¿Qué hace que tengamos una vida sana y feliz?

¿Qué hace que tengamos una vida sana y feliz?

Una de las investigaciones mas complejas de la historia realizada sobre desarrollo adulto, revela datos interesantes sobre la felicidad y la salud.

 

La mayoría de las personas creen que alcanzarán la felicidad y satisfacción personal a través de la riqueza y la fama, sin embargo, los resultados de la investigación apuntan hacia otra conclusión muy distinta: la felicidad y la salud son consecuencia de las relaciones que establecemos con las demás personas de nuestro entorno.

“Recuerda que la gente más feliz no es la que gana más, sino la que da más”. (H. Jackson Brown Jr., publicista y escritor estadounidense)

El estudio, que se inició en la Universidad de Harvard en 1938, pretendía analizar la vida de distintos grupos de hombres para determinar las causas y factores que incidían sobre la felicidad en sus vidas.

Los primeros grupos estaban formados por 268 estudiantes de segundo año de universidad, que atravesaron y muchos de ellos tuvieron que ir a la Segunda Guerra Mundial. El segundo grupo estaba constituido por 456 niños y niñas de entre 12 y 16 años, del barrio más pobre del Boston de los años 30. Todos estos adolescentes fueron entrevistados, incluso sus familias, y luego se hizo un seguimiento sobre su desarrollo profesional posterior. Después de haber estudiando durante 74 años la vida de los 724 individuos, ahora están estudiando las vidas de sus descendientes, más de 1.000 niños y niñas.

Según Robert Waldinger, actual director del estudio sobre desarrollo adulto en la universidad de Harvard: De las principales conclusiones que podríamos deducir del proyecto es que las relaciones de calidad nos mantienen saludables y contentos.

“La buena vida se construye con buenas relaciones”. (Robert Waldinger)

Las personas que están más conectadas socialmente a sus amigos, comunidades y familias viven más y mejor que aquellos que están más aislados.

Las personas que viven con ese sentimiento de soledad no solo mueren antes, sino que envejecen más rápidamente tanto física como mentalmente. Esta soledad no implica estar aislado físicamente, sino más bien emocional y mentalmente.

Nuestra felicidad no depende de la cantidad de gente de la que nos rodeamos, sino de la calidad de nuestras relaciones.

Es decir, podemos estar rodeados de centenares de personas, estar casados o convivir en una extensa comunidad y aún sentirnos solos. La calidad de nuestra relación con las personas con las que interaccionamos depende, principalmente, de la capacidad que tengamos para expresarnos de forma abierta y sincera con ellos y viceversa.

Según el explorador y escritor Christopher McCandless: “La felicidad solo es real cuando se comparte”.

Este estudio explica que las personas que estaban más satisfechas en sus relaciones a la edad de 50 años, eran los más sanos y felices cuando alcanzaban los 80. Cuando las personas atravesaban etapas en las que experimentaban un dolor o sintomatología física, aquellos que tenían relaciones en las que se encontraban satisfechos experimentaban un menor desequilibrio emocional; mientras que aquellos no se encontraban satisfechos con sus relaciones magnificaban su dolor y/o sintomatología física.

Otro de los resultados del estudio fue que las relaciones de calidad, sobretodo aquellas en las que se establecía una unión de seguridad entre la dos personas, en los que cada uno de los integrantes sabe que puede contar con la otra persona en momentos de necesidad, mantenían a lo largo de su vida una mejor memoria. De hecho en estas relaciones de calidad, no implican que no tuvieran discusiones de pareja; sino que no se almacenaban en su memoria a tan largo plazo.

Como dice la escritora y periodista George Sand: “Hay una sola forma de felicidad en la vida: amar y ser amado”.

Muy a menudo concebimos la felicidad como un estado a conseguir, una meta que ponemos detrás de algo que tenemos que hacer o un fin que alcanzaremos cuando las condiciones de nuestra vida así nos lo permitan. Este estudio nos hace pensar de una forma muy distinta: la felicidad deja de ser un destino, y se convierte no sólo en parte del camino, sino en una travesía conjunta que no podemos más que conseguir con aquellos que nos acompañan.

Para la Bioneuroemoción® nuestro estado personal no atiende a requisitos ni requerimientos externos. La felicidad, como cualquier otro sentimiento, sensación o emoción es producto de la interacción que establecemos con el entorno, y de la percepción que tenemos de él. Nuestra felicidad y salud es resultado de la única decisión que podemos tomar en este momento: ¿Cómo quieres ver y tratar al mundo?

 

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