Adicciones: qué son, tipos y cuál es su origen emocional

11 febrero 2026

Las adicciones pueden aparecer en el consumo de sustancias o en determinadas conductas. Conoce qué es una adicción, sus tipos, señales, factores de riesgo y la posible función emocional que cumplen.

¿Alguna vez has sentido un malestar difícil de describir y has recurrido a una sustancia o a una conducta buscando alivio, desconexión o bienestar momentáneo?

Las adicciones no son debilidad ni falta de voluntad. Son patrones de comportamiento repetitivos y compulsivos en los que intervienen múltiples factores. 

Y no, no hablamos solo de las adicciones a las sustancias. También existen las comportamentales y psicológicas.

En este artículo no encontrarás juicios. Solo una mirada cercana y profunda a qué son las adicciones, qué tipos existen y cómo, desde la Bioneuroemoción, podemos explorar la posible función emocional que una conducta puede estar cumpliendo en la experiencia de una persona.

¿Qué son las adicciones?

Según la Organización Mundial de la Salud, la adicción es un proceso que afecta al cerebro de forma profunda, alterando los circuitos de recompensa, motivación y toma de decisiones. Ahí su concepto más teórico.

Pero debemos ir más allá, ya que no hablamos simplemente de consumo de sustancias. También implica actividades o incluso una dinámica emocional que se vuelve prioritaria, difícil de modular y que se mantiene aunque te genere daño.

Y no, no es cuestión de que te falte voluntad para controlarte, porque en una adicción intervienen factores biopsicosociales. Desde aquí se puede ampliar la mirada para preguntarnos:

  • ¿Qué función puede estar cumpliendo esa conducta en la experiencia de la persona?
  • ¿Qué puede estar intentando aliviar, evitar o compensar?
  • Y, ¿qué ocurre internamente cuando no puede recurrir a ella?

que son las adicciones

¿Cómo se diferencian de un hábito?

Muchas veces confundimos ambos términos, pero para distinguir esta diferencia con claridad, conviene separar varios niveles.

Por una parte, el hábito es una conducta repetida que puede ser automática, pero que aún puedes interrumpir sin que eso te genere un coste emocional o físico intenso.

En este caso no hablamos de hábitos de conciencia, sino de conductas automatizadas y periódicas.

La adicción, incluyendo la emocional, es otra historia. De hecho, en determinados patrones de dependencia emocional, una persona puede tener vínculos que le generan sufrimiento, aunque reconozca sus consecuencias. 

Esto puede convertirse en una oportunidad para explorar qué necesidades, expectativas o patrones inconscientes pueden estar influyendo en esa dificultad para desvincularse.

Aquí no hay una sustancia de por medio, pero sí una dependencia de ciertas dinámicas afectivas. Por ejemplo, la necesidad de aprobación, el miedo al abandono, el apego a relaciones que hacen daño y que se repiten aunque la persona reconozca su coste.

Esa relación desadaptativa, ese rol de salvador, esa búsqueda constante de validación externa podría brindar la posibilidad para analizar programas inconscientes.

¿Qué factores pueden favorecer una adicción?

No existe una causa única. De hecho, el fenómeno adictivo no puede reducirse a una única causa ni abordarse desde un solo nivel.

La adicción suele surgir de un tejido de factores familiares, biológicos, emocionales y sociales que se entrelazan entre sí. Tener algunos de ellos aumenta la probabilidad, pero nunca determina el destino.

Cada factor puede convertirse en información para explorar qué función puede estar cumpliendo la conducta y qué emociones, necesidades o conflictos pueden estar relacionados con ella.

Lo que puede influir desde dentro

  • Una predisposición genética. De hecho, los estudios de gemelos de Deak, J. D., & Johnson estiman que entre el 40 % y el 60 % del riesgo tiene componente hereditario.
  • Dificultades para interpretar y gestionar determinados estados emocionales.
  • Experiencias de estrés o trauma que pueden influir en la forma de afrontar el malestar.
  • Baja autoestima o la sensación de no ser suficiente.

