Honrar a tu padre y a tu madre: ¿qué significa realmente y cómo nos influye este mandato?

16 agosto 2022

Cada uno de nosotros, a partir de nuestras creencias, otorgamos un significado diferente al mandato familiar y social de “honrar a los padres».

Es este audio, Enric Corbera nos habla de las lealtades invisibles: cómo estamos atrapados por una programación invisible que nos han transmitido nuestros ancestros.

En la mayoría de culturas y sociedades a lo largo de la historia se ha considerado a los padres como las figuras de mayor sabiduría e importancia, y se ha promovido el respeto y la lealtad hacia ellos. 

Cuando no conocemos el auténtico significado de esta idea, la relación con nuestros padres puede convertirse en un obstáculo para nuestro crecimiento personal y bienestar emocional. Sin embargo, comprender en qué consiste realmente, nos permite reconciliarnos con ellos y recuperar las riendas de nuestra vida.

Si quieres conocer la visión que tiene la Bioneuroemoción sobre este tema, y cómo te puede ayudar a establecer una relación más saludable y constructiva con tus padres, estén o no presentes, te invitamos a leer este artículo.


En este video Enric Corbera nos indica la diferencia entre una lealtad familiar y honrar a la familia .

¿Qué significa el mandato “Honra a tu padre y a tu madre”?

La palabra honrar se deriva del latín honorare u honoris y significa respetar, dar honor o celebridad, enaltecer o premiar el mérito de alguien.

Este significado nos da una idea general de lo que es honrar a nuestros padres, sin embargo la interpretación personal de esas palabras es única y está influenciada por nuestras creencias y las enseñanzas que nos han inculcado.

Por ejemplo, en el ámbito de la religión, el significado que se atribuye a honrar a los padres, implica alabación y estima mediante el respeto, la obediencia, la admiración y la retribución. 

Una interpretación poco flexible de esas palabras puede influirnos de manera limitante, impidiéndonos madurar emocionalmente y asumir las riendas de nuestra vida.

honrar madre hijos

Las creencias determinan nuestras experiencias

El núcleo familiar es donde tenemos nuestro primer contacto con la visión del mundo y de nosotros mismos, la cual está condicionada por las ideas y la forma de vida de nuestros padres y quienes nos rodean.

De esta manera, somos influenciados por su forma de pensar, sentir y comportarse. Nosotros asumimos esa información como verdadera, generando nuestro propio mapa mental, basado en un sistema de creencias, conscientes e inconscientes, que son las que terminan por regir nuestra vida.

Las creencias son ideas, construcciones mentales o pensamientos que asumimos como ciertos o probables acerca del mundo, su funcionamiento y de nuestros comportamientos frente a las circunstancias de la vida.

Nuestras creencias sostienen lealtades invisibles

Durante los primeros años de vida tenemos la necesidad de recibir cuidados para sobrevivir, y es durante esa etapa que creamos vínculos de apego con nuestros padres o cuidadores.

A medida que vamos creciendo integramos estas figuras como nuestros modelos de referencia, asumiendo como nuestras la ideología, valores, costumbres y creencias de la familia.

Al hacernos más grandes la necesidad de cuidado se transforma en necesidad de aceptación y pertenencia, y de esta forma a través de nuestras creencias nos mantenemos leales a nuestro sistema.

“No somos lo que deseamos ser. Somos lo que la sociedad exige. Somos lo que nuestros padres eligieron. No queremos decepcionar a nadie, sentimos una gran necesidad de ser amados. Por eso reprimimos lo mejor de nosotros mismos. Poco a poco, lo que era la luz de nuestros sueños se convierte en el monstruo de nuestras pesadillas. Son los deseos no realizados, las posibilidades no vividas.”

Paulo Coelho

Sentimiento de deuda hacia los padres

En cada sistema familiar existe una especie de “contrato invisible” que pretende unir a la familia bajo reglas implícitas que todos los miembros asumen, consciente o inconscientemente. De esta forma, desarrollamos un sentimiento de fidelidad y compromiso que nos mantiene vinculados a la información de nuestro sistema.

En este sentido, se nos han transmitido creencias en torno a lo que significa honrar a los padres que llevan implícita la idea de deuda, compromiso o lealtad inquebrantable hacia ellos. 

Estas creencias sustentan una idea errónea del significado de “honrar”, que nos impide evolucionar y madurar emocionalmente.

Si, a nivel inconsciente, tenemos este sentimiento de obligación o deuda hacia nuestros padres no podremos realizarnos en lo individual, porque mantendremos la “lealtad” a los nuestros, dejando de lado nuestras propias necesidades y prioridades.

