Somos colaboradores

19 Julio 2016 - Relaciones interpersonales
Somos colaboradores

El ser humano es sociable y cooperativo por naturaleza. No obstante, vivimos en una sociedad que potencia la individualización y favorece la sensación de separación, olvidando que nuestra capacidad de adaptación y nuestra aptitud innata para colaborar con nuestros semejantes han permitido millones de años de evolución.


¿Competición o colaboración?

La teoría de Charles Darwin establecía, entre otros, el concepto de la selección natural como principio de la evolución de las especies: ante condiciones medioambientales adversas para los organismos, se establece entre ellos una lucha por la supervivencia, en la que sólo sobreviven los más adaptados. 

La etología, disciplina en la que se apoyaba Darwin al hacer sus observaciones, estudia la naturaleza para establecer relaciones entre las distintas especies, y así entender mejor el funcionamiento y comportamiento humano. 

Sin embargo existen algunas diferencias biológicas entre el ser humano y el resto de seres vivos. Al adaptarse a la marcha bípeda, por ejemplo, la especie humana desarrolló un canal pélvico más estrecho. Para que el tamaño del cráneo del feto no fuera desproporcionado en relación con la pelvis femenina, la cría debía nacer más inmadura. Lo que condujo a una serie de modificaciones en la estructura familiar (división de tareas, cuidado parental,…), que generaron un medio social, dónde la colaboración entre los miembros del clan se hizo fundamental para la supervivencia del infante. 

A diferencia del resto de los animales, el cerebro del ser humano termina de madurar después de su nacimiento. Esto resulta en un aprendizaje social dónde la relación con su entorno termina de estructurar sus funciones neuronales. Por lo que, resultado de la interacción con el medio, durante los primeros meses de vida experimenta un mayor desarrollo tanto del cerebro límbico como del neo-córtex, dotándolo de mayores habilidades sociales y de cooperación y permitiéndole, a su vez, llevar a cabo operaciones mentales más complejas para sobrevivir.

Según el Doctor en medicina e investigador en biología molecular, Bruce H. Lipton, en una entrevista de La Vanguardia en 2015:

[…] Existen dos mecanismos de supervivencia: el crecimiento y la protección, y ambos no pueden operar al mismo tiempo. O creces o te proteges. Los procesos de crecimiento requieren un intercambio libre de información con el medio, la protección requiere el cierre completo del sistema. Una respuesta de protección mantenida inhibe la producción de energía necesaria para la vida. […]

El ser humano es social por naturaleza. La interacción entre los distintos miembros de las comunidades, sociedades,… propicia el intercambio de información que hace posible el crecimiento individual y de la especie. Sucede de igual forma en la naturaleza: la tierra más fértil es aquella que mayor biodiversidad alberga. A mayor intercambio de información, mayor son las posibilidades y por lo tanto también las probabilidades de sobrevivir.

La evolución del ser humano implica su adaptación social: el ser humano es altruista por naturaleza.

Una investigación de Antropología Evolutiva del Instituto Max Planck de Leipzig muestra como niños de 18 meses ayudan de forma espontánea a adultos cuando comprueban que éstos no resuelven una situación. Se trata de bebés que todavía llevan pañales y que se encuentran en etapa prelingüística, es decir, aún no se expresan con palabras. 

Los investigadores Michael Tomasello del Max Planck Institute y Felix Warneken profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard presentaron el estudio “Baby’s helping hand” en el que demostraban evidencias de comportamientos altruistas en niños pequeños.

Para el estudio se plantearon diversos escenarios en los cuales un adulto claramente necesita ayuda para resolver una situación. Los bebés reaccionan ayudando a personas que no conocen de forma espontánea sin recibir una orden ni esperar recompensa.

En el video de ejemplo se puede ver cómo Warneken está colgando ropa de una cuerda y se le cae una pinza. Trata de alcanzarla pero no llega. El niño reacciona casi de inmediato para solucionar la situación. En la mayoría de los casos los niños reaccionan en menos de 10 segundos sin esperar contacto visual con el adulto. En ninguno momento se les pidió ayuda directamente a los niños ni se les premió por su colaboración.

Warneken puntualiza: "En otra parte de la prueba tiré la pinza al suelo deliberadamente y no la recogían. Sólo me la dieron cuando vieron que necesitaba la pinza para completar mi objetivo, en este caso, colgar la ropa”.

La situación de colgar la ropa en una cuerda puede resultar algo familiar para los bebés por eso también se hizo la prueba en otros escenarios menos reconocibles: “Uno de ellos era una caja con una tapa para recuperar objetos en el interior de la caja.” Warneken deja caer accidentalmente una cuchara dentro y finge que no sabe cómo acceder a ella. Una vez más, los niños sólo ayudaban a Warneken a recuperar la cuchara si él estaba luchando para conseguirlo, a diferencia de cuando Warneken tiró la cuchara en su interior de forma deliberada.

Realizar un cierto esfuerzo para ayudar a alguien, sin ningún beneficio para sí mismo, se llama altruismo. Hasta ahora, sólo los seres humanos han demostrado ser altruistas. Otro estudio paralelo con chimpancés muestra que también tienen comportamientos colaborativos sin recompensa aunque en menor medida y cooperan de forma clara a la hora de conseguir alimentos.

Según el físico John Wheeler vivimos en un Universo participativo.

Igual que propio organismo trabaja de forma conjunta y al unísono para garantizar nuestra supervivencia, nosotros los seres humanos, formamos parte de un todo del cual contribuimos constantemente para asegurar la supervivencia de la especie. La misma evolución es el resultado de la colaboración entre micro-organismos para adaptarse al medio y, posteriormente, entre individuos y comunidades.

Cuando colaboramos con los demás, mantenemos una relación de compañerismo y nos ayudamos mutuamente sin esperar reconocimiento, no hay egoísmo. Nos alejamos de la individualidad, volvemos a la unidad, a la cooperación. A través del altruismo puro surge el beneficio mutuo que nos permite evolucionar conjuntamente.

 

“En la larga historia de la humanidad los que aprendieron a colaborar e improvisar de forma más efectiva han prevalecido”.
 
 
Darwin, Charles.

 

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