Lo que puede influir desde el entorno

  • Familias con poca contención afectiva o límites confusos.
  • Presión del grupo o amistades que normalizan el consumo.
  • Fácil disponibilidad de la sustancia o de la conducta.
  • Aprendizajes o patrones inconscientes que se repiten sin darnos cuenta.

Y hay más. Un estudio clásico sobre Experiencias Adversas en la Infancia (ACE) mostró que, a mayor número de adversidades vividas en la infancia, mayor era el riesgo de problemas con drogas (Dube et al., 2003).

Es que cada factor es información. Una oportunidad de preguntarnos: ¿qué me está mostrando esta experiencia?

Recuerda que las conductas de dependencia requieren valoración y acompañamiento profesional. Según cada caso, puede ser necesario un abordaje médico, psicológico y/o psiquiátrico especializado.

adicciones emocionales y comportamentales

La lógica emocional que puede sostener una adicción

La conducta adictiva puede inscribirse en una lógica emocional relacionada con la historia personal, los vínculos significativos (sobre todo los traumáticos) y las formas aprendidas de afrontar el malestar.

En muchos casos, puede cumplir la función de alivio o compensación momentánea. No siempre se trata de buscar placer. También puede resultar interesante explorar si permite desconectarse temporalmente de una tensión, una emoción o un malestar difícil de sostener.

La mayoría de las veces, lo que buscas es silenciar (aunque sea por un rato) una tensión, un vacío o un malestar que resulta difícil de sostener. Es como si tu sistema dijera que algo interpretas como dolor y que necesitas desconectarte de la sensación.

La hipótesis de la automedicación

Una hipótesis clínica posible es la de la automedicación de Khantzian y ampliada por los modelos de refuerzo negativo de Koob. Según esta perspectiva, ante una emoción intensa o una situación que interpretas como amenazante, aparece un impulso de buscar alivio.

Esta mirada puede complementar el abordaje de la conducta adictiva, explorando qué función puede estar cumpliendo en la experiencia de la persona y qué intenta regular o compensar.

Comprender el patrón sin juicio puede favorecer una mayor toma de conciencia, siempre como parte de un abordaje adecuado de la adicción.

La dimensión transgeneracional de la adicción

Desde la Bioneuroemoción, además de la historia personal, podemos explorar la posible influencia de aprendizajes y programas familiares en la forma de afrontar el malestar.

Cuando miras hacia atrás, muchas veces aparecen patrones familiares donde quizás el silencio, el abandono, la exigencia o la falta de sostén emocional son aprendizajes inconscientes que pueden repetirse de generación tras generación.

No necesariamente se hereda la conducta en sí, sino que pueden observarse formas aprendidas de sobrellevar el malestar: callar, resistir, anestesiarse, rendirse, que guardan relación con dinámicas presentes en el entorno familiar.

Desde esta mirada, pudiéramos preguntarnos si determinadas formas de afrontar el malestar guardan relación con conflictos, aprendizajes presentes en la historia familiar. 

Visto así, no es una elección consciente, sino respuesta aprendida o automatizada que puede cumplir una función determinada y que se instaló de manera voluntaria.

Reconocer el patrón para responder de otra manera

Cuando este entramado se hace visible, la conducta deja de leerse como un problema aislado. Aparece como una señal que invita a preguntarte:

  • ¿Qué patrón aprendido estás sosteniendo?
  • ¿Qué lealtades inconscientes te mantienen atado a patrones que no elegiste?

Por supuesto que esta comprensión no busca justificar ni determinar. Señala, más bien, que ciertos patrones de familia y aprendizajes heredados pueden influir en la forma de regular el malestar y de interpretar lo que te sucede.

Tipos de adicciones: sustancias y conductas

Como venimos comentando, las adicciones no solo se relacionan con las sustancias. También pueden manifestarse a través de conductas que, como cualquier otra vía de alivio, terminan atrapando la voluntad.

Aunque si tuviéramos que hacer una lista de adicciones a sustancias, sería la siguiente:

  • Alcohol.
  • Nicotina.
  • Cannabis.
  • Cocaína.
  • Fármacos.

