Mandatos familiares: ¿para qué sigo obedeciendo a mis padres?

30 marzo 2023

Reconocer la influencia de los mandatos familiares en nuestra vida adulta nos permite trascender aquellos que nos están limitando sin ser conscientes de ello.

¿Cuántos de nosotros seguimos obedeciendo de forma consciente o inconsciente a nuestros padres? Tanto si hacemos lo que aprendimos y se espera de nosotros, como si hacemos todo lo contrario, cuando nos sentimos limitados y en conflicto es posible que estemos manteniendo una lealtad familiar que nos lleva a vivir en incoherencia.

En este artículo hablaremos de qué son los mandatos familiares, cómo nos siguen condicionando y cómo podemos identificarlos para trascender dicha información.

 

¿Qué son y en qué nos afectan los mandatos familiares?

Los mandatos familiares son mensajes que son transmitidos de generación en generación. Expresan lo que es aceptado o rechazado dentro de la familia e implican creencias, valores y hábitos, como también prejuicios.

Muchas veces el poder de esas creencias condiciona nuestras vidas hasta el punto que, una vez alcanzada la edad adulta, seguimos obedeciendo inconscientemente aquello que aprendimos cuando éramos niños.

Vivir la vida que los demás quisieran para nosotros, o hacer todo lo contrario, es igualmente limitante, pues equivale a rechazar y reprimir partes de nuestra personalidad, impidiendonos expresar quienes realmente somos

 

 

Esto nos lleva a vivir en una incoherencia que puede verse reflejada en relaciones disfuncionales, frustraciones laborales, bloqueos, e incluso en el deterioro de nuestra salud emocional y bienestar

 

«Solo hay una causa de infelicidad: las falsas creencias que tienes en tu cabeza, creencias tan extendidas que no se te ocurren cuestionar.»

Anthony de Mello

 

La familia y sus mandatos

Según la Dra. Lorna Smith Benjamin, la naturaleza nos programa para obedecer a nuestros padres.  Como licenciada en Psicología y profesora asociada en la Universidad de Utah, Lorna Smith es reconocida internacionalmente por el estudio de los trastornos de la personalidad desde una perspectiva relacional.

Su método llamado Terapia Reconstructiva Interpersonal (TRI) tiene en cuenta nociones de biología natural y dinámicas interpersonales para explicar los mecanismos de gestación psicopatológica. Asegura que el trastorno mental “se trata de corazones rotos, no de cerebros rotos”.

 

¿Para qué seguimos obedeciendo a nuestros padres?

Desde un punto de vista biológico, para sobrevivir, puesto que somos seres adaptativos. Al igual que los animales, aprendemos de nuestros padres a distinguir lo que representa una zona de seguridad, como  lo que implica una amenaza a nuestra supervivencia.

En nuestra infancia, hacemos lo que nuestros padres esperan de nosotros con tal de recibir su amor y cuidados. Son nuestros referentes, por eso vamos reproduciendo sus conductas y almacenando la información que nos brindan.

 

 

Tal como nuestros padres lo hicieron con los suyos, esta dinámica puede ser una cadena interminable si no somos conscientes de nuestras creencias o no nos cuestionamos si realmente hacemos lo que queremos hacer. Tomar conciencia y elegir de nuevo es lo que nos permite reescribir nuestra historia y vivir nuestra vida realmente.

 

«Ser tú mismo en un mundo que intenta constantemente convertirte en otra cosa es el mayor logro».

Ralph Waldo Emerson

 

Ejemplos de mandatos familiares

Estos ejemplos muestran cómo algunos mandatos familiares vienen recubiertos de buenas intenciones, pero que al ser creencias que no son flexibles, condicionan nuestro crecimiento y el desarrollo de nuestras virtudes y dones:

 

«Para ser alguien en la vida necesitas tener una profesión».

«Debes de seguir los pasos de tu padre/ madre para que te vaya bien en la vida».

«La familia es lo primero».

