Y, sobre todo, ¿quién es más vulnerable a la infidelidad?
La infidelidad suele interpretarse como una traición, una falta de compromiso o una decisión consciente que rompe la confianza en la pareja. Sin embargo, cuando observamos este fenómeno con mayor profundidad, descubrimos que rara vez aparece de forma repentina.
Detrás de una infidelidad suele existir una historia emocional, una manera de vincularse y una dinámica relacional que se ha ido construyendo con el tiempo.
Comprenderla implica ir más allá del juicio moral para explorar los patrones emocionales inconscientes que condicionan nuestras relaciones. No se trata de justificar una conducta, sino de entender qué necesidades, heridas o conflictos pueden estar expresándose a través de ella.
La infidelidad no es un evento aislado ni fruto de una simple tentación. Suele ser el resultado de la convergencia de tres factores fundamentales: la personalidad (quién es más vulnerable), el estilo de apego (desde dónde se activa la necesidad) y la comunicación (cómo se gestiona el conflicto dentro de la relación).
Cuando estos tres elementos se combinan de forma desfavorable, aumenta el riesgo de que aparezcan conductas que erosionen la confianza y la intimidad.
Desde la perspectiva de la Bioneuroemoción, toda conducta cumple una función adaptativa, aunque a veces resulte dolorosa o destructiva. La pregunta no es únicamente qué ha ocurrido, sino para qué ha ocurrido y qué información nos aporta acerca de nuestra forma de relacionarnos.
Comprender esto nos permite abandonar la búsqueda de culpables para comenzar un proceso de comprensión más profundo.
La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby y ampliada posteriormente por Mary Ainsworth, explica que la forma en que aprendimos a vincularnos durante la infancia deja una huella significativa en nuestras relaciones adultas.
A través de nuestras primeras experiencias afectivas desarrollamos una respuesta inconsciente a una pregunta esencial: ¿Puedo confiar en que el otro estará disponible cuando lo necesite?
La respuesta emocional que construimos durante la infancia suele acompañarnos durante toda la vida.
La Bioneuroemoción nos guía en la observación de cómo muchos de estos patrones no solo proceden de nuestra historia personal, sino también de aprendizajes familiares heredados. A veces repetimos formas de amar, de alejarnos o de sufrir que ya estaban presentes en generaciones anteriores.
Por ejemplo, una persona que creció viendo relaciones marcadas por el abandono puede desarrollar una intensa necesidad de confirmación afectiva. Otra que aprendió que mostrar vulnerabilidad era peligroso puede construir vínculos donde la distancia emocional parece más segura que la intimidad.
Las personas con apego ansioso suelen vivir las relaciones con una gran sensibilidad al rechazo.
Necesitan sentirse elegidas, priorizadas y constantemente confirmadas por la pareja. Cuando perciben distancia, indiferencia o falta de atención, experimentan una intensa inseguridad emocional.
En estos casos, la infidelidad no suele surgir exclusivamente por deseo sexual. Con frecuencia aparece como una búsqueda inconsciente de validación.
La atención de una tercera persona puede convertirse temporalmente en una fuente de alivio emocional. La sensación de ser deseado, admirado o valorado compensa momentáneamente el miedo al abandono que permanece activo en el interior.
Quizá, en lugar de centrarnos únicamente en la conducta, resulte más revelador dirigir la mirada hacia nuestro mundo interior. A veces, detrás de la necesidad constante de atención o reconocimiento, existen preguntas profundas que merecen ser escuchadas:
Explorar estas cuestiones no siempre ofrece respuestas inmediatas, pero puede abrir un espacio de comprensión que permita reconocer necesidades emocionales que llevan tiempo intentando expresarse.
En muchos casos, detrás de la búsqueda constante de aprobación existe una herida emocional que todavía debe ser reconocida. Además, este patrón suele relacionarse con la dependencia emocional, donde la propia identidad queda excesivamente vinculada a la aceptación de la pareja.
En el extremo opuesto encontramos el apego evitativo. Aquí el miedo principal no es perder al otro, sino perder la propia autonomía.
La intimidad profunda puede percibirse como algo invasivo o asfixiante. Cuanto más cercana se vuelve una relación, más necesidad aparece de recuperar espacio, independencia o control.
En este contexto, la infidelidad puede funcionar como un mecanismo inconsciente para mantener una distancia emocional segura. La persona continúa dentro de la relación, pero evita entregarse completamente a ella.
