Podemos reescribir nuestra historia para transformar nuestro presente

Explicación del concepto de reescritura de la historia personal, con pasos prácticos y advertencias para su uso seguro.

29 junio 2024

Explicación del concepto de reescritura de la historia personal, con pasos prácticos y advertencias para su uso seguro.

Reescribir nuestra historia no es cambiar los hechos, sino transformar la percepción de ese pasado.

Es posible que algunas experiencias dejaron, además de recuerdos, conclusiones inconscientes sobre quiénes somos, como «no soy suficiente», «no puedo confiar» o «equivocarme significa fracasar».

A veces seguimos tomando decisiones desde esas creencias, aunque nuestra vida y nuestros recursos hayan cambiado.

Volver la mirada hacia lo vivido puede permitirnos reconocer qué sentimos entonces, qué necesitábamos y qué podemos comprender hoy desde otra perspectiva. Esa revisión merece espacio para el dolor, las dudas y todos los posibles matices de nuestra historia.

Qué entendemos por reescribir nuestra historia

Reescribir tu historia no se trata de inventar un pasado falso ni de negar lo que ocurrió. Es separar los hechos de la interpretación que construimos sobre ellos, y luego elegir conscientemente una lectura más completa, más compasiva y más útil para el presente.

Cuando vivimos algo doloroso, por ejemplo, un rechazo, una traición, una pérdida o una decisión que salió mal, nuestro cerebro no solo registra lo que pasó. Instantáneamente construye una narrativa explicativa, como por ejemplo:

  • «Me abandonaron porque no valgo lo suficiente.»
  • «Fallé porque soy débil / incompetente / demasiado intenso.»
  • «Ese silencio significaba que no le importaba.»

Esa interpretación se convierte, con el tiempo y sin darnos cuenta, en parte de nuestra identidad.

La repetimos internamente tantas veces que deja de parecer una interpretación y empieza a sentirse como la supuesta verdad. Así pues, reescribir la historia es interrumpir ese automatismo.

reescribir nuestra historia

La influencia del pasado en el presente

A veces una situación cotidiana despierta una emoción que nos resulta familiar. Una corrección puede hacernos sentir la vergüenza de equivocarnos en clase o una discusión de pareja, recordar una separación. Son ejemplos posibles de cómo los aprendizajes previos influyen en nuestras expectativas y respuestas.

La memoria autobiográfica reúne recuerdos y conocimientos sobre nuestra propia vida. Las emociones intervienen en la codificación (cómo registramos una experiencia) y también en su recuperación (lo que sentimos hoy puede influir en qué detalles recordamos).

Esta relación está documentada en la revisión de Holland y Kensinger sobre emoción y memoria autobiográfica.

Eso sí, tampoco permite concluir que cada dificultad actual provenga de un único episodio infantil. Nuestra historia puede ayudarnos a comprender una reacción, junto con lo que está ocurriendo ahora y los recursos con los que contamos para afrontarlo.

Qué significa realmente reescribir nuestra historia

Significa revisar el significado de una experiencia y abrir la posibilidad de que cambie la emoción que sentimos al recordarla. Los hechos permanecen, sí, pero podemos reconsiderar las conclusiones que extrajimos de ellos:

  • La responsabilidad que nos atribuimos: ¿qué dependía de nosotros y qué escapaba a nuestro control?
  • Lo que nos exigíamos: ¿teníamos la edad, el apoyo y los recursos necesarios para actuar de otra manera?
  • La imagen que construimos de nosotros: ¿convertimos una dificultad concreta en una sentencia sobre nuestro valor?
  • Las necesidades que quedaron sin expresar: ¿necesitábamos protección, comprensión o permiso para equivocarnos?

Tal vez hoy podamos reconocer que exigíamos a nuestra versión infantil una capacidad de comprender o defenderse que todavía no tenía.

Esa perspectiva puede dar espacio a la compasión donde antes solo había reproche. El dolor merece ser escuchado, sin exigirnos encontrar enseguida una enseñanza o sentirnos de otra manera.

Creamos las memorias que construyen lo que creemos ser

La memoria constructiva es el proceso por el que reconstruimos una experiencia al recordarla, combinando detalles conservados con conocimientos, expectativas e información posterior.

Como explica el investigador Daniel Schacter en Constructive Memory: Past and Future: Recordar implica una reconstrucción que puede introducir errores y distorsiones.

Las creencias pueden orientar nuestra atención desde la codificación, es decir, cuando registramos lo que sucede. Si esperamos fracasar, quizá prestemos más atención a una equivocación que a lo que resolvimos bien.

Por ejemplo, una presentación en la que olvidaste una frase pudo quedar resumida como «hice el ridículo». Revisar esa interpretación desde la distancia emocional permite recuperar contexto: continuaste, respondiste preguntas y hubo partes que salieron bien.

Cómo podemos cambiar nuestro pasado: concepto y límites

Braud utiliza el concepto de lo «retroactivo» como aquello que puede influir sobre la forma en que habitamos un acontecimiento pasado.

