¿De quién es la culpa? Cómo recuperar nuestro poder

20 junio 2023

Con frecuencia usamos la culpa para responsabilizar a otros de lo que nos sucede o como excusa para hacer lo que no queremos, en lugar de atrevernos a afrontar las consecuencias de nuestras decisiones y ser coherentes con lo que sentimos.

¿Sueles culpar a los demás de lo que te sucede? ¿Te sientes culpable de situaciones que has vivido? El miedo y el victimismo pueden ser un impedimento o un llamado de atención para recuperar nuestro poder interior.

 

La culpa como excusa

Cuando te enfadas o te estresas ¿crees que lo que han hecho otras persona es lo que te hace sentir como te sientes? ¿Aún piensas que lo que percibes es la verdad y, por tanto, una razón legítima para culpar al otro y desentenderte de tu responsabilidad?

Culpar no es más que una excusa para tener razón, no hacer nada y sentir que eres el «bueno» o la «buena» de la historia ¿Qué consigues con esta actitud? Principalmente estar a merced de las circunstancias, perder la libertad.

 

Ponemos afuera la justificación de lo que nos sucede

Nos resulta más fácil culpar a algo o alguien de cuestiones que son competencia nuestra. Por ejemplo, decimos “¡La lluvia me deprime! “o “el tráfico me enoja”,  etc. ”.

También es común responsabilizar a terceras personas o incluso a entidades de nuestra situación actual:

Si tuviésemos otro gobierno las cosas irían mejor”, “si mi novio/a fuese más cariñosa/o me sentiría querido/a”, “si mi padre no me hubiese abandonado yo no sería como soy”.

No nos damos de cuenta que al hablar de los demás como la causa de lo que sentimos o lo que llamamos problemas, nos posicionamos en el lugar de víctimas y estamos otorgando el poder sobre nuestro bienestar a alguien o algo externo.

 

la culpa elegir

Ejemplos de cómo hacernos cargo

Las personas son responsables de sus actos, pero no de nuestra manera de reaccionar ante lo que sucede. En lugar de culpar podemos comenzar a afrontarlo de diferente manera a través de estos tres sencillos pasos:

1 – Aprender a reconocer mis estados emocionales y comprender que la causa de cómo me siento es mi manera de interpretar lo que sucede, no lo que hacen los demás.

Por ejemplo, vamos en el tren y el pasajero de al lado comienza a reírse viendo algo en su teléfono. Podemos contagiarnos de su alegría, enojarnos por considerarlo una falta de respeto, entristecernos recordando a esa persona que tanto nos hacía reír, etc.

Como vemos, la forma de reaccionar emocionalmente de maneras diferentes tiene más que ver con la persona -sus pensamientos, creencias y experiencias previas- que con lo que está sucediendo.

Hacernos cargo de cómo nos sentimos comienza girando el foco de atención hacia uno mismo.

2 – Diferenciar lo que sucede de mi interpretación

Por ejemplo, decimos “¡La lluvia me deprime!“ ¿Realmente es la lluvia la que me pone triste? ¿He estado alegre alguna vez y estaba lloviendo?

Si siento tristeza o alegría, me permitiré sentirla, pero no creeré que la lluvia o un día soleado son los responsables de lo que siento.

 

«Tú eres responsable de tu propia felicidad. No esperes a que alguien más te la dé, sé dueña de tu propia alegría.»

Helen Keller

 

3 – Autoindagación

En lo que observamos e interpretamos proyectamos información que habla de nuestras experiencias y de nuestra historia familiar. Podemos hacernos algunas de estas preguntas para comprender el origen de nuestro comportamiento:

¿Cómo resuena con mi historia personal y familiar la interpretación que estoy haciendo? ¿Qué estímulo detona mi enojo/miedo/, etc? ¿Es una persona, una situación que se repite, es algo que dice, algo que hace?