Desde la mirada de la Bioneuroemoción resulta interesante explorar preguntas como:
Tomar conciencia de estos patrones permite comprender que, en ocasiones, no huimos de la pareja, sino del miedo que la intimidad despierta en nosotros.
«Muchas veces la infidelidad se convierte en una solución defensiva frente a una inseguridad de apego que no ha sido elaborada.»
David Corbera
Aunque cada persona es única y ninguna conducta puede explicarse únicamente por el estilo de apego, comprender estas tendencias ayuda a identificar necesidades emocionales que suelen permanecer ocultas detrás de los conflictos de pareja. El siguiente cuadro resume algunas diferencias frecuentes entre el apego ansioso y el evitativo.
| Aspecto | Apego ansioso | Apego evitativo |
|---|---|---|
| Miedo principal | Ser abandonado o no sentirse prioritario | Perder autonomía o sentirse atrapado |
| Cómo vive la relación | Busca cercanía, atención y confirmación constante | Necesita espacio y puede sentirse incómodo con demasiada intimidad |
| Señales habituales | Hipervigilancia, necesidad de seguridad afectiva, miedo al rechazo | Distanciamiento emocional, dificultad para expresar vulnerabilidad |
| Función que puede cumplir la infidelidad | Obtener validación, reconocimiento o sensación de ser deseado | Recuperar distancia emocional y preservar la sensación de independencia |
| Conflicto interno predominante | “¿Y si dejo de ser importante para el otro?” | “¿Y si pierdo mi libertad dentro de la relación?” |
| Forma habitual de reaccionar ante las crisis | Insistencia, demanda afectiva, búsqueda de respuestas inmediatas | Retirada, silencio, evitación del conflicto |
| Necesidad emocional de fondo | Seguridad, reconocimiento y pertenencia | Seguridad a través de la autonomía y el control |
| Oportunidad de crecimiento | Aprender a validar el propio valor sin depender exclusivamente del otro | Aprender a sostener la intimidad sin vivirla como una amenaza |
Aunque los estilos de apego tienen una enorme influencia en las relaciones, existe otro factor decisivo: la comunicación.
Todas las parejas discuten, las diferencias son inevitables. Lo que marca la diferencia entre una relación que evoluciona y otra que se deteriora no es la ausencia de conflicto, sino la forma de gestionarlo.
El psicólogo John Gottman dedicó décadas a estudiar parejas reales y llegó a una conclusión reveladora: el riesgo de ruptura no depende de cuánto discute una pareja, sino de cómo discute.
Cuando la comunicación se vuelve sistemáticamente destructiva, la intimidad comienza a erosionarse. Y cuando desaparece la intimidad, aumenta la vulnerabilidad a la infidelidad.
Gottman identificó cuatro comportamientos especialmente perjudiciales para la estabilidad de la pareja.
No consiste en señalar una conducta concreta, sino en atacar la identidad del otro.
No es lo mismo decir: «Me gustaría que me ayudaras más en casa» que afirmar: «Eres un egoísta». La primera frase abre una conversación. La segunda genera una herida.
Aparece cuando una persona evita asumir responsabilidad y responde justificándose constantemente.
En lugar de escuchar el malestar de la pareja, se centra en demostrar que la culpa pertenece al otro. La comunicación deja de ser un espacio de encuentro para convertirse en una lucha por tener razón.
Muchas personas creen que evitar el conflicto es una forma de proteger la relación.
Sin embargo, el silencio prolongado, la desconexión emocional o retirarse constantemente también comunican: Comunican distancia, ausencia; que el problema no puede ser abordado.
Este patrón suele aparecer con frecuencia en personas con apego evitativo.
Es el patrón más dañino de todos. Se expresa mediante sarcasmos, burlas, superioridad moral o descalificaciones constantes.
Cuando aparece el desprecio, la pareja deja de percibirse como un equipo y comienza a funcionar desde la jerarquía y la desvalorización. La confianza se rompe mucho antes de que ocurra una infidelidad.
Existe una idea muy extendida que afirma que las parejas felices apenas tienen conflictos.
La realidad es bastante diferente. Las relaciones duraderas no son aquellas que nunca discuten, sino aquellas que saben reparar el vínculo después del conflicto.
Toda convivencia genera tensiones. La diferencia radica en la capacidad de volver a encontrarse después de la discrepancia. Pedir perdón. Escuchar. Reconocer el dolor causado. Buscar comprensión mutua.
Cuando esto ocurre, la confianza se fortalece incluso después de momentos difíciles. Por el contrario, cuando los problemas se silencian sistemáticamente, la relación puede seguir funcionando en apariencia, pero la intimidad comienza a desaparecer.