Desde esta perspectiva, propone viajar mentalmente en el tiempo para revivir momentos que nos impactaron y aportarles nueva información.

Esta propuesta puede entenderse como un ejercicio de reinterpretación: el acontecimiento permanece, pero podemos modificar la manera en que lo recordamos, el significado que le atribuimos y la respuesta emocional que despierta.

Comprender el «para qué» que dimos a una experiencia ayuda a revisar juicios. Podemos cuestionar la interpretación construida sobre ciertas conductas de nuestros padres, por ejemplo, sin negar lo que dolió.

¿Qué podemos cambiar y qué permanece?

Podemos transformar el significado, la interpretación y nuestra relación con el recuerdo. El hecho, las personas que participaron y las consecuencias objetivas pertenecen al pasado.

Reescribir la historia es ampliar el relato, para integrar lo que hoy podemos ver y aligerar el peso de una interpretación que sigue condicionando el presente.

Un límite importante: reinterpretar no borra lo ocurrido

La memoria se reconstruye con el tiempo. Una práctica de observación o de escritura puede modificar cómo evocamos una experiencia. Eso no altera el acontecimiento ni garantiza que una emoción desaparezca.

El objetivo es cambiar la relación con el recuerdo. No sustituir los hechos por una versión más cómoda. Esta diferencia importa especialmente cuando hay trauma o recuerdos que desbordan.

Pasos prácticos para reinterpretar recuerdos

¿Cómo reescribir nuestra propia historia? Podemos comenzar por revisar cómo estamos contando hoy aquello que ocurrió. Este proceso puede hacerse en cinco pasos:

  1. Identifica el recuerdo que quieres revisar. Elige una experiencia concreta que todavía active una emoción o una interpretación que condiciona tu presente.
    Ejemplo: «Cuando cometí aquel error en el trabajo, pensé que no servía para nada».
  2. Contextualiza lo ocurrido. Recupera las circunstancias de aquel momento: qué sabías entonces, qué necesitabas, qué opciones tenías y qué factores escapaban a tu control.
    Ejemplo: «Tenía poca experiencia, estaba bajo presión y todavía no sabía gestionar esa situación».
  3. Separa el hecho de la interpretación. Describe primero lo que ocurrió de forma observable y después identifica la conclusión que construiste sobre ti, sobre los demás o sobre la vida.
    Ejemplo: «Me equivoqué en una tarea» es diferente de «soy incompetente».
  4. Busca un significado que amplíe la experiencia. Pregúntate qué aprendiste, qué necesidad había detrás de tus decisiones o qué información tienes hoy que no tenías entonces.
    Ejemplo: «Aquella experiencia me mostró qué necesitaba aprender y me llevó a pedir ayuda».
  5. Construye una narrativa más completa y practícala. Reescribe el recuerdo incorporando esa nueva información, sin negar lo que dolió ni convertirlo en una historia idealizada.
    Ejemplo: «Me equivoqué, me afectó mucho, pero aquella experiencia también me permitió reconocer mis límites y desarrollar nuevas habilidades».

Ejercicio guiado: visualización retroactiva

Reserva unos minutos en un lugar tranquilo y trabaja con un recuerdo que puedas observar sin sentirte desbordado.

  1. Prepárate. Siéntate cómodamente, respira con calma y recuerda que estás en el presente. No necesitas entrar en todos los detalles del acontecimiento.
  2. Observa el recuerdo con distancia emocional. Imagina la escena como si pudieras contemplarla desde fuera. Reconoce qué ocurrió y qué emociones aparecen sin intentar eliminarlas.
  3. Introduce información que entonces no tenías. Pregúntate qué sabes hoy que podría ampliar aquella experiencia: tus recursos actuales, el contexto, las circunstancias de otras personas o aquello que aprendiste después.
  4. Imagina una respuesta diferente. Visualiza cómo podrías acompañarte ahora ante esa situación: con comprensión, límites, protección, aceptación o cualquier recurso que hubiera sido significativo para ti.
  5. Ancla la nueva perspectiva. Observa si, al incorporar esta nueva información, cambia tu forma de relacionarte con el recuerdo. No es necesario provocar una emoción diferente ni llegar inmediatamente a una conclusión.

Si durante el ejercicio aparecen imágenes, sensaciones o emociones demasiado intensas, detente y vuelve al presente. En experiencias traumáticas o trauma complejo, es preferible realizar este tipo de trabajo con acompañamiento de un profesional de la salud mental.

Ejercicio práctico: escritura y reescritura de la autobiografía

Aunque cada tiempo puede variar según la historia personal, te recomendamos que dediques quizás unos 15–20 minutos a trabajar sobre un acontecimiento significativo.

