¿Qué hay detrás del perfeccionismo?

15 febrero 2021

¿Te consideras una persona perfeccionista? ¿Qué necesitas para sentirte satisfecho/a con lo que haces? ¿Qué creencias existen detrás del perfeccionismo?

Muchas personas se pasan la vida intentando que ésta encaje en sus ideales de perfección. En base a su propio juicio moral catalogan todas sus experiencias según lo que consideran adecuado o inadecuado. Piensan que el éxito es la consecuencia de hacer las cosas de una determinada forma, y de un resultado concreto. Sin embargo, muy a menudo cuando lo alcanzan no lo aprecian o no se sienten como esperaban. De esta forma su vida se convierte en un anhelo constante de una felicidad que parece no llegar y que, cuando supuestamente llega, nunca parece ser suficiente.

Esta situación podemos verla representada en el mito griego de Sísifo, quien –condenado por los Dioses por su orgullo– pasó la vida empujando una roca pesada colina arriba para, nada más llegar a la cima, verla rodar ladera abajo y volver de nuevo a repetir el mismo proceso eternamente, sin conseguir ningún premio por su esfuerzo.

El perfeccionismo parte de la idea de que existe la perfección, lo cual es una visión egoica, idealizada y distorsionada de la realidad.

Aceptar nuestra vida es una premisa fundamental para poder disfrutarla. Al permitirnos cometer errores aceptamos nuestra condición humana –y su naturaleza falible– y nos damos el permiso para poder vivir también nuestras virtudes y las de los demás. El agradecimiento y valorar positivamente lo que conseguimos –independientemente de si está a la altura de lo que esperamos–, otorga a nuestros esfuerzos una recompensa emocional que refuerza nuestra motivación para conseguirlos. Pero sobretodo, es un requisito fundamental para tener una vida feliz.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta –a la hora de analizar las actitudes perfeccionistas– es que suelen surgir de un sentimiento de desvalorización. Las personas perfeccionistas sienten que no son lo suficientemente válidas a no ser que: consigan el trabajo perfecto, tengan la pareja ideal o que sus hijos sean los más inteligentes del colegio. Aunque estudien o pasen muchas horas en la oficina, su objetivo primordial no es simplemente hacer un buen trabajo o mejorar su desempeño; sino suplir esta deficiencia y probarse –a sí mismos/as y a los demás– lo competente, listos/as y válidos/as que son.

Por lo general no son capaces de diferenciar entre la magnitud de sus fallos. Están constantemente transitando entre un optimismo y un pesimismo extremo.

No tener un término medio les impide extraer cualquier beneficio de las situaciones adversas ya que, según su opinión, simplemente no deberían de haber ocurrido. De igual forma que rechazan los fracasos, al aplicar sus estándares de perfección a su vida emocional, pueden llegar a pensar que para ser perfectos, no sólo han de ser exitosos, sino experimentar únicamente emociones positivas. Por ello buscan constantemente una sensación de euforia y reprimen las emociones “negativas”. Paradójicamente, al rechazarlas y no permitirse expresarlas se desconectan también de las emociones que los harían felices. Al evitar sus imperfecciones y aquellas situaciones que pueden causarles miedo o rabia, se privan también de la alegría y en última instancia de la felicidad. En palabras del psicólogo Abraham Maslow: “Al protegerse del infierno que lleva dentro, [una persona perfeccionista] se priva del cielo que lleva dentro”.

Como dice la maestra y escritora Julia Cameron: “El perfeccionismo no es la búsqueda de lo mejor de nosotros mismos, sino la persecución de lo peor de nosotros mismos, de esa parte que nos dice que nada de lo que hagamos será lo suficientemente bueno”. Como en todas las características que conforman nuestra personalidad, el perfeccionismo puede ser una herramienta para alcanzar nuestros objetivos o el mayor impedimento para conseguirlo.

“Si lo que quiero es demostrar que soy «suficiente», el proyecto se puede prolongar hasta el infinito, porque la batalla ya estaba perdida el día que admití que la cuestión era debatible”.

Nathaniel Branden

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© 2021 Enric Corbera Institute.

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