Para comprender este motor vital, exploramos el concepto de Ikigai de la mano de Francesc Miralles, escritor español especializado en psicología y espiritualidad, en este episodio de Destellos de Sabiduría, conducido por David Corbera y Sara Pallarès.
El Ikigai se define como la razón para levantarse por la mañana, aquello que da sentido a nuestra existencia. Lejos de ser una meta estática o un destino final, es un camino que evoluciona con nosotros a lo largo de los años.
Descubrir nuestro propósito requiere valentía para mirar hacia dentro y honestidad para reconocer qué nos hace vibrar. En este artículo, analizamos cómo integrar nuestros talentos con las necesidades del mundo bajo una mirada transformadora.

El origen de este término se encuentra en Japón, específicamente en la isla de Okinawa. En el pueblo de Ogimi, conocido como el de los ancianos centenarios que no conocen la palabra “jubilación”. Ellos mantienen siempre una actividad que les vincula con la comunidad y les otorga utilidad.
Tradicionalmente, el Ikigai se representa mediante la intersección de cuatro pilares fundamentales. Estos son: lo que amas, en lo que eres bueno, por lo que te pagan y lo que el mundo necesita. Cuando estos círculos se cruzan, encontramos ese punto de equilibrio donde la vida fluye con naturalidad.
Francesc Miralles propone una definición que va más allá de un simple diagrama técnico. Para él, el propósito real es una intersección entre nuestra voluntad y la del entorno. Es saber escuchar qué espera la vida de nosotros en cada momento presente.
«El ikigai real de una persona es un punto de intersección entre lo que tú quieres de la vida y lo que la vida quiere de ti. Has de saber llegar a ese punto», sostiene.
No se trata solo de nuestros deseos personales, sino de saber observar las demandas del entorno. David Corbera reflexiona sobre esta interacción constante entre el individuo y el campo de información. «La vida de algún modo tiene una intencionalidad para con nosotros», señala.
Francesc coincide en que el universo nos envía señales constantes sobre nuestras acciones cotidianas. Estas señales se manifiestan a través de la gente y de los resultados que obtenemos. «Tú ves si algo que estás haciendo genera entusiasmo, genera bienestar o genera indiferencia«, afirma Miralles.
Aprender a leer estas respuestas externas nos permite ajustar nuestro rumbo con mayor sabiduría. El Ikigai no es algo que se inventa, sino algo que se descubre al interactuar. La vida nos confirma si vamos por buen camino mediante el entusiasmo que generamos.
«Si el universo te envía señales de indiferencia, no es para que te rindas, sino para que entiendas que tu energía está puesta en el lugar equivocado; el propósito no se fuerza, se sintoniza», agrega Miralles.
Un error común al buscar el sentido vital es creer en una única misión para siempre. Esta idea genera una presión innecesaria y bloquea nuestro crecimiento ante los cambios naturales. Según Miralles, el Ikigai suele transformarse aproximadamente cada cinco a siete años.
Esta evolución responde a la teoría de los septenios, donde nuestras capacidades maduran en diferentes etapas. Miralles explica esta metamorfosis a través de su propia trayectoria vital y profesional. «Ahora me encuentro por el quinto ikigai de mi vida», confiesa.
Aferrarse a una sola identidad puede convertirse en una cárcel para nuestra expresión creativa. Debemos permitirnos soltar viejas versiones de nosotros mismos para dejar espacio a lo nuevo. La flexibilidad es esencial para mantener viva la chispa del propósito en cada década.
«De los 19 a los 27 viajar era mi propósito de vida. De los 27 a los 30 ser profesor de alemán. Luego tuve un tercer ikigai de editor y luego uno de escritor. Mi quinto ikigai es ayudar a la gente a encontrar su propio propósito», relata Miralles.
«El ikigai es un traje que se queda pequeño; si te empeñas en seguir usando la identidad que te servía hace diez años, terminarás por asfixiar tu creatividad actual.»
Francesc Miralles
Francesc utiliza el ejemplo de figuras de éxito para ilustrar el desasosiego tras la victoria. Menciona a Pep Guardiola, quien sintió un vacío profundo después de haberlo ganado todo. «El problema es cuando tú ya has llegado a la cima de esa montaña», reflexiona el autor.
Este fenómeno nos enseña que el propósito no reside en el logro, sino en el proceso. La Bioneuroemoción nos invita a desidentificarnos de los resultados externos para conectar con el ser. Es que, si el sentido depende solo del éxito, estamos condenados a la insatisfacción constante.