Primero, escribe durante unos minutos la historia tal como la has contado hasta ahora, sin corregirla. Después, vuelve a escribirla incorporando información, aprendizajes y perspectivas que hoy puedes reconocer. Puedes ayudarte con estas preguntas:

Pregunta Qué permite observar
¿Qué ocurrió, en hechos? Separar el acontecimiento de la historia que construimos encima.
¿Qué interpretación le di entonces sobre mí, sobre el otro o sobre la vida? Ver la lectura que se volvió automática y llegó a parecer «la verdad».
¿Qué patrón o programa inconsciente se activa todavía al recordar? Notar qué se repite en el presente y qué creencia lo sostiene.
¿Qué circunstancias o información no podía ver en aquel momento? Ampliar el contexto sin negar lo que dolió.
¿Qué otra mirada es posible sin borrar lo ocurrido? Reescribir el relato con más amplitud, no con una versión más cómoda.

La segunda versión no pretende cambiar los hechos. Busca ampliar el relato para que una experiencia del pasado deje de ocupar siempre el mismo lugar en nuestra identidad y en nuestras decisiones presentes.

Técnicas complementarias: terapia, mindfulness y recursos de Bioneuroemoción

Reinterpretar una experiencia puede abordarse desde diferentes recursos. La psicoterapia, por ejemplo, puede ayudar a identificar patrones de pensamiento, procesar experiencias difíciles y construir interpretaciones más flexibles.

El mindfulness, por su parte, favorece una observación más consciente de pensamientos, emociones y recuerdos sin reaccionar automáticamente ante ellos.

La Bioneuroemoción es un método psicoeducativo orientado al desarrollo de la autoconciencia. A través de la autoindagación, permite observar las creencias, los aprendizajes y las dinámicas relacionales que influyen en la manera de interpretar una situación.

En un acompañamiento, la persona puede revisar una experiencia concreta, reconocer desde qué percepción la está viviendo y ampliar la comprensión que tiene sobre ella.

Estos enfoques pueden integrarse cuando sus objetivos son compatibles y ninguno debería presentarse como sustituto de una atención sanitaria necesaria.

Evidencia y límites: qué dice la ciencia

Existe evidencia científica de que podemos modificar la forma en que recordamos y respondemos emocionalmente a determinadas experiencias.

Procesos como la reevaluación cognitiva, estudiada por James Gross, y la metacognición muestran que podemos observar nuestros pensamientos e interpretaciones y relacionarnos con ellos de una manera diferente.

Desde la Bioneuroemoción, este proceso se aborda mediante la autoindagación. La persona observa las creencias, los aprendizajes y las dinámicas relacionales que influyen en su percepción, con el objetivo de ampliar su comprensión y dejar de vivir una interpretación como si fuera la única verdad posible.

El poder personal para cambiar nuestra propia narrativa

No podemos volver atrás y modificar aquello que ocurrió, pero sí podemos revisar la interpretación que construimos sobre lo vivido y la manera en que ese recuerdo participa en nuestro presente.

Reescribir nuestra historia significa cambiar la mirada: reconocer lo que ocurrió, comprender el contexto, integrar lo aprendido y permitir que una experiencia deje de definirnos de una única manera.

A veces, el cambio comienza con una pregunta sencilla: ¿qué información puedo incorporar hoy que no tenía cuando viví aquello?

Lo que recordamos y, especialmente, la forma en que lo interpretamos puede influir en nuestra identidad y en nuestras decisiones. Tomar conciencia de esa interpretación nos permite dejar de vivirla como una verdad absoluta.

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Preguntas frecuentes

¿Qué quiere decir reescribir nuestra historia?

Es reinterpretar los recuerdos y revisar el significado y la emoción asociados a lo que vivimos. Los hechos permanecen, pero podemos cambiar la perspectiva desde la que los comprendemos y la influencia que tienen en nuestras decisiones y emociones actuales.

¿Cómo puedo escribir mi propia historia de forma útil para sanar?

Elige un acontecimiento concreto y dedica entre unos 15 a 20 minutos a escribir cómo lo has interpretado hasta ahora. Después, identifica qué aprendiste, qué circunstancias no podías comprender entonces y qué información tienes hoy para reescribirlo desde una perspectiva más amplia.

¿Se puede cambiar lo que ocurrió en el pasado?

Los hechos del pasado no pueden modificarse, pero sí puede cambiar nuestra manera de recordarlos, interpretarlos y responder ante ellos. La investigación sobre memoria muestra que recordar es un proceso reconstructivo, por lo que un mismo acontecimiento puede adquirir nuevos significados con el tiempo.

¿Cuándo debo buscar ayuda profesional para reinterpretar recuerdos dolorosos?

Es recomendable buscar ayuda de un psicólogo o profesional de la salud mental cuando un recuerdo provoca síntomas intensos, flashbacks, ansiedad persistente, sensación de desbordamiento o dificultades para trabajar, relacionarte o realizar actividades cotidianas.

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Referencias

Fuentes consultadas para escribir el post

  • https://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0535-51332008000400012
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20374933/ 
  • https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3341652/ 
  • https://www.apa.org/topics/learning-memory
  • https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5754136
  • https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4696081
  • https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5134694
Imágenes extraídas de Pixabay.

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