Por otra parte, las adicciones conductuales, como el juego de azar, las compras compulsivas, las conductas digitales problemáticas (redes sociales, videojuegos, pornografía) y hasta entrarían en la clasificación las conductas sexuales problemáticas.

Además de atender a la sustancia o conducta concreta, desde esta perspectiva podemos explorar qué función puede estar cumpliendo en la experiencia de la persona.

También puede resultar útil explorar el patrón asociado a la conducta y preguntarse qué emociones, necesidades o conflictos pueden estar relacionados con ella.

La autoindagación permite investigar qué función cumple en cada experiencia particular, sin presuponer de antemano su origen.

Toda adicción es mala, independientemente de si el narcótico es alcohol, morfina o idealismo.

Carl Gustav Jung

Las adicciones a sustancias: del consumo al trastorno

El paso del consumo ocasional al trastorno no es un salto, sino una escalada silenciosa. Retomando la hipótesis de la automedicación de Khantzian, el consumo puede cumplir en algunas personas una función de alivio o regulación ante determinados estados de malestar.

No obstante, lo relevante aquí no es etiquetar qué emoción oculta cada droga, sino observar qué papel cumple ese consumo en esa experiencia que te ha tocado vivir. Es decir, mirar desde la distancia emocional qué alivia, qué evita y qué se reactiva cuando falta.

En ese proceso aparecen tres fenómenos clave:

  • Tolerancia: necesitas más cantidad para sentir el mismo efecto.
  • Abstinencia: al reducir o suspender, aparece malestar físico o emocional.
  • Craving: esa urgencia intensa y compulsiva de volver a consumir, incluso cuando ya reconoces el coste.

No hablamos simplemente de fuerza de voluntad. En algunos casos, el consumo puede estar asociado a la búsqueda de alivio frente a una tensión o malestar, incluso cuando sus consecuencias son negativas.

Claro está que la desintoxicación no se improvisa. Debe hacerse con supervisión médica profesional y constante. Cuidar el cuerpo mientras miras el patrón no es contradictorio: es necesario.

Alcoholismo y emociones: el vacío que busca sostenerse

El alcohol ocupa un lugar particular dentro de las adicciones. Está socialmente aceptado, asociado al descanso, a la celebración o a la desinhibición.

Pero para algunas personas puede convertirse en una vía rápida para anestesiar tensiones internas que no encuentran otra forma de expresarse. En esos casos, no es solo un hábito, sino que se expresa como un mecanismo de supervivencia emocional.

Desde esta mirada, podemos explorar: 

  • ¿Qué función puede estar cumpliendo el consumo en cada persona?
  • ¿Qué cambia en su experiencia cuando bebe?
  • ¿Qué malestar puede aliviar momentáneamente?
  • ¿Qué le resulta más difícil sostener cuando no recurre al alcohol?

Puede estar relacionada con información emocional previa —aprendizajes familiares, silencios, formas de gestionar el estrés que ya estaban disponibles—, sin que eso signifique que toda persona con consumo problemático tenga un familiar alcohólico.

¿Cómo saber si el alcohol se está convirtiendo en un anestésico?

Algunas señales que pueden indicar un consumo problemático:

  • Beber para calmar ansiedad, tristeza o tensión de forma habitual.
  • Dificultad para parar una vez se empieza.
  • Sentir irritabilidad o malestar cuando no se puede beber.
  • Priorizar el alcohol por encima de compromisos, descanso o relaciones.
  • Intentos fallidos de reducir o controlar el consumo.

Si reconoces alguna de estas señales en ti o en alguien cercano, lo más prudente es consultar con un profesional de la salud mental o de adicciones.

Drogas y tabaco: reguladores emocionales de alto impacto

El tabaco y las drogas psicoactivas actúan como moduladores directos de la experiencia emocional.

Desde fuera pueden verse como búsqueda de placer o evasión. Desde dentro, para algunas personas puede cumplir la función temporal de regulación ante determinados estados de malestar, como ansiedad, desborde, vacío o rigidez emocional.