«La depresión del éxito ocurre porque hemos confundido el ‘para qué’ con el ‘cuánto’; cuando llegas a la meta y no hay nadie esperándote dentro de ti, el vacío es inevitable», afirma David Corbera. Y destaca que este vacío es una oportunidad para redefinir nuestras prioridades más íntimas.
Cuando la meta ya no nos motiva, es el momento de buscar una nueva cumbre. El Ikigai es un río que fluye, no un estanque de agua estancada.

Cuando el horizonte parece nublado, la búsqueda misma puede convertirse en el motor principal. Miralles sugiere que si no sabes cuál es tu propósito, tu objetivo actual es buscarlo. Esta perspectiva elimina la angustia de no tener respuestas inmediatas en momentos de crisis.
Un indicador fundamental para identificar nuestro camino es el concepto de «Flow» o flujo. Debemos observar qué actividades nos hacen perder la noción del tiempo por completo. Identificar estos momentos de goce intrínseco nos acerca a nuestras facultades naturales más puras.
Sara Pallarès destaca la importancia de diferenciar el relato mental de la necesidad del alma. Muchas veces, lo que creemos querer es solo un mandato social o familiar heredado.
«El ikigai real está en nuestra alma y no en nuestra mente. A veces cuesta diferenciar el propósito que tú te cuentas y te relatas en tu mente desde tu ego, de lo que realmente tu alma anhela», afirma Pallarès.
«El alma no grita, el alma susurra a través de lo que te da paz. El ego, en cambio, siempre tiene prisa por ser reconocido.»
Sara Pallarès
Para salir del bucle del análisis mental, es necesario pasar a la exploración analógica. El aprendizaje real no ocurre en la reflexión solitaria, sino en el contacto con la realidad. Debemos probar, experimentar y equivocarnos para conocer qué es lo que realmente nos resuena.
Según la Bioneuroemoción, este enfoque nos permite cuestionar las historias que nos contamos sobre nosotros mismos. Al explorar con curiosidad, empezamos a diferenciar entre el deseo del ego y el anhelo del ser. La acción es la que termina por revelar nuestra verdadera función en el mundo.
En esa línea, Francesc insiste en que debemos estar atentos al feedback que recibimos del universo. «Las señales que te llegan, porque igual estás haciendo algo y el universo te está diciendo: ‘No, es un poco más a la derecha'», explica. El propósito se va perfilando mediante pequeños ajustes constantes.
Las dificultades no son errores del destino, sino oportunidades para despejar lo que sobra. En momentos de cataclismo existencial, las estructuras que nos limitaban suelen desmoronarse por completo.
Miralles utiliza una metáfora japonesa del poema del samurái y poeta del siglo XVII, Mizuta Masahide, para describir este proceso de purificación y claridad: «Mi granero se ha quemado. Ahora puedo ver la luna». El sufrimiento «despeja el granero» y nos permite ver la luna que antes estaba oculta.
En la crisis, nos vemos obligados a soltar las cargas que ya no nos sirven. Es ahí donde surge la pregunta fundamental: ¿a qué quiero dedicar mi tiempo restante?
Esta visión transforma la crisis en un terreno fértil para el nacimiento de un nuevo propósito. Dejamos de ser víctimas de las circunstancias para convertirnos en arquitectos de nuestra propia renovación. El dolor, bien gestionado, es el mayor catalizador del cambio humano.
«La crisis es la oportunidad de que caiga el personaje. Solo cuando el personaje se agota y ya no puede más, es cuando la persona empieza a preguntarse quién es de verdad más allá de lo que hace o de lo que tiene.»
David Corbera
Sara Pallarès valida esta visión compartiendo su propia experiencia de superación y crisis. «Yo no estaría haciendo nada de lo que estoy haciendo ahora si no hubiera estado en el mismísimo infierno», confiesa Sara. Sus momentos más difíciles fueron los que la empujaron a buscar una verdad más profunda.
Francesc añade que transitar por el propio dolor nos otorga una autoridad única para ayudar. «Pasar infiernos te hace un guía del infierno«, afirma. Nuestro sufrimiento puede transformarse en una herramienta de servicio para quienes atraviesan caminos similares.
La Bioneuroemoción propone integrar estas experiencias dolorosas para alcanzar una mayor coherencia emocional. Cuando el dolor adquiere una utilidad social o creativa, pierde su capacidad de destruirnos. El propósito surge a menudo de la voluntad de iluminar las sombras que antes nos aterraban.
