¿Alguna vez has sentido un malestar difícil de describir y has recurrido a una sustancia o a una conducta buscando alivio, desconexión o bienestar momentáneo?
Las adicciones no son debilidad ni falta de voluntad. Son patrones de comportamiento repetitivos y compulsivos en los que intervienen múltiples factores.
Y no, no hablamos solo de las adicciones a las sustancias. También existen las comportamentales y psicológicas.
En este artículo no encontrarás juicios. Solo una mirada cercana y profunda a qué son las adicciones, qué tipos existen y cómo, desde la Bioneuroemoción, podemos explorar la posible función emocional que una conducta puede estar cumpliendo en la experiencia de una persona.
Según la Organización Mundial de la Salud, la adicción es un proceso que afecta al cerebro de forma profunda, alterando los circuitos de recompensa, motivación y toma de decisiones. Ahí su concepto más teórico.
Pero debemos ir más allá, ya que no hablamos simplemente de consumo de sustancias. También implica actividades o incluso una dinámica emocional que se vuelve prioritaria, difícil de modular y que se mantiene aunque te genere daño.
Y no, no es cuestión de que te falte voluntad para controlarte, porque en una adicción intervienen factores biopsicosociales. Desde aquí se puede ampliar la mirada para preguntarnos:
Muchas veces confundimos ambos términos, pero para distinguir esta diferencia con claridad, conviene separar varios niveles.
Por una parte, el hábito es una conducta repetida que puede ser automática, pero que aún puedes interrumpir sin que eso te genere un coste emocional o físico intenso.
En este caso no hablamos de hábitos de conciencia, sino de conductas automatizadas y periódicas.
La adicción, incluyendo la emocional, es otra historia. De hecho, en determinados patrones de dependencia emocional, una persona puede tener vínculos que le generan sufrimiento, aunque reconozca sus consecuencias.
Esto puede convertirse en una oportunidad para explorar qué necesidades, expectativas o patrones inconscientes pueden estar influyendo en esa dificultad para desvincularse.
Aquí no hay una sustancia de por medio, pero sí una dependencia de ciertas dinámicas afectivas. Por ejemplo, la necesidad de aprobación, el miedo al abandono, el apego a relaciones que hacen daño y que se repiten aunque la persona reconozca su coste.
Esa relación desadaptativa, ese rol de salvador, esa búsqueda constante de validación externa podría brindar la posibilidad para analizar programas inconscientes.
No existe una causa única. De hecho, el fenómeno adictivo no puede reducirse a una única causa ni abordarse desde un solo nivel.
La adicción suele surgir de un tejido de factores familiares, biológicos, emocionales y sociales que se entrelazan entre sí. Tener algunos de ellos aumenta la probabilidad, pero nunca determina el destino.
Cada factor puede convertirse en información para explorar qué función puede estar cumpliendo la conducta y qué emociones, necesidades o conflictos pueden estar relacionados con ella.
Y hay más. Un estudio clásico sobre Experiencias Adversas en la Infancia (ACE) mostró que, a mayor número de adversidades vividas en la infancia, mayor era el riesgo de problemas con drogas (Dube et al., 2003).
Es que cada factor es información. Una oportunidad de preguntarnos: ¿qué me está mostrando esta experiencia?
Recuerda que las conductas de dependencia requieren valoración y acompañamiento profesional. Según cada caso, puede ser necesario un abordaje médico, psicológico y/o psiquiátrico especializado.
La conducta adictiva puede inscribirse en una lógica emocional relacionada con la historia personal, los vínculos significativos (sobre todo los traumáticos) y las formas aprendidas de afrontar el malestar.
En muchos casos, puede cumplir la función de alivio o compensación momentánea. No siempre se trata de buscar placer. También puede resultar interesante explorar si permite desconectarse temporalmente de una tensión, una emoción o un malestar difícil de sostener.
La mayoría de las veces, lo que buscas es silenciar (aunque sea por un rato) una tensión, un vacío o un malestar que resulta difícil de sostener. Es como si tu sistema dijera que algo interpretas como dolor y que necesitas desconectarte de la sensación.
Una hipótesis clínica posible es la de la automedicación de Khantzian y ampliada por los modelos de refuerzo negativo de Koob. Según esta perspectiva, ante una emoción intensa o una situación que interpretas como amenazante, aparece un impulso de buscar alivio.
Esta mirada puede complementar el abordaje de la conducta adictiva, explorando qué función puede estar cumpliendo en la experiencia de la persona y qué intenta regular o compensar.
