27 Octubre 2016

Heredamos mucho más que genes

Heredamos mucho más que genes

En el ámbito de la biología, Darwin y Mendel definieron el siglo XIX a través de la evolución y la genética. En el siglo XX, Watson y Crick, con el descubrimiento de la secuencia de ADN, plantearon una comprensión funcional de cómo interactúan la genética y la evolución. En este siglo, el XXI, la Epigenética propone la deconstrucción de estos dogmas para reconstruirlos de una manera mucho más variada, compleja y humana.

Las investigaciones epigenéticas revelan datos capaces de reescribir la comprensión de la genética, la enfermedad y la herencia.

Nessa Carey es doctora en Virología por la Universidad de Edimburgo y es profesora en el Imperial College de Londres. Paralelamente es directora de Ciencia de la Epigenética en una empresa líder de biotecnología en el Reino Unido. En su libro La Revolución Epigenética, define la epigenética como “el conjunto de modificaciones de nuestro material genético que cambia la manera como nuestros genes se encienden y se apagan, sin alterar a los genes en sí mismos”. Es decir, la epigenética ocurre “cuando un cambio en el ambiente tiene consecuencias biológicas que duran más que el evento que generó el cambio”. 

En el libro describe un ejemplo que ilustra perfectamente el mecanismo epigenético. La Dra. Carey se centra en un episodio concreto de la historia: casi al final de la Segunda Guerra Mundial, ya se había realizado el desembarco de Normandía pero el ejército nazi seguía ocupando buena parte de los Países Bajos. En esos momentos, el nivel de hambruna ya era importante, aún así las últimas represalias de los alemanes consistieron en embargar todos los transportes de comida. Esta situación se agudizó entre noviembre de 1944 y mediados de 1945 y se conoce con el nombre de Hambruna Holandesa. Además se agravó por una condiciones climáticas de frío extremo en Europa Occidental. La gente comía hierba y bulbos de tulipán. Murieron miles de personas.

Los supervivientes eran un grupo bien definido y todos ellos habían vivido un periodo muy concreto de desnutrición. El excelente mantenimiento de los registros holandeses ha permitido seguir los efectos a largo plazo de la hambruna y sus resultados han sido sorprendentes. Uno de los primeros aspectos que se estudió, fue el efecto de la hambruna en el peso al nacer de los niños que habían estado en el útero durante ese periodo de tiempo. “Si la madre había estado bien alimentada alrededor del momento de la concepción y desnutrida sólo durante los últimos meses de embarazo, su bebé tenía probabilidades de nacer con poco peso. Si, por el contrario, la madre sufrió desnutrición durante los primeros tres meses de embarazo era probable que el bebé tuviera un peso anormal”.

Hasta aquí el registro ofrece datos lógicos. Pero los epidemiólogos pudieron estudiar estos grupos de bebés durante décadas y encontraron que los bebés que nacieron pequeños, siguieron así toda su vida: podían comer lo que quisieran y nunca engordaban, “sus cuerpos nunca se recuperaron de los primeros tiempos de desnutrición”. En cambio, los niños que habían sido desnutridos solamente al principio del embarazo tenían índices de obesidad más altos de lo normal y otros problemas de salud añadidos. A pesar de que al nacer parecieron perfectamente sanos. “Los eventos que tienen lugar en los tres primeros meses de gestación pueden afectar a un individuo para el resto de su vida”.

Y aún más: “algunos de estos efectos parecen estar presentes en los hijos de este grupo, es decir, en los nietos de las mujeres malnutridas durante los tres primeros meses de su embarazo”.  Esto plantea la cuestión de cómo los efectos siguieron a las generaciones posteriores.

En Bioneuroemoción® sabemos que las experiencias vividas por nuestros antepasados se pueden expresar en nuestra biología en el presente, y que las emociones vividas durante la etapa de concepción, embarazo y los primeros meses de vida afectan a la persona durante décadas. La epigenética ofrece argumento científico a la búsqueda de la resonancia en el árbol genealógico de las experiencias traumáticas de nuestros antepasados.

En El Arte de Desaprender, Enric Corbera escribe: “Somos la expresión de nuestros genes -genoma-, pero sobretodo, somos la expresión de nuestro epigenoma. De alguna forma, nuestras vidas son la expresión de estos programas; y cuanto antes tomemos conciencia de ello, antes tendremos las herramientas para poder sanarnos de una forma simple, llana y plena que nos permitirá ser más dueños de nuestros destinos”. 

Fuente:

http://www.naturalhistorymag.com/features/142195/beyond-dna-epigenetics

Carey, N. La revolución epigenética. Editorial Intervención Cultural, 2013.

Más info:

http://www.nessacarey.co.uk/