Cada sustancia ofrece un atajo distinto:

  • Nicotina (tabaco): introduce pausas y un ritmo de inhalar-exhalar que calma la tensión en vidas de alta autoexigencia o dificultad para detenerse.
  • Cannabis: suele aportar una sensación de distensión o desconexión frente a un malestar que se vive como excesivo.
  • Estimulantes: generan activación o expansión cuando la experiencia interna se siente plana o agotada.
  • Opioides y algunos fármacos: producen una anestesia profunda del dolor emocional, aunque también del cuerpo.

El alivio subjetivo es inmediato y potente

Cuando el consumo produce alivio subjetivo, esa experiencia puede contribuir a reforzar la conducta, aunque no resuelva aquello que la persona pueda estar intentando gestionar o evitar.

Y cuanto más se usa para regular las emociones, más necesario puede que se haga el consumo.

Ahora bien, la conducta no surge de la nada. Es posible que se relacionen con creencias inconscientes, patrones o mandatos transgeneracionales que han desdibujado la forma en que supuestamente deberías gestionar tus experiencias y emociones.

Eso sí, si el consumo está ocupando cada vez más espacio en tu vida o en la de alguien cercano, lo más útil es consultarlo con un profesional.

«Toda adicción es un intento de llenar un vacío interior, pero el vacío no se llena desde afuera.»

 Gabor Maté

Adicciones comportamentales: cuando una conducta deja de ser una elección

No todas las adicciones tienen que ver con el consumo de sustancias. También existen las adicciones comportamentales.

Según la Organización Mundial de la Salud (CIE-11), se trata de patrones de conducta persistentes o recurrentes caracterizados por pérdida de control, prioridad creciente de esa conducta sobre otras actividades y continuidad a pesar de las consecuencias negativas.

Este tipo de adicción no genera alarma inmediata (y ahí está su mayor peligro), porque suele confundirse con responsabilidad, disfrute o normalidad.

Si deja de sentirse como una elección y se vuelve difícil de controlar, puede ser importante observar qué lugar está ocupando esa conducta en tu vida y qué función puede estar cumpliendo.

La diferencia no depende únicamente de lo que haces o de cuánto lo haces, sino también del grado de control, de sus consecuencias y de la función que esa conducta puede estar cumpliendo en tu experiencia.

¿Cuándo una conducta deja de ser un hábito y se convierte en una adicción?

No es cuestión de horas, ni de frecuencia. Tampoco se mide en tiempo de pantalla ni en euros gastados. Se mide en tres aspectos muy importantes:

  • Pérdida de control. No puedes parar cuando quieres, aunque lo intentes.
  • Interferencia real en tu vida. Afecta a tu trabajo, a tus relaciones, a tu descanso o a tu salud.
  • Persistencia a pesar de las consecuencias. Sabes que te hace daño, pero sigues.

Pongamos un ejemplo: Una persona llega a casa después de un día de trabajo. No está especialmente cansada, pero siente un nudo en el pecho que no sabe describir. En lugar de preguntarse qué pasa, enciende la consola y se sumerge en una partida. Tres horas después, sigue jugando. No porque lo disfrute, sino porque si para, el nudo vuelve.

El juego no es el problema. Más bien, este patrón invita a explorar qué ocurre internamente antes de jugar, qué cambia durante la conducta y qué vuelve a aparecer cuando se detiene.

Su cerebro ha aprendido que jugar es igual a alivio, y repite el patrón sin cuestionarlo.

Las relaciones tóxicas

Hay que aclarar que no todas las relaciones difíciles son una adicción. No obstante, si permaneces en una relación que te genera sufrimiento pese a reconocer sus consecuencias, puede ser importante explorar qué está dificultando la desvinculación.

¿Cómo puedes reconocer este patrón? Estas son algunas posibles señales de dependencia o de un patrón vincular problemático.

  • Necesitas constante aprobación o contacto para sentirte seguro/a.
  • Sientes ansiedad o vacío fuerte cuando la otra persona no está disponible.
  • Priorizas siempre sus necesidades por encima de las tuyas.