O bien en la otra polaridad, es posible que al tomar decisiones diferentes a las de nuestro clan y seguir nuestros propios pasos en la vida, tengamos un sentimiento de culpa porque creemos que estamos “desobedeciendo” el mandato familiar

El rol de los hijos en relación a los padres

La figura de los padres es fundamental en nuestra vida porque son los encargados de  brindarnos protección, afecto, estructura, guía y apoyo a lo largo de nuestro desarrollo. 

Sin embargo, los padres no son perfectos y lo más habitual es que no se ajusten a nuestras expectativas. Ellos nos han educado en base a sus propios aprendizajes creencias y condicionamientos, adquiridos a su vez en su ambiente familiar de la infancia. 

Así, muchos padres no logran amarnos como esperábamos, pueden haber sido demasiado autoritarios, ausentes, sobreprotectores, abusivos, etc. Ser adultos emocionales implica dejar de juzgarlos y asumir la responsabilidad de nuestra vida, permitiendo que el juicio de paso a la comprensión.

“La compasión por nuestros padres es el verdadero signo de la madurez.”

Anaïs Nin

Si no damos este paso y nos emancipamos emocionalmente, el resentimiento hacia ellos puede generar un choque interno con la idea impuesta, consciente o inconscientemente, de que tenemos que honrarlos para ser “buenos hijos”.  

Ser “buenos hijos” nos impide madurar emocionalmente

Muchas personas, cuando llegan a la edad adulta,  siguen pensando que ser un “buen hijo/a” es hacer lo que sus padres quieren y ser lo que ellos esperan para no disgustarlos

Aunque piensan que hacen lo correcto, y con la mejor de las intenciones, esta actitud no tiene nada que ver con lo que realmente significa “honrar a los padres», ya que entorpece su desarrollo, generandoles frustración y resentimiento.

Es decir, ajustarnos a unas reglas preestablecidas y esforzarnos por encajar con lo que se espera de nosotros nos impide evolucionar y madurar emocionalmente, a tal punto de que no nos permite vivir nuestra vida. 

Por tanto, el verdadero significado de ser buenos hijos y honrar a los padres es tomar las riendas de nuestra vida, para dejar de cargar sobre sus hombros la responsabilidad de nuestro bienestar

Alcanzar la madurez emocional

Sería ideal que todos los padres quisieran a sus hijos como ellos lo requieren, pero no siempre es así. 

Cuando las personas adultas siguen culpando a sus padres por sus inseguridades, carencias y frustraciones, los están utilizando como excusa para no responsabilizarse de su propia vida. Es decir, se mantienen en una inmadurez emocional que les impide evolucionar.

Además, se ajusten o no a lo que esperan de ellas sus progenitores, les están negando su amor porque no las quisieron como deseaban. Sin embargo, no están siendo conscientes de que los padres también han tenido una historia con traumas y heridas propias, con lo cual han hecho lo mejor que han sabido.

“Una persona solo puede encontrar la felicidad estando en paz con ambos padres.”

Bert Hellinger

Emanciparse emocionalmente de los padres

La madurez no se alcanza con los años, sino que se produce cuando nos emancipamos emocionalmente de nuestros padres.

Este proceso implica aceptar y comprender a los padres, dejar de esperar que ellos cambien, que nos acepten, nos apoyen o nos quieran; y llevar a cabo todo eso por nosotros mismos.

Si cuestionamos la manera en que hemos interpretado nuestra historia y ponemos en orden el lugar de donde venimos, podemos aceptar, valorar y agradecer lo que nos han dado.

Al comprender y perdonar los errores de nuestros padres nos liberamos y podemos verlos con gratitud. Sentirnos agradecidos, es un indicador de que hemos alcanzado la madurez emocional y es lo que nos permite honrar a los padres de una manera beneficiosa para todos.

«Hay una fecha de caducidad para culpar a tus padres por conducirte en dirección equivocada; en el momento que tienes edad suficiente para tomar el timón, la responsabilidad es tuya». 

JK Rowling

Reconocer y aceptar el regalo de nuestros padres

Hacer las paces con nuestros padres

Estar en guerra con nuestros padres nos impide estar en paz con nosotros mismos y en consecuencia no podemos avanzar en la vida.

Cuando pensamos que ellos no nos quieren, no han hecho bien las cosas, no nos han dado lo que esperábamos, nos han arruinado la vida con sus decisiones, o cualquier otra opción que venga desde la crítica y el juicio, estamos condicionando sin saberlo nuestra propia vida.

Ya que al criticar a otras personas, en especial a nuestros padres, estamos juzgando y rechazando partes de nosotros mismos, que no podemos o no queremos ver.