 

Otro ejemplo de creencia, son las frases que repiten los padres a sus hijos en edades tempranas. Si le dice constantemente a su hijo: “Nunca haces nada bien”, el niño puede pensar de sí mismo: “Nunca hago nada bien” y esperará que los que lo quieren se enfaden con él.

Esta creencia se instala en el niño/a y afectará su comportamiento en la vida adulta, cuando esperará inconscientemente la misma reacción de las personas que lo quieren, de sus jefes o de las figuras de autoridad.

 

 

Del mismo modo, hay frases que, aunque pueden parecer potenciadoras, si se utilizan en exceso y de manera determinante, acaban siendo igualmente limitantes

Por ejemplo: “Mi hijo es un excelente estudiante”, “Eres el mejor del equipo”, “Eres siempre la más guapa”, etc. Estas apreciaciones de los adultos llevan a la persona a basar su valor en un atributo o característica que, cuando no se ajusta a la realidad que vive, puede generar desvalorización, inseguridad y sufrimiento. 

¿Cómo romper un mandato familiar?

No se trata de romper con un mandato, sino de trascender y comprender nuestras herencias familiares. Para ello es necesario dejar de juzgar  aquello que nos enseñaron.

Si calificamos negativamente los mandatos, creencias o valores que nos inculcaron en la familia, sólo nos encadenamos al sufrimiento. Porque el resentimiento no nos permite ser libres emocionalmente.

En su lugar, si tomamos conciencia del para qué seguimos sosteniendo los programas o creencias que heredamos de nuestros ancestros, podremos indagar en su sentido actual. Una forma de observarlo es hacernos estas preguntas:

 

¿Cuáles son los beneficios que todavía obtenemos al mantener estos mandatos?

¿Qué nos impiden hacer, decidir o cambiar dichos comportamientos?

¿Qué aguantamos aunque no queremos hacerlo con tal de sostener nuestras creencias?

¿Para qué mi mamá me enseñó a temer a los hombres?

¿Para que me enseñaron a no pedir ayuda?

 

Realizar este tipo de autoindagación nos invita a responsabilizarnos de nuestra vida y evitar  seguir utilizando los mismos mecanismos de supervivencia que aprendimos de niños. De este modo podemos recuperar nuestra libertad emocional y volver a elegir más consciente y coherente la vida que queremos vivir.

 

«No puedes cambiar lo que has recibido de tus padres, pero puedes decidir qué hacer con ello.»

Zig Ziglar

 

 

Conclusión

Al tomar conciencia de cómo seguimos obedeciendo a nuestros padres podremos cambiar nuestra percepción de los hechos y darles un nuevo sentido. Esto nos permite comprender que la información que recibimos de nuestra familia es la indicada para que desarrollemos nuevas fortalezas y virtudes.

Cuando dejamos de juzgar aquello que recibimos de nuestros padres, y  entendemos que nos fue útil en un periodo de nuestra vida para adaptarnos al sistema, también comprendemos que ellos nos lo enseñaron porque fue útil para ellos. Además rechazar una parte de nuestra historia es no aceptar una parte de nosotros mismos.

Para responsabilizarnos de nuestras vidas es preciso dejar de usar lo que nos enseñaron, o lo que esperan de nosotros, como excusa para no responsabilizarnos de nuestro bienestar. Esta es la mejor manera de honrar a nuestros padres, agradecer lo que nos han ofrecido y vivir plenamente la vida que nos han dado.

 

 

Si quieres seguir profundizando sobre este tema, puedes acceder a este material en nuestro canal de Spotify y de Youtube:

 

Aprender a cuestionar nuestras creencias es el primer paso para poder trascender nuestros bloqueos y limitaciones. En este podcast Enric Corbera nos enseña algunas pautas para que podamos lograrlo.

 

En este video David Corbera nos invita a reflexionar acerca de qué podemos aprender de nuestro ambiente familiar y cómo influye actualmente en nuestras vidas. Podrás ver casos reales, con temáticas que se viven en el día a día, de las cuales podrás obtener muchos aprendizajes.

 

 

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