Es importante distinguir:

  • Dependencia emocional o apego inseguro.
  • Un patrón vincular que se repite.
  • Control, miedo o violencia.

A través de los principios de la Bioneuroemoción, además de observar lo que ocurre en la relación, podemos explorar qué aspectos propios se activan en ese vínculo y qué necesidades pueden estar influyendo en nuestra forma de relacionarnos.

Cuando existe control, miedo, violencia o maltrato, no estamos hablando simplemente de un patrón vincular que observar. Es una situación que requiere apoyo especializado y, cuando sea necesario, medidas de seguridad.

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El trabajo excesivo también puede ser una adicción

Al igual que con las adicciones comportamentales, no toda relación con el trabajo indica que estás sumergido en un proceso adictivo. Existe la sobrecarga laboral, el perfeccionismo, el burnout y, en algunos casos, una verdadera dependencia del rendimiento.

Cuando el trabajo se convierte en adicción, quizás es una oportunidad para explorar:

  • Quizás buscas evitar el vacío o el malestar interno.
  • Es posible que quieras sentirte valioso solo a través del logro.
  • Se te dificulta interpretar los posibles patrones que pueden estar generando tu respuesta ante el malestar.

También puede resultar útil observar los aprendizajes y patrones familiares relacionados con el trabajo, el esfuerzo y el valor personal. Por ejemplo, si en el entorno familiar el reconocimiento estaba especialmente vinculado al sacrificio o al rendimiento.

Es posible que esa necesidad de no parar tenga que ver con creencias heredadas de tu árbol familiar, donde el valor personal estaba ligado al sacrificio o al esfuerzo constante.

Adicción a la comida y a sabores intensos

En algunas personas, la comida (especialmente a aquellas de sabores intensos, dulces o salados) puede cumplir una función de regulador emocional y proporcionar un poco de consuelo, calma o alivio momentáneo ante determinados estados de malestar.

Sin embargo, cuando el patrón se vuelve compulsivo, genera culpa intensa, se pierde el control y afecta significativamente la salud, la autoestima y te causa un sobrepeso emocional, es importante no reducir la situación únicamente a una interpretación emocional.

Ante atracones frecuentes, restricción extrema o una relación muy conflictiva con el cuerpo y la comida, lo más prudente es consultar con profesionales especializados en trastornos de la conducta alimentaria.

La adicción comienza con la esperanza de que algo «ahí fuera» pueda llenar instantáneamente el vacío interior» – Jean Kilbourne

Ludopatía: perder creyendo ganar

El juego puede ofrecer la expectativa de obtener dinero rápido, una carga de adrenalina y una ilusión de control. Inclusive, también puede cumplir la función de evasión ante ciertas emociones incómodas.

El juego, sobre todo en su versión online, se apoya en un mecanismo de recompensa impredecible. B.F. Skinner demostró que cuando el premio llega de forma variable e incierta, la conducta se vuelve especialmente persistente y difícil de abandonar.

Desde la Bioneuroemoción, además de atender a los mecanismos propios de la adicción al juego, puede explorarse qué función cumple esta conducta en la experiencia de la persona.

Sin dejar a un lado la posibilidad de que puedan existir aprendizajes, creencias o patrones personales y familiares relacionados con el riesgo, el dinero, el éxito o el fracaso.

Pantallas, redes sociales y videojuegos

Pasar muchas horas frente al móvil, las redes sociales o los videojuegos no significa, por sí solo, que exista una adicción.

El tiempo importa, y mucho, pero resulta más revelador observar qué lugar ocupa la tecnología en tu vida y qué ocurre cuando intentas limitarla. Estas son las señales que, según la OMS pueden indicar que el uso está dejando de ser una elección:

  • Pierdes el control con frecuencia: entras “solo cinco minutos” y terminas permaneciendo mucho más tiempo.
  • Has intentado reducir su uso, pero vuelves al mismo patrón incluso cuando te propones lo contrario.
  • Desplaza el sueño, el estudio, el trabajo, el movimiento o el contacto con otras personas.
  • Sientes irritabilidad, inquietud o un malestar difícil de sostener cuando no puedes conectarte.

