Somatización: cómo afectan las emociones a nuestro cuerpo

21 noviembre 2022

Oficialmente, se define la somatización como “Transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria”. Existen numerosas investigaciones cuyo objeto de estudio es entender el mecanismo subyacentes a esta manifestación orgánica y entender qué papel tenemos desde nuestra psique para influir en nuestro cuerpo.

Comprender que el ser humano es una unidad, que no se puede separar el funcionamiento de los órganos físicos de los pensamientos, sentimientos y emociones nos lleva a descubrir nuevas maneras de potenciar la salud de una manera holística y personalizada.

 


En esta conferencia, Enric Corbera abordará de forma sencilla y dinámica, y a su vez rigurosa y profunda, las claves necesarias para recuperar nuestra capacidad de potenciar nuestro bienestar físico, mental y emocional.

 


En este vídeo, Enric y David Corbera comparten algunas bases científicas que demuestran la interrelación mente-cuerpo y diferentes claves para comprender cómo podemos favorecer nuestra salud a través del autoconocimiento y la coherencia emocional

 

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¿Qué es la somatización?

Cuando los problemas emocionales afectan a la salud física se produce el fenómeno conocido como somatización

Se ha observado que la aparición de algunos síntomas físicos, cuyo origen no está relacionado con una causa orgánica, está relacionada con un conflicto psicológico o malestar emocional persistente, son las llamadas enfermedades psicosomáticas.

En otras palabras, somatizar implica que una angustia emocional no liberada se puede expresar en el cuerpo y perjudicar el estado de salud de las personas.

 

¿Por qué se somatizan las emociones?

Gracias a los avances científicos de los últimos años cada vez tiene más relevancia la idea de que el dolor emocional causado por la inadecuada gestión del estrés y de los estados emocionales considerados “negativos” tiene una influencia sustancial en la aparición, mantenimiento y desarrollo de síntomas de difícil explicación médica y que no tienen una causa física. 

 

“Las hormonas del estrés, a largo plazo, presionan los botones genéticos que crean la enfermedad”. 

–  Dr. Joe Dispenza

 

somatización resonancia

 

Se ha comprobado que el estrés recurrente y las emociones “negativas” persistentes debilitan el sistema inmunológico. Además, se sabe que el estado de bienestar emocional actúa como un amortiguador de los efectos perjudiciales de los estresores, teniendo como consecuencia un efecto beneficioso sobre la salud. [1]

 

“Las personas que gozan de bienestar emocional 

tienen menos probabilidades de ponerse enfermas”.

Esther Sternberg

 

Por tanto, se evidencia que ante un síntoma persistente o un proceso de enfermedad es fundamental tener en cuenta las variables emocionales

 

Un nuevo paradigma de la salud: conexión entre mente y cuerpo

En este contexto, surge un nuevo paradigma de la salud y una nueva disciplina, conocida como Psiconeuroinmunologia (PNI) o Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE). Su propósito es estudiar los mecanismos que se ponen en marcha cuando enfermamos y ofrecer posibles soluciones de una manera holística y personalizada.

Entre otros aspectos, estudia la influencia de las emociones sobre los procesos fisiológicos del cuerpo. Y lo hace desde la perspectiva de que influir sobre el modo como interpretamos los estímulos y la información que percibimos, contribuye a cambiar nuestro estilo de vida y a la mejora de nuestro estado de salud. [2]



 

Emociones suprimidas, estrés y sus efectos en el organismo

El estrés no siempre es perjudicial. De hecho, cuando es moderado actúa como una importante fuerza impulsora para mantener la vida. 

Cuando es leve o puntual y se gestiona adecuadamente, genera un estado que conocemos por «estimulación», esencial para motivar el aprendizaje y la memoria. Sin embargo, el estrés crónico puede tener consecuencias dañinas. 

 

Origen y efectos del estrés crónico en el cuerpo 

Cuando percibimos una amenaza – ya sea real o simbólica –  se desencadenan una serie de modificaciones en los órganos y tejidos del cuerpor que están destinadas a atender la situación de emergencia y detener aquellas funciones que precisan un aporte de energía, pero que no son indispensables a corto plazo para sobrevivir.

Así, cuando el estrés se vuelve crónico disminuyen las actividades de reparación y eso sitúa al organismo en un estado susceptible de contraer una enfermedad

Lo interesante es que, como dice David R. Hawkins, doctor en Medicina y Filosofía, “Para la mayoría, la principal causa del estrés no son los estímulos externos, sino la presión de las propias emociones suprimidas. Estas se convierten en el principal factor estresante, de modo que, incluso en un entorno externo tranquilo, se sigue sujeto al estrés crónico interno”. [3]

 

Factores que influyen en la somatización de las emociones

Nathalie Zammateo, doctorada en Ciencias Biológicas, en su libro «El impacto de las emociones en el ADN» hace referencia a una serie de experimentos realizados por el biólogo y psicólogo Henri Laborit en los que se ilustra con claridad la relación existente entre la energía emocional no expresada, el estrés y la enfermedad. [4] [5]

La investigación consta de tres fases que resumimos a continuación:

 

Primer experimento

En la primera parte de la investigación, colocan una rata en una jaula dividida en dos compartimentos unidos por una puerta. Entonces, se activan simultáneamente una señal luminosa y una acústica. Cuatro segundos más tarde, se produce una descarga eléctrica en el compartimento de la jaula donde se encuentra la rata. 

