16 Agosto 2016

La proyección de la sombra

La proyección de la sombra

Hay veces que reaccionamos de forma desproporcionada o exagerada ante situaciones o personas y luego nos arrepentimos.

Entonces decimos: “lo siento, no sé que me ha pasado”.  Estamos tan acostumbrados a mostrarnos a través de la máscara del ego que cuando nuestra sombra se manifiesta nos sorprende incluso a nosotros mismos.

Carl Gustav Jung (1875-1961) psicólogo y médico psiquiatra suizo, dedicó toda su carrera al estudio de la psique humana. A lo largo de sus numerosos ensayos fue desarrollando primero, su “Psicología Analítica” y, más tarde, lo que denominó “Psicología Compleja”. Jung habla de la psique y no de la mente, porque, según él, la psique abarca todos los procesos de la mente, los conscientes y los inconscientes.

Entre muchas de sus aportaciones desarrolló el concepto de Arquetipo. Por definición, un arquetipo es un modelo original y primario de cualquier cosa. Puede tratarse de algo real o simbólico que siempre es capaz de generar algo más a partir de sí mismo. Tomando esta idea como punto de partida, Jung explicó la construcción del inconsciente colectivo “como el conjunto de símbolos primitivos compartidos por personas de todos los lugares y todas las épocas que expresan elementos de la psique que exceden al campo de la razón”. Así pues, un arquetipo junguiano está compuesto por fantasías y representaciones oníricas que están relacionadas con leyendas, mitos y conceptos religiosos que configuran las experiencias de los individuos.

Para Jung, la psique tiene tres estratos: conciencia, inconsciente personal e inconsciente colectivo de los que no puede conocerse su naturaleza, sino sólo sus efectos. El inconsciente lucha por mostrarse, pero es reprimido constantemente por el ego. Lo que hay en el inconsciente no es necesariamente malo, sin embargo al considerarlo malo, lo reprimimos.

Jung define el arquetipo sombra como el aspecto inconsciente de la personalidad caracterizado por rasgos y actitudes que el Yo Consciente no reconoce como propios. Si por definición la sombra es inconsciente quiere decir que estamos sometidos a ella. La sombra está formada por energía psíquica reprimida que se proyecta en el exterior. Cuando nos sentimos atacados, cuando nos molesta algo de alguien estamos viendo la proyección de nuestra propia sombra.  Hay muchas formas de alimentar la sombra, la más usual es la que conocemos como “luchar para ser bueno”. Por eso Jung decía “Prefiero ser un individuo completo que una persona buena”.

Podemos decir también que tenemos creencias-sombra que son las que controlan nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros comportamientos. Cada experiencia de la vida es una oportunidad de elegir de nuevo, una oportunidad de enmendar viejos errores que nos permite crecer, experimentar y desarrollarnos. En este sentido, Jung nos dice: “las crisis son magníficas oportunidades para familiarizarnos con la sombra”.

Todos tenemos una doble historia, la que mostramos y con la que nos identificamos y la que ocultamos y a la que rechazamos. En Bioneuroemoción, a aquello que rechazamos lo llamamos la historia detrás de la historia. Es justamente esta historia oculta la que nos hace repetir situaciones, dramas y patrones que no nos benefician una y otra vez. Durante un acompañamiento se guía al consultante a darse cuenta de que proyecta su sombra en el espejo de la persona o situación que tiene enfrente. Sabemos que todo lo que sea excesivo es una muestra y una proyección de la sombra.

En el libro El Observador en Bioneuroemoción, Enric Corbera nos propone distintos métodos para aprender de la sombra: solicitar feedback de la pareja, hijos y amigos auténticos; analizar nuestras propias proyecciones, haciendo una lista de aquello que nos disgusta del otro para asumir que forma parte de nosotros; examinar nuestros lapsus pues, justamente los lapsus, manifiestan aquello que queremos ser y no nos atrevemos; comprobar si tenemos sentido del humor, si queremos controlar en todo momento, quedar bien con todo el mundo y nos divertimos poco, tenemos a nuestra sombra maniatada; y, finalmente, estar atentos a nuestras fantasías y sueños, como cuando nos encontramos pensando en cosas extrañas y, en principio, contrarias a nuestra opinión.

Cuando aceptamos la sombra, todo se equilibra.