¿Te reconoces en esta situación? Pero la pregunta puede llevarse un poco más lejos: ¿para qué necesitas conectarte justo en ese momento?

La pantalla puede funcionar como una vía de escape para silenciar el aburrimiento, posponer una preocupación, sentir aprobación o evitar una emoción incómoda.

Atreverte a observar esa perspectiva, sin juicio, ya es un primer paso importantísimo hacia una relación más consciente con la tecnología.

La comprensión transforma la relación con el síntoma

El cambio podría ocurrir cuando la persona deja de vivir la experiencia como una lucha contra su adicción y empieza a reconocerse como un todo coherente, aunque esa coherencia se esté expresando de una forma dolorosa.

Aquí la autoindagación se vuelve central para abrir preguntas claves que amplíen la conciencia:

Pregunta para la autoindagación Mirada 
¿Qué ocurre emocionalmente antes de recurrir a esta conducta? Observar qué emociones, pensamientos o sensaciones podrían estar relacionados con su aparición.
¿Qué cambia en mí cuando consumo o realizo esta conducta? Explorar qué función podría estar cumpliendo la conducta en ese momento, como aliviar una tensión o evitar temporalmente una sensación desagradable.
¿Reconozco situaciones, vínculos o patrones que se repiten alrededor de esta conducta? Identificar posibles aprendizajes y dinámicas personales o familiares que podrían influir en la manera de afrontar el malestar.

La conciencia de unidad en los procesos adictivos

Desde la Bioneuroemoción, la conciencia de unidad propone un cambio radical para complementar el tratamiento de las adicciones: dejar de dividirte entre una parte «sana» que quiere controlar y otra «enferma» que recae.

Esa lucha interna puede aumentar la vergüenza y la tensión, dificultando una observación más consciente de la conducta y de la función que puede estar cumpliendo. Por lo tanto, integrar la experiencia representaría un primer paso para reconocer que la conducta adictiva no surgió de la nada.

Desde esta mirada, podemos explorar si en algún momento la conducta cumplió la función de alivio, regulación o de adaptación frente a determinadas experiencias. Sin presuponer de antemano cuáles fueron.

Por eso, además de preguntarte «¿cómo elimino esto?», conviene explorar:

  • ¿Qué cambia dentro de mí cuando consumo?
  • ¿Qué emociones o sensaciones aparecen antes, durante y después?
  • ¿Qué función puede estar cumpliendo esta conducta en mi experiencia?

La conciencia de unidad no promete soluciones rápidas. Pero sí la posibilidad de dejar de luchar con uno mismo y empezar a mirarse con mayor honestidad, responsabilidad y compasión.

Por supuesto, que comprender esta función no reemplaza el tratamiento médico o psicológico, pero lo complementa.

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El síntoma pide ser escuchado

Aunque suene contradictorio, una adicción puede ser un gran espacio para iniciar un profundo proceso de autoindagación consciente, donde la persona puede detenerse y hacerse preguntas esenciales, sin juicio ni exigencia:

El síntoma no aparece para castigarnos.

Llega como una señal de que algo en nuestro sistema interno necesita atención. Es por eso que observar el contexto en el que aparece y explorar si existen patrones relacionados con la conducta puede servir de punto de inicio para observarlo con honestidad y preguntarse:

  • ¿Qué cambia en mí cuando recurro a la conducta adictiva?
  • ¿Qué emociones o sensaciones aparecen antes, durante o después?
  • ¿Qué función podría cumplir en mi experiencia?

Escuchar desde la distancia emocional estas respuestas puede ser la vía para dejar de tratar al síntoma como un enemigo y empezar a tratarlo como información.

Eso sí, esta mirada no sustituye el acompañamiento profesional ni el cuidado clínico cuando es necesario. Lo complementa.

El quiebre de la percepción como puerta a la conciencia

Cuando la percepción comienza a desgranarse, se inicia un proceso de toma de conciencia. Desde ahí, observar sin juicio puede permitir comprender mejor la conducta, el contexto en el que aparece y la función que puede estar cumpliendo.

La adicción puede entenderse entonces como una fuente de información. Y esa señal, cuando la escuchas, deja de ser solo un obstáculo y se convierte en una pista sobre lo que necesitas atender en ti mismo.

Este proceso puede incluir ampliar la mirada sobre tu historia personal, los aprendizajes familiares y las formas de gestionar el malestar que has ido incorporando.

Eso sí, recuerda que el camino de observación y autoconocimiento es valioso, pero no sustituye la atención profesional. Cuando existe pérdida de control, riesgo para la salud o un deterioro significativo de tu vida cotidiana. Pedir ayuda especializada es un acto de responsabilidad y de cuidado.

Prevención y apoyo a una persona con adicción

Acompañar a alguien con una adicción implica estar presente, pero sin invadir, ni controlar y hablando con honestidad, sin juzgar.

¿No sabes por dónde empezar? Algunas pautas que suelen ayudar son las siguientes:

  • Habla desde la preocupación, no desde el reproche.
  • No encubras las consecuencias. Hacerlo retrasa que la persona tome conciencia.
  • Favorece redes reales de apoyo: familia, amigos, grupos o profesionales.
  • Consulta a especialistas cuando la situación te desborde o haya pérdida de control.

Ten en cuenta que el mejor apoyo no consiste en salvar al otro, sino en ofrecer un espacio donde pueda mirarse con honestidad y, cuando esté listo, pedir la ayuda que realmente necesita.

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Preguntas frecuentes

¿La adicción es una enfermedad o una falta de voluntad?

Es un trastorno complejo en el que intervienen el cerebro, la conducta, las emociones y el contexto. No se resuelve solo con fuerza de voluntad.
Desde la Bioneuroemoción se reconoce la responsabilidad de la persona en su proceso, pero sin culpabilización. La voluntad es importante, pero necesita acompañamiento y herramientas.

¿Qué es la adicción emocional?

El término “adicción emocional” suele utilizarse para describir patrones de dependencia afectiva en los que existe una fuerte necesidad de mantener un vínculo, incluso cuando este genera sufrimiento.

No debe equipararse automáticamente a una adicción a sustancias ni confundirse con cualquier relación difícil.

¿Qué diferencia hay entre dependencia y adicción?

Puede existir dependencia física (tolerancia y síntomas de abstinencia) sin que se cumpla todo el patrón de adicción.
La adicción implica, además, pérdida de control y la continuidad de la conducta a pesar del daño que genera en la vida de la persona.

¿Las adicciones comportamentales son iguales que las adicciones a sustancias?

Comparten mecanismos de recompensa cerebral y rasgos como la pérdida de control y la persistencia pese al daño.
Sin embargo, tienen características propias y requieren abordajes específicos según la conducta y la situación de cada persona. No se tratan exactamente igual.

Continúa profundizando

En este vídeo, Enric Corbera explora cómo la adicción emocional puede expresarse a través de vínculos difíciles, ya sea en la familia, con amistades o en el entorno laboral. También señala que, aunque podemos llegar a reconocer este patrón, salir de él no depende únicamente de la voluntad.

Referencias

Fuentes consultadas para escribir el post

  • https://applications.emro.who.int/docs/EMRPUB_leaflet_2019_mnh_213_en.pdf 
  • https://medlineplus.gov/spanish/druguseandaddiction.html
  • https://psycnet.apa.org/record/1997-08644-006
  • https://psycnet.apa.org/record/1997-08644-006
  • https://dconducta.es/assets/2023_becona_guiabuenaspracticascalidad_prevdrogasadicciones.pdf
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/3904487/ https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/adjustment-disorders/symptoms-causes/syc-20355224
  • https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8477224/
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12612237/
  • https://www.elsevier.es/pt-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-articulo-adicciones-depresion-salud-del-hombre-S0716864014700148
  • https://www.institutocastelao.com/factores-que-influyen-en-las-adicciones/
  • https://doi.org/10.1542/peds.111.3.564 
  • https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0304541223002123
  • https://www.explorepsychology.com/variable-ratio-schedule/
Imágenes extraídas de Canva y Pixabay.
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