A continuación encontrarás un ejercicio de autoindagación que te permitirá reconocerte a través de tus padres y te dará la oportunidad de identificar e integrar aspectos propios que son necesarios para tu evolución, equilibrio y bienestar personal.

efecto domino

Actividad: la proyección en los padres

Nuestro mayor recurso está en aquello que juzgamos en los demás. Por lo tanto te invitamos a reconocer como propias, esas cualidades que ves y juzgas – como “positivas” o “negativas” – en tus padres, ya que son un regalo que tan pronto como aceptes e integres en ti, te permitirán ser una versión más completa y libre de ti mismo/a

Esta actividad consiste en aprovechar nuestras proyecciones para encontrar recursos personales. De este modo, el juicio que albergamos se transforma en agradecimiento.

  • Haz una lista de 2 o 3 virtudes que tienen o tuvieron tu madre y tu padre. Algunas cualidades que para ti les hacen destacar de manera especial.

  • Después haz otra lista con sus defectos. Malas actitudes o cualidades negativas que percibas de tu padre y tu madre.

En este punto, puedes observar las características que has escrito y darte cuenta que, de manera objetiva, no son ni buenas ni malas. Son aspectos de la personalidad que se han considerado como virtudes o defectos en base a las creencias del sistema familiar y, probablemente, del contexto cultural. 

Sin embargo, desde una mirada más amplia, podemos comprender que estas características pueden ser beneficiosas o perjudiciales según el contexto

Por ejemplo, la capacidad de conectar con los demás empáticamente es beneficiosa si la expresamos adecuadamente. Es decir, la carencia de empatía nos desconecta del otro, y ser empáticos en exceso, nos aleja de nosotros mismos. 

  • Por último pregúntate de qué manera éstas características o cualidades están presentes en ti. Puede ser que tú las expreses de la misma manera, o de forma complementaria. 

Por ejemplo:

  • “Mi madre es espléndida con el dinero y yo también lo soy”. O bien, en su expresión complementaria: “Soy ahorradora y me cuesta gastar lo que tengo”. 
  • “Mi padre es autoritario y yo también lo soy”. O, en el aspecto complementario: “Soy relajado con las normas y me cuesta poner límites”.

Del juicio a la gratitud

La mejor manera que tenemos de descubrir recursos personales es a través de la proyección, en este caso de nuestros padres. Una vez que conseguimos integrar en nosotros lo que vemos en ellos, podremos pasar del juicio a la gratitud

Para trascender los conflictos y estar en paz con los padres es necesario comprender que en aquello que juzgamos está nuestro mayor recurso

Recuperar e integrar estas características en nuestra vida, nos permite ir ampliando nuestros recursos personales, es decir, irnos transformando en personas más adaptables y completas.

En este proceso de evolución y crecimiento personal, en el que aceptamos el legado de nuestros padres, estamos honrando lo que han sido, lo que nos han ofrecido y, especialmente, la vida que nos han dado.

honrar guiar flechas


Significado de honrar a los padres desde la Bioneuroemoción

Cambio personal y equilibrio en el sistema familiar

En el ámbito de la química, a la tendencia de un sistema a mantener su unidad, identidad y equilibrio frente al medio, se le conoce como homeostasis.

Al igual que sucede en la química, en la familia cada integrante cumple con una función determinada que ayuda al equilibrio del sistema. Por tanto, el cambio que ocurre en uno de los miembros de la familia es seguido por otros cambios compensatorios que restauran el equilibrio.

Cuando uno de los miembros de la familia trasciende su rol y se permite experimentar otras posibilidades, el sistema se desestabiliza y trata de encontrar un punto de equilibrio distinto. Este reajuste, lejos de ser perjudicial, desestabiliza estructuras obsoletas y facilita el cambio en los otros integrantes del clan.  

De la culpa a la responsabilidad: el camino de la conciencia

Independientemente de la experiencia que hayamos tenido con nuestros padres, o con los adultos que representaron este rol en nuestra infancia, las experiencias que hemos compartido con ellos definen en gran medida quienes somos hoy en día.

Si no estamos satisfechos con alguna faceta de nuestra vida, culpar a los padres es una gran excusa para no cambiar

Sin embargo,  echar la vista atrás sin juicio y con una mirada compasiva, nos permite tomar conciencia y recibir los aprendizajes que nos ofrecen como un regalo para construirnos como adultos, desde la responsabilidad y el agradecimiento.

Conclusión

Por tanto, honrar a nuestros padres no es obedecerlos ciegamente, sino experimentar la libertad que ellos no tuvieron o no se permitieron. Nuestro papel es, precisamente, honrar la vida que nos han dado y desarrollar las partes de nosotros mismos que nos lleven a vivir mejor, contribuyendo de este modo a la evolución del clan. 

Para lo cual es necesario que tomemos las riendas de nuestra vida y nos responsabilicemos de nuestro bienestar. Amar y aceptar nuestra historia con todos sus elementos, es una forma de amarnos y aceptarnos a nosotros mismos.

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