«El propósito no es algo que uno elige de forma intelectual; el propósito es la respuesta que tu alma da a la herida que vienes a sanar. Tu función en el mundo es la solución al problema que más te dolió.»
David Corbera
Nadie cumple su propósito de forma aislada, pues somos seres sociales por naturaleza. En Okinawa, el apoyo se materializa en el Moai, círculos de ayuda mutua con seguridad emocional. Estos grupos aseguran que nadie se enfrente solo a las vicisitudes de la vida diaria.
David Corbera subraya que el sentido se encuentra integrando nuestras heridas de la infancia. «La herida genera al artista y al terapeuta. Nos interesa la relación del propósito con las heridas tempranas», explica. A menudo, nuestro talento es la respuesta creativa a aquello que nos faltó en el pasado.
Formar parte de una comunidad que valide nuestro ser es vital para que el Ikigai florezca. Si nuestro entorno actual nos limita, tenemos la responsabilidad de buscar nuestra verdadera tribu. El propósito se nutre del intercambio y del reconocimiento mutuo entre los seres.

No hace falta tener un gran escenario para vivir una vida con sentido y dirección. El Ikigai es una identidad que se manifiesta en cada interacción, por sencilla que esta sea. Francesc recuerda a un camarero que convertía su oficio en un acto de amor y humor.
Este hombre ejercía su propósito detrás de una barra, alegrando la vida de sus clientes cada mañana. «Si te das cuenta de tu propósito, ya lo has de hacer con todo el mundo», señala Miralles. No es el «qué» hacemos, sino el «cómo» lo hacemos lo que marca la diferencia.
David y Sara coinciden en que la coherencia se vive en los detalles más insignificantes del día. El propósito no es un evento futuro, sino una actitud presente en nuestra forma de vincularnos. Cada encuentro es una oportunidad para expresar nuestro don y servir a la vida.
El éxito real no tiene relación con la fama ni con la acumulación de bienes materiales. Para Miralles, el verdadero triunfo es la soberanía sobre el propio tiempo y las propias decisiones. Disponer de nuestra vida para hacer lo que nos resuena es el mayor lujo actual.
Aceptar nuestra naturaleza, con sus luces y sus sombras, es el primer paso hacia la paz. La Bioneuroemoción nos enseña a soltar los juicios para vivir con una mayor honestidad interna. En esa rendición consciente es donde aparece la verdadera capacidad de disfrutar del camino.
Esta libertad nos permite vivir en coherencia y aportar valor real a la sociedad. En última instancia, el Ikigai es el arte de ser fiel a uno mismo.
«Éxito es tiempo. Éxito es levantarte por la mañana y decir: voy a hacer lo que me dé la gana con quien me dé la gana y no voy a atender a nadie ni a nada que a mí no me resuene. Eso es éxito: Libertad.»
Francesc Miralles
Vivir con propósito nos permite dejar una huella positiva en el mundo sin esfuerzo ni sacrificio. Cuando actuamos desde nuestra esencia, el impacto es natural y equilibrado para todos los involucrados.
El Ikigai nos protege del agotamiento porque la energía proviene de una fuente inagotable: el ser.
A lo largo de esta charla en Destellos de Sabiduría, queda claro que el camino no es lineal. Habrá momentos de duda, crisis y cambios de rumbo necesarios para nuestra evolución biológica y espiritual. Lo importante es mantener la curiosidad y la apertura ante lo que la vida nos propone.
Te invitamos a reflexionar sobre qué es aquello que hoy te hace vibrar y te motiva. No busques una respuesta definitiva, busca la chispa que te mueva a actuar en este preciso instante. Tu propósito no es un destino, es la luz con la que decides iluminar tu presente.
Este artículo es solo una breve parte de la conversación con Francesc Miralles de David Corbera y Sara Pallarès -director académico y CEO, respectivamente, de Enric Corbera Institute- en el pódcast “Destellos de Sabiduría”. Puedes ver o escuchar el episodio completo “El mayor error al buscar tu propósito | así te vuelves manipulable 🔥 Francesc Miralles”, aquí:
Si quieres conocer más acerca del método de la Bioneuroemoción y cómo aplicarlo en tu vida para aumentar tu bienestar emocional, síguenos en nuestras redes sociales: YouTube, Instagram, Facebook, X y LinkedIn.
Comparte en los comentarios si te ha resultado interesante este artículo y compártelo con quien creas que le puede resultar útil esta información. ¡Gracias por tu interés!