En el ejemplo “si mi novio/a fuese más cariñosa/o me sentiría querido/a” podría preguntarme ¿qué me molesta de mi pareja? ¿Es algo que dice, algo que hace? ¿Cómo habla eso de mí, de mi historia? y ¿qué puedo aprender?

 

la culpa autoindagacíón

 

Somos libres de elegir

Culpar a otros tiene un costo, la pérdida de nuestra libertad. Esto sucede cuando decidimos que nuestro bienestar depende de lo que los demás hacen, porque consideramos que son los responsables de lo que sentimos.

Por lo mismo, en lugar de esperar a que las cosas o las personas sean como nosotros queremos, podemos elegir ser el cambio que deseamos ver.

 

«La responsabilidad es nuestra capacidad de elegir cómo respondemos a las circunstancias, mientras que el victimismo es el acto de culpar a otros por nuestras propias dificultades.»

Brené Brown

 

Por ejemplo, imagina que trabajas en un proyecto donde tienes un compañero/a que acostumbra a no cumplir con las tareas que le corresponden y eres tú quien asume la responsabilidad de terminarlas.

En este caso no es tu compañero el culpable de que tengas más trabajo, creerlo te mantendrá en el lugar de esperar indefinidamente a que él cambie, y nadie puede cambiar a los demás.

Sin embargo, si reconoces que eres tú quien toma responsabilidades que no le corresponden, eres libre de seguir haciéndolo sin culpabilizar a nadie o de dejar de hacerlo. Ahí reside tu libertad.

Asimismo, podrás reconocer que tal vez el motivo por el que asumes en exceso responsabilidades de otros tiene que ver con tus creencias y resonancias familiares.

 

 

Culpar o integrar el aprendizaje

“El primer paso para dejar de culpar es ver que estamos eligiendo culpar”, sostiene  el psiquiatra y filósofo David R. Hawkins. Esto es una invitación a observarnos a nosotros mismos .

También propone ver el perdón como una forma de soltar lo que sucedió, más allá del hecho de reconocer una equivocación.

Es decir, abandonar la idea de que nuestra percepción es una verdad absoluta y renunciar a la creencia de que nuestros juicios siempre son veraces. Y, puesto que todo juicio habla de nosotros mismos, cuando nos abrimos a la posibilidad de que existen otras maneras de percibir, nos podemos liberar del sentimiento de culpa.

En lugar de ir buscando culpables por la vida, podemos convertir toda relación en una oportunidad para conocernos a nosotros mismos. Esta, sin duda, es una elección y una postura ante la vida donde, en lugar de ser víctimas, decidimos hacernos cargo de cómo vivimos lo que nos sucede.

 

 

Vivir con libertad implica responsabilidad

¿Qué es lo que podemos elegir? Ver las cosas de otra manera, pensar diferente, sentir diferente, actuar diferente. Nuestra elección lo cambia todo.

Para tomar las riendas de nuestra vida es preciso reconocer que somos dueños de nuestras emociones, los responsables de alimentar nuestra paz y contribuir a nuestro bienestar. Al hacerlo también liberamos a los demás de atender nuestras carencias.

Al responsabilizarnos de nuestro propio bienestar, es posible actuar de otra manera ante nuestras reacciones emocionales y las actitudes de los demás. Adoptar una posición activa, creativa y más consciente nos permite vivir con madurez emocional y paz interior.

 

Si quieres seguir profundizando sobre este tema, puedes acceder a este material en nuestro canal de Spotify y de Youtube:

 

En este podcast Enric Corbera nos invita a reflexionar sobre cómo reaccionamos cuando no nos gustan las experiencias que vivimos. Podrás aprender a hacerte preguntas que te lleven a comprender que existen otras formas de percibir la vida. 

 

En este video, David Corbera ofrece valiosas claves para liberarnos de las limitaciones que nos impiden crecer y evolucionar como personas. ¿Estás listo/a para asumir la responsabilidad de tu vida?

 

 

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Diplomado en Bioneuroemoción®

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