Y es precisamente en ese vacío emocional donde muchas veces aparece la vulnerabilidad a la infidelidad. Para hacerle frente podrías preguntarte:
La respuesta a estas preguntas puede revelar necesidades profundas que hasta ahora se han manifestado de forma indirecta.
Cuando una infidelidad ocurre, la atención suele centrarse en el hecho visible. Sin embargo, el verdadero aprendizaje aparece cuando observamos el contexto emocional que la rodea.
Esto no significa minimizar el daño causado ni justificar comportamientos que generan sufrimiento. Se trata de reconocer que todo conflicto relacional contiene información valiosa sobre nosotros mismos.
La persona que ha sido infiel puede descubrir inseguridades, vacíos afectivos o necesidades no expresadas. Quien ha sufrido la traición puede tomar conciencia de dinámicas relacionales que permanecían invisibles.
Y ambos pueden explorar qué patrones personales o familiares estaban influyendo en la relación. En ocasiones, una crisis profunda se convierte en el punto de partida para una transformación significativa.

Existe una reflexión especialmente valiosa para comprender la salud de un vínculo: Una relación se vuelve inviable cuando, para seguir perteneciendo a ella, tienes que dejar de ser quien eres.
Muchas personas intentan sostener relaciones sacrificando partes esenciales de sí mismas: callan necesidades, ocultan emociones, renuncian a deseos legítimos. Se adaptan constantemente para evitar el conflicto.
Pero la verdadera intimidad no nace de la adaptación permanente, sino de la autenticidad. Carl Rogers afirmaba que la paradoja del cambio consiste en que solo podemos transformarnos cuando nos aceptamos tal y como somos.
Cuando comprendemos nuestra historia emocional y aceptamos la del otro, aparece la posibilidad de construir un vínculo más consciente.
Comprender las causas de una infidelidad psicológica no implica justificarla. Implica mirar más allá del síntoma para descubrir qué necesidades, heridas o aprendizajes estaban intentando expresarse.
Quizá la pregunta más importante no sea quién es más vulnerable a la infidelidad. Tal vez la pregunta transformadora sea: ¿Qué aspectos de mí necesitan ser comprendidos para construir relaciones más conscientes, honestas y coherentes con quien realmente soy?
Porque cuando dejamos de luchar contra nuestra historia y comenzamos a comprenderla, aparece la posibilidad de relacionarnos desde un lugar diferente: más libre, más auténtico y profundamente humano.
No existe un único perfil de persona infiel. Sin embargo, algunas características pueden aumentar la vulnerabilidad, como la inmadurez emocional, los estilos de apego inseguros, la dificultad para gestionar conflictos o una necesidad constante de validación externa. La infidelidad suele ser el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí, más que de una única causa.
El estilo de apego influye en cómo vivimos la intimidad, la confianza y el miedo a la pérdida. Por ejemplo, una persona con apego ansioso puede buscar fuera de la relación la validación que siente que le falta, mientras que una persona con apego evitativo puede utilizar la distancia emocional para proteger su autonomía. En ambos casos, la infidelidad puede convertirse en una forma de gestionar necesidades emocionales no resueltas.
Sí. Cuando los conflictos no se expresan de manera saludable, la conexión emocional suele deteriorarse progresivamente. La crítica constante, la actitud defensiva, el silencio prolongado o el desprecio pueden debilitar la confianza y la intimidad de la pareja. Con el tiempo, esta desconexión puede aumentar el riesgo de buscar fuera de la relación aquello que no se está encontrando dentro de ella.
La diferencia no suele estar únicamente en el hecho ocurrido, sino en la capacidad de ambos miembros para afrontar la crisis. Las parejas que consiguen reconstruirse suelen estar dispuestas a dialogar, asumir responsabilidades, comprender las necesidades emocionales implicadas y reparar el daño causado. Cuando existe voluntad de comprensión mutua, una crisis puede convertirse en una oportunidad de transformación.
No. Comprender no es justificar. Explorar las causas psicológicas y emocionales que pueden haber influido en una infidelidad permite entender mejor lo ocurrido y aprender de la experiencia. Esta comprensión puede ayudar tanto a quien ha sido infiel como a quien ha sufrido la traición a tomar decisiones más conscientes y a construir relaciones más saludables en el futuro.
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¿Por qué algunas parejas sobreviven a la infidelidad y otras se rompen? En este video, David Corbera reflexiona sobre el apego y la comunicación, y cómo estas dinámicas marcan la estabilidad de la relación.
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