experimentar relaciones más auténticas y satisfactorias.

 

 

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