Como tiene la posibilidad de ir de un compartimento a otro, en pocas repeticiones aprende a cambiar cuando se encienden las señales. 

Esto se repitió 10 minutos cada día. Tras 8 días, se comprobó que no se produjeron daños en el estado de salud de la rata.

 

Segundo experimento

En una segunda fase, se colocan dos ratas en uno de los compartimentos de la jaula, dejando la puerta al otro compartimento cerrada. En esta ocasión sufrieron la descarga de la misma manera, pero sin posibilidad de huida. La reacción de las ratas fue pelearse y morderse entre ellas. 

Tras ocho días de experimentación observaron que, aparte de algún rasguño producido por la confrontación, el estado de salud seguía siendo óptimo.

 

Tercer experimento

En esta ocasión utilizaron a una sola rata en un compartimento, de nuevo con la puerta cerrada y recibiendo las mismas descargas que en las otras fases del experimento. 

Tras ocho días, los análisis reflejaron varias úlceras de estómago, hipertensión arterial e incluso una destacable disminución del peso corporal. Este cuadro sintomático se mantuvo durante semanas

 

Conclusiones

Vemos que cuando el sujeto tiene la posibilidad de hacer algo para evitar la descarga, el estrés no daña su salud. Cuando, en la siguiente fase, no puede huir pero puede dar salida a su energía emocional, tampoco sufre daños derivados del estrés.

Sin embargo, esta misma situación influyó en el estado de salud de los ratones durante semanas cuando no tenían salida ni posibilidad de descargar la energía generada por el estrés.  

 

Energía emocional no expresada y somatización

Extrapolando estos experimentos a nuestra vida, podemos ver reflejadas estas conductas en situaciones en las que no somos capaces de ver una solución ante lo que nos estresa, sentimos que no tenemos el control de lo que nos sucede. Y, además, no nos permitimos expresar nuestras emociones y darles salida.

Peter Levine, psicólogo estadounidense especializado en el trauma, expresa la importancia de este punto en su libro “Curar el trauma”:

“Un ser humano amenazado debe descargar toda la energía movilizada para enfrentar esa amenaza o se convertirá en una víctima del trauma. Esta energía residual no desaparece así como así. Persiste en el cuerpo y a menudo fuerza la creación de una serie de síntomas como, por ejemplo, trastornos de ansiedad, depresión y otros problemas psicosomáticos y de comportamiento”.

 

Por ejemplo, el dolor de cabeza, los problemas gastrointestinales u otros problemas de salud frecuentes, en muchas ocasiones son manifestaciones psicosomáticas que se expresan en diferentes tipos de somatización.

 

somatización emociones

 

La Bioneuroemoción® y la somatización de emociones

Ante cualquier sintomatología, es fundamental acudir a un especialista. Sin embargo, como estamos viendo, para potenciar el restablecimiento de la salud es esencial explorar el factor psicológico y emocional.

Cada vez más, aparecen nuevas voces que relacionan la salud con las emociones,que entienden que el ser humano expresa, a través de su comportamiento y su cuerpo, las emociones que siente y que no ha aprendido a gestionar. 

La Bioneuroemoción®, dentro de su propio ámbito de aplicación, se centra en el factor emocional para sumar, conjuntamente con otras disciplinas, al bienestar personal.

 

Cómo dejar de somatizar:  percepción, emociones y respuesta al estrés

Nuestra manera de percibir el mundo y a nosotros mismos determina si nos sentimos amenazados, si creemos en nuestras capacidades para afrontar las dificultades y si vemos salida o no a nuestros problemas. 

De estas percepciones se derivan nuestras emociones y sentimientos y, a su vez, estos nos llevarán a actuar de una u otra manera ante situaciones estresantes.

 

“—Tu cuerpo entero, de un extremo del ala al otro —diría Juan en otras ocasiones—, no es más que tu propio pensamiento, en una forma que puedes ver. Rompe las cadenas de tu pensamiento y romperás también las cadenas de tu cuerpo.”

Richard Bach

A través de la autoindagación podemos tomar conciencia de nuestros pensamientos, identificar nuestras creencias y conectar con nuestras emociones

Esto nos permitirá llegar a la verdadera raíz de nuestros conflictos y gestionar las emociones y el estrés de una manera más adaptativa, beneficiosa y constructiva. 

 

Aceptar y dar salida a nuestras emociones

Esta “gestión” de las emociones no tiene nada que ver con controlarlas o reprimirlas, sino con aceptarlas y expresarlas de una manera ecológica

Es decir, no se trata de agredir verbal o físicamente al otro para descargar la rabia, o de autoagredirse para deshacerse de la frustración, sino de buscar estrategias que nos permitan descargar la energía acumulada en nuestro interior sin dañar ni dañarnos.

 

Identificar el origen emocional del malestar 

Desde la Bioneuroemoción® sugerimos que cuando tenemos un síntoma – somatización – o experimentamos cualquier tipo de conflicto recurrente, estamos respondiendo a un estrés que está en resonancia con conflictos no resueltos de nuestros antepasados.

 

No se trata de sentirnos culpables sino de ser responsables.

 

Al tomar conciencia del origen de las percepciones y emociones que generan y sostienen nuestro estrés, comprendemos el cambio al que nos invitan y podemos elegir entre rendirnos o resistirnos a la vida.

Entendiendo por rendición la sabiduría de aceptar en lugar de oponerse al flujo de la vida, que nos trae las experiencias necesarias para trascender nuestros conflictos  y vivir una vida más plena y saludable.

 