Comprender el patrón sin juicio puede favorecer una mayor toma de conciencia, siempre como parte de un abordaje adecuado de la adicción.
Desde la Bioneuroemoción, además de la historia personal, podemos explorar la posible influencia de aprendizajes y programas familiares en la forma de afrontar el malestar.
Cuando miras hacia atrás, muchas veces aparecen patrones familiares donde quizás el silencio, el abandono, la exigencia o la falta de sostén emocional son aprendizajes inconscientes que pueden repetirse de generación tras generación.
No necesariamente se hereda la conducta en sí, sino que pueden observarse formas aprendidas de sobrellevar el malestar: callar, resistir, anestesiarse, rendirse, que guardan relación con dinámicas presentes en el entorno familiar.
Desde esta mirada, pudiéramos preguntarnos si determinadas formas de afrontar el malestar guardan relación con conflictos, aprendizajes presentes en la historia familiar.
Visto así, no es una elección consciente, sino respuesta aprendida o automatizada que puede cumplir una función determinada y que se instaló de manera voluntaria.
Cuando este entramado se hace visible, la conducta deja de leerse como un problema aislado. Aparece como una señal que invita a preguntarte:
Por supuesto que esta comprensión no busca justificar ni determinar. Señala, más bien, que ciertos patrones de familia y aprendizajes heredados pueden influir en la forma de regular el malestar y de interpretar lo que te sucede.
Como venimos comentando, las adicciones no solo se relacionan con las sustancias. También pueden manifestarse a través de conductas que, como cualquier otra vía de alivio, terminan atrapando la voluntad.
Aunque si tuviéramos que hacer una lista de adicciones a sustancias, sería la siguiente:
Por otra parte, las adicciones conductuales, como el juego de azar, las compras compulsivas, las conductas digitales problemáticas (redes sociales, videojuegos, pornografía) y hasta entrarían en la clasificación las conductas sexuales problemáticas.
Además de atender a la sustancia o conducta concreta, desde esta perspectiva podemos explorar qué función puede estar cumpliendo en la experiencia de la persona.
También puede resultar útil explorar el patrón asociado a la conducta y preguntarse qué emociones, necesidades o conflictos pueden estar relacionados con ella.
La autoindagación permite investigar qué función cumple en cada experiencia particular, sin presuponer de antemano su origen.
Toda adicción es mala, independientemente de si el narcótico es alcohol, morfina o idealismo.
Carl Gustav Jung
El paso del consumo ocasional al trastorno no es un salto, sino una escalada silenciosa. Retomando la hipótesis de la automedicación de Khantzian, el consumo puede cumplir en algunas personas una función de alivio o regulación ante determinados estados de malestar.
No obstante, lo relevante aquí no es etiquetar qué emoción oculta cada droga, sino observar qué papel cumple ese consumo en esa experiencia que te ha tocado vivir. Es decir, mirar desde la distancia emocional qué alivia, qué evita y qué se reactiva cuando falta.
En ese proceso aparecen tres fenómenos clave:
No hablamos simplemente de fuerza de voluntad. En algunos casos, el consumo puede estar asociado a la búsqueda de alivio frente a una tensión o malestar, incluso cuando sus consecuencias son negativas.
Claro está que la desintoxicación no se improvisa. Debe hacerse con supervisión médica profesional y constante. Cuidar el cuerpo mientras miras el patrón no es contradictorio: es necesario.
El alcohol ocupa un lugar particular dentro de las adicciones. Está socialmente aceptado, asociado al descanso, a la celebración o a la desinhibición.
Pero para algunas personas puede convertirse en una vía rápida para anestesiar tensiones internas que no encuentran otra forma de expresarse. En esos casos, no es solo un hábito, sino que se expresa como un mecanismo de supervivencia emocional.
Desde esta mirada, podemos explorar:
Puede estar relacionada con información emocional previa —aprendizajes familiares, silencios, formas de gestionar el estrés que ya estaban disponibles—, sin que eso signifique que toda persona con consumo problemático tenga un familiar alcohólico.
Algunas señales que pueden indicar un consumo problemático:
Si reconoces alguna de estas señales en ti o en alguien cercano, lo más prudente es consultar con un profesional de la salud mental o de adicciones.
El tabaco y las drogas psicoactivas actúan como moduladores directos de la experiencia emocional.
Desde fuera pueden verse como búsqueda de placer o evasión. Desde dentro, para algunas personas puede cumplir la función temporal de regulación ante determinados estados de malestar, como ansiedad, desborde, vacío o rigidez emocional.
