El conflicto: la llave que abre puertas a soluciones

01 junio 2024

Tendemos a ver el conflicto como un obstáculo en nuestro camino, algo negativo que nos aleja de nuestras metas.

Pero, ¿qué sucede si invertimos nuestra forma de pensar?

¿Cómo podemos transformar los conflictos en oportunidades para descubrir su verdadero potencial?

 

Qué entendemos por conflicto

Cuando existe una situación en la que dos o más partes tienen intereses, necesidades o planes contrapuestos, suele aparecer el conflicto. Su causa no son estas posturas confrontadas sino la falta de flexibilidad y el déficit de tolerancia por no lograr lo que queremos.

Por tanto, el problema, aunque se manifiesta en cualquier ámbito de nuestras vidas: en el trabajo, en la familia, en la pareja, en realidad, se encuentra dentro de nosotros mismos.

Lejos de ser algo a ser evitado, el conflicto es una señal de que algo necesita ser abordado.

 

¿Mejor enfrentar los problemas o esquivarlos?

Generalmente, lo primero que se nos viene a la mente cuando hablamos de un conflicto es frustración, miedos y dudas. Por eso los juzgamos como algo negativo que es mejor evitar.

Entonces, solemos asumir estrategias elusivas como aparentar que todo está bien, dejar de mostrar nuestras opiniones, criticar para desviar el ojo de nuestra propia responsabilidad, entre otros.

Supongamos que queremos mejorar nuestras habilidades comunicativas en el trabajo o, sencillamente, que nos escuchen. Pero cada vez que se presenta una oportunidad de hablar en una reunión hay una persona que nos “roba” el espacio.

Entramos en conflicto con ella, la juzgamos y culpamos sin darnos cuenta de que ella nos muestra que sentimos miedo y que expresa eso que queremos alcanzar. En realidad, usamos el conflicto con esta persona como excusa para no cambiar nosotros y hacer lo que realmente anhelamos o necesitamos (por ejemplo, enfrentar nuestra inseguridad).

 

¿Qué beneficios obtenemos al no exponernos ante este tipo de situaciones?

Las creencias que sostienen esta conducta evasiva  nos mantienen en nuestra zona de confort pero nos alejan de lo que queremos. Y es allí a dónde tenemos que llegar para resolver de raíz este bloqueo.

 

 

¿Con qué patrón de afrontamiento te identificas?

Solemos abordar los momentos hostiles de maneras más o menos efectivas a corto plazo: evitándolos, paralizándonos, reaccionando con enojo desmedido, etc. Descargamos nuestra frustración por no saber manejar el miedo que sentimos, no queremos asumir sus consecuencias y realizar los cambios que vendrían de esa resolución.

Éstas maneras son aprendidas a lo largo de nuestra vida, principalmente en lo que vivimos en nuestra infancia con nuestra familia.

Por ejemplo, si crecimos viendo a nuestros padres evitando discutir sobre problemas financieros, es probable que hagamos lo mismo. En cambio, si ellos enfrentaban los problemas de manera abierta, debatiendo sobre las finanzas familiares, seguramente los abordaremos de manera constructiva.

Pero no se trata solo de replicar o transformar conductas. El estrés y las emociones asociadas a cómo enfrentamos la hostilidad nos conecta con nuestro inconsciente, llevándonos al origen de nuestra dificultad para afrontarlos.

¿Qué lealtades invisibles hacia nuestro sistema familiar hacen que repitamos ese tipo de conducta? ¿Con qué creencias inconscientes busco compensar en mi presente lo que no se pudo resolver antes?

Con esta mirada podemos desarrollar una manera distinta de ver estos conflictos.

 

“La paz no es la ausencia de conflictos sino la presencia de alternativas creativas de responder a ese conflicto, alternativas a las respuestas pasivas o agresivas, alternativas a la violencia.”

Dorothy Thompson

 

Qué hacer frente a la adversidad

Podemos ver las situaciones conflictivas asumiendo nuestra parte de responsabilidad (locus de control interno) o adjudicándoles la causa a personas o factores externos (locus de control externo).

¿Qué creencias tengo para actuar así?

Si optamos por creer que no tenemos ninguna responsabilidad en la forma en que se manejan los problemas, nos sentiremos víctimas de ellos, propiciando estados de depresión y ansiedad. Además vamos a estar en un lugar pasivo de afrontamiento, esperando que no aparezcan o echando culpa al otro.

En cambio, si reconocemos cómo hemos colaborado en el conflicto, nos ubicaremos en un lugar activo ¡y podemos hacer algo para mejorar las cosas!

Reconociendo que lo que vemos fuera tiene que ver con nosotros mismos podremos propiciar su solución y, además, aprender algo sobre nosotros mismos.

 

conflicto,

 

Qué dice de mí el conflicto

Los problemas a menudo reflejan una incoherencia o contradicción en nuestro interior.

Aunque los eventos externos, como un vecino ruidoso o una guerra, son reales y concretos, la carga conflictiva que sentimos (miedo, frustración, impotencia, ataque, rabia, etc.) se origina en nuestra percepción de esas situaciones.

Reconocer que somos nosotros quienes transformamos estas circunstancias en conflictos a través de nuestra interpretación personal nos abre un lugar para poder hacer algo al respecto. En realidad, es la única manera en la que puedo involucrarme en la solución de un conflicto.

 

 

Convertir el conflicto en fortaleza

Los problemas que tenemos con los demás dicen más sobre nosotros mismos que sobre los demás.

Desafiar nuestra perspectiva sobre las experiencias problemáticas nos lleva a cuestionarnos si tiene sentido seguir manteniendo la incoherencia ante ellos.

 

Los conflictos potencian nuestra libertad

Cada desacuerdo es una oportunidad para cuestionar nuestras creencias. Es un motor de cambio que nos impulsa a evolucionar.

¿Qué sucede si no hay conflictos? Aumenta la probabilidad de quedar estancados, dilatando el aprendizaje que tienen estas experiencias.

Por lo tanto, el conflicto es una solución para diferenciarnos. Esto significa que la cuestión central no es el conflicto en sí sino el mensaje que nos trae.

Considerarlos de esta manera nos permite enfrentarlos con otra actitud y generar soluciones más duraderas. Haciendo conscientes las causas inconscientes de lo que convertimos en conflicto, podemos respaldar nuestra conducta con la comprensión del mismo y resolverlos desde la raíz.

Por lo tanto lo que inicialmente vemos como un obstáculo podemos transformarlo en una oportunidad para evolucionar y convertirnos en maestros de nuestra vida.

 

 

Si quieres seguir profundizando sobre este tema, puedes acceder a este material en nuestro canal de Spotify y de Youtube:

 

En este podcast Enric Corbera explica que los conflictos que experimentamos con la familia no son ni buenos ni malos, sino necesarios para nuestra evolución y la del sistema.

 

En este vídeo Enric Corbera expone los errores que cometemos en relación a los conflictos para poder usar los enfrentamientos a nuestro favor.

 

 

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Diplomado en Bioneuroemoción®

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