Cada sustancia ofrece un atajo distinto:
Cuando el consumo produce alivio subjetivo, esa experiencia puede contribuir a reforzar la conducta, aunque no resuelva aquello que la persona pueda estar intentando gestionar o evitar.
Y cuanto más se usa para regular las emociones, más necesario puede que se haga el consumo.
Ahora bien, la conducta no surge de la nada. Es posible que se relacionen con creencias inconscientes, patrones o mandatos transgeneracionales que han desdibujado la forma en que supuestamente deberías gestionar tus experiencias y emociones.
Eso sí, si el consumo está ocupando cada vez más espacio en tu vida o en la de alguien cercano, lo más útil es consultarlo con un profesional.
«Toda adicción es un intento de llenar un vacío interior, pero el vacío no se llena desde afuera.»
Gabor Maté
No todas las adicciones tienen que ver con el consumo de sustancias. También existen las adicciones comportamentales.
Según la Organización Mundial de la Salud (CIE-11), se trata de patrones de conducta persistentes o recurrentes caracterizados por pérdida de control, prioridad creciente de esa conducta sobre otras actividades y continuidad a pesar de las consecuencias negativas.
Este tipo de adicción no genera alarma inmediata (y ahí está su mayor peligro), porque suele confundirse con responsabilidad, disfrute o normalidad.
Si deja de sentirse como una elección y se vuelve difícil de controlar, puede ser importante observar qué lugar está ocupando esa conducta en tu vida y qué función puede estar cumpliendo.
La diferencia no depende únicamente de lo que haces o de cuánto lo haces, sino también del grado de control, de sus consecuencias y de la función que esa conducta puede estar cumpliendo en tu experiencia.
No es cuestión de horas, ni de frecuencia. Tampoco se mide en tiempo de pantalla ni en euros gastados. Se mide en tres aspectos muy importantes:
Pongamos un ejemplo: Una persona llega a casa después de un día de trabajo. No está especialmente cansada, pero siente un nudo en el pecho que no sabe describir. En lugar de preguntarse qué pasa, enciende la consola y se sumerge en una partida. Tres horas después, sigue jugando. No porque lo disfrute, sino porque si para, el nudo vuelve.
El juego no es el problema. Más bien, este patrón invita a explorar qué ocurre internamente antes de jugar, qué cambia durante la conducta y qué vuelve a aparecer cuando se detiene.
Su cerebro ha aprendido que jugar es igual a alivio, y repite el patrón sin cuestionarlo.
Hay que aclarar que no todas las relaciones difíciles son una adicción. No obstante, si permaneces en una relación que te genera sufrimiento pese a reconocer sus consecuencias, puede ser importante explorar qué está dificultando la desvinculación.
¿Cómo puedes reconocer este patrón? Estas son algunas posibles señales de dependencia o de un patrón vincular problemático.
Es importante distinguir:
A través de los principios de la Bioneuroemoción, además de observar lo que ocurre en la relación, podemos explorar qué aspectos propios se activan en ese vínculo y qué necesidades pueden estar influyendo en nuestra forma de relacionarnos.
Cuando existe control, miedo, violencia o maltrato, no estamos hablando simplemente de un patrón vincular que observar. Es una situación que requiere apoyo especializado y, cuando sea necesario, medidas de seguridad.
Al igual que con las adicciones comportamentales, no toda relación con el trabajo indica que estás sumergido en un proceso adictivo. Existe la sobrecarga laboral, el perfeccionismo, el burnout y, en algunos casos, una verdadera dependencia del rendimiento.
Cuando el trabajo se convierte en adicción, quizás es una oportunidad para explorar:
También puede resultar útil observar los aprendizajes y patrones familiares relacionados con el trabajo, el esfuerzo y el valor personal. Por ejemplo, si en el entorno familiar el reconocimiento estaba especialmente vinculado al sacrificio o al rendimiento.
Es posible que esa necesidad de no parar tenga que ver con creencias heredadas de tu árbol familiar, donde el valor personal estaba ligado al sacrificio o al esfuerzo constante.
En algunas personas, la comida (especialmente a aquellas de sabores intensos, dulces o salados) puede cumplir una función de regulador emocional y proporcionar un poco de consuelo, calma o alivio momentáneo ante determinados estados de malestar.
Sin embargo, cuando el patrón se vuelve compulsivo, genera culpa intensa, se pierde el control y afecta significativamente la salud, la autoestima y te causa un sobrepeso emocional, es importante no reducir la situación únicamente a una interpretación emocional.
Ante atracones frecuentes, restricción extrema o una relación muy conflictiva con el cuerpo y la comida, lo más prudente es consultar con profesionales especializados en trastornos de la conducta alimentaria.
La adicción comienza con la esperanza de que algo «ahí fuera» pueda llenar instantáneamente el vacío interior» – Jean Kilbourne
El juego puede ofrecer la expectativa de obtener dinero rápido, una carga de adrenalina y una ilusión de control. Inclusive, también puede cumplir la función de evasión ante ciertas emociones incómodas.
El juego, sobre todo en su versión online, se apoya en un mecanismo de recompensa impredecible. B.F. Skinner demostró que cuando el premio llega de forma variable e incierta, la conducta se vuelve especialmente persistente y difícil de abandonar.
Desde la Bioneuroemoción, además de atender a los mecanismos propios de la adicción al juego, puede explorarse qué función cumple esta conducta en la experiencia de la persona.
Sin dejar a un lado la posibilidad de que puedan existir aprendizajes, creencias o patrones personales y familiares relacionados con el riesgo, el dinero, el éxito o el fracaso.
Pasar muchas horas frente al móvil, las redes sociales o los videojuegos no significa, por sí solo, que exista una adicción.
El tiempo importa, y mucho, pero resulta más revelador observar qué lugar ocupa la tecnología en tu vida y qué ocurre cuando intentas limitarla. Estas son las señales que, según la OMS pueden indicar que el uso está dejando de ser una elección:
¿Te reconoces en esta situación? Pero la pregunta puede llevarse un poco más lejos: ¿para qué necesitas conectarte justo en ese momento?
La pantalla puede funcionar como una vía de escape para silenciar el aburrimiento, posponer una preocupación, sentir aprobación o evitar una emoción incómoda.
Atreverte a observar esa perspectiva, sin juicio, ya es un primer paso importantísimo hacia una relación más consciente con la tecnología.
El cambio podría ocurrir cuando la persona deja de vivir la experiencia como una lucha contra su adicción y empieza a reconocerse como un todo coherente, aunque esa coherencia se esté expresando de una forma dolorosa.
Aquí la autoindagación se vuelve central para abrir preguntas claves que amplíen la conciencia:
| Pregunta para la autoindagación | Mirada |
| ¿Qué ocurre emocionalmente antes de recurrir a esta conducta? | Observar qué emociones, pensamientos o sensaciones podrían estar relacionados con su aparición. |
| ¿Qué cambia en mí cuando consumo o realizo esta conducta? | Explorar qué función podría estar cumpliendo la conducta en ese momento, como aliviar una tensión o evitar temporalmente una sensación desagradable. |
| ¿Reconozco situaciones, vínculos o patrones que se repiten alrededor de esta conducta? | Identificar posibles aprendizajes y dinámicas personales o familiares que podrían influir en la manera de afrontar el malestar. |
Desde la Bioneuroemoción, la conciencia de unidad propone un cambio radical para complementar el tratamiento de las adicciones: dejar de dividirte entre una parte «sana» que quiere controlar y otra «enferma» que recae.
Esa lucha interna puede aumentar la vergüenza y la tensión, dificultando una observación más consciente de la conducta y de la función que puede estar cumpliendo. Por lo tanto, integrar la experiencia representaría un primer paso para reconocer que la conducta adictiva no surgió de la nada.
Desde esta mirada, podemos explorar si en algún momento la conducta cumplió la función de alivio, regulación o de adaptación frente a determinadas experiencias. Sin presuponer de antemano cuáles fueron.
Por eso, además de preguntarte «¿cómo elimino esto?», conviene explorar:
La conciencia de unidad no promete soluciones rápidas. Pero sí la posibilidad de dejar de luchar con uno mismo y empezar a mirarse con mayor honestidad, responsabilidad y compasión.
Por supuesto, que comprender esta función no reemplaza el tratamiento médico o psicológico, pero lo complementa.
Aunque suene contradictorio, una adicción puede ser un gran espacio para iniciar un profundo proceso de autoindagación consciente, donde la persona puede detenerse y hacerse preguntas esenciales, sin juicio ni exigencia:
El síntoma no aparece para castigarnos.
Llega como una señal de que algo en nuestro sistema interno necesita atención. Es por eso que observar el contexto en el que aparece y explorar si existen patrones relacionados con la conducta puede servir de punto de inicio para observarlo con honestidad y preguntarse:
Escuchar desde la distancia emocional estas respuestas puede ser la vía para dejar de tratar al síntoma como un enemigo y empezar a tratarlo como información.
Eso sí, esta mirada no sustituye el acompañamiento profesional ni el cuidado clínico cuando es necesario. Lo complementa.
Cuando la percepción comienza a desgranarse, se inicia un proceso de toma de conciencia. Desde ahí, observar sin juicio puede permitir comprender mejor la conducta, el contexto en el que aparece y la función que puede estar cumpliendo.
La adicción puede entenderse entonces como una fuente de información. Y esa señal, cuando la escuchas, deja de ser solo un obstáculo y se convierte en una pista sobre lo que necesitas atender en ti mismo.
Este proceso puede incluir ampliar la mirada sobre tu historia personal, los aprendizajes familiares y las formas de gestionar el malestar que has ido incorporando.
Eso sí, recuerda que el camino de observación y autoconocimiento es valioso, pero no sustituye la atención profesional. Cuando existe pérdida de control, riesgo para la salud o un deterioro significativo de tu vida cotidiana. Pedir ayuda especializada es un acto de responsabilidad y de cuidado.
Acompañar a alguien con una adicción implica estar presente, pero sin invadir, ni controlar y hablando con honestidad, sin juzgar.
¿No sabes por dónde empezar? Algunas pautas que suelen ayudar son las siguientes:
Ten en cuenta que el mejor apoyo no consiste en salvar al otro, sino en ofrecer un espacio donde pueda mirarse con honestidad y, cuando esté listo, pedir la ayuda que realmente necesita.
Es un trastorno complejo en el que intervienen el cerebro, la conducta, las emociones y el contexto. No se resuelve solo con fuerza de voluntad.
Desde la Bioneuroemoción se reconoce la responsabilidad de la persona en su proceso, pero sin culpabilización. La voluntad es importante, pero necesita acompañamiento y herramientas.
El término “adicción emocional” suele utilizarse para describir patrones de dependencia afectiva en los que existe una fuerte necesidad de mantener un vínculo, incluso cuando este genera sufrimiento.
No debe equipararse automáticamente a una adicción a sustancias ni confundirse con cualquier relación difícil.
Puede existir dependencia física (tolerancia y síntomas de abstinencia) sin que se cumpla todo el patrón de adicción.
La adicción implica, además, pérdida de control y la continuidad de la conducta a pesar del daño que genera en la vida de la persona.
Comparten mecanismos de recompensa cerebral y rasgos como la pérdida de control y la persistencia pese al daño.
Sin embargo, tienen características propias y requieren abordajes específicos según la conducta y la situación de cada persona. No se tratan exactamente igual.
En este vídeo, Enric Corbera explora cómo la adicción emocional puede expresarse a través de vínculos difíciles, ya sea en la familia, con amistades o en el entorno laboral. También señala que, aunque podemos llegar a reconocer este patrón, salir de él no depende únicamente de la voluntad.
Nuevos contenidos, reflexiones y recursos para seguir ampliando tu conciencia.
Es un trastorno complejo en el que intervienen el cerebro, la conducta, las emociones y el contexto. No se resuelve solo con fuerza de voluntad.
Desde la Bioneuroemoción se reconoce la responsabilidad de la persona en su proceso, pero sin culpabilización. La voluntad es importante, pero necesita acompañamiento y herramientas.
El término “adicción emocional” suele utilizarse para describir patrones de dependencia afectiva en los que existe una fuerte necesidad de mantener un vínculo, incluso cuando este genera sufrimiento.
No debe equipararse automáticamente a una adicción a sustancias ni confundirse con cualquier relación difícil.
Puede existir dependencia física (tolerancia y síntomas de abstinencia) sin que se cumpla todo el patrón de adicción.
La adicción implica, además, pérdida de control y la continuidad de la conducta a pesar del daño que genera en la vida de la persona.
Comparten mecanismos de recompensa cerebral y rasgos como la pérdida de control y la persistencia pese al daño.
Sin embargo, tienen características propias y requieren abordajes específicos según la conducta y la situación de cada persona. No se tratan exactamente igual.
En este vídeo, Enric Corbera explora cómo la adicción emocional puede expresarse a través de vínculos difíciles, ya sea en la familia, con amistades o en el entorno laboral. También señala que, aunque podemos llegar a reconocer este patrón, salir de él no depende únicamente de la voluntad.
Nuevos contenidos, reflexiones y recursos para seguir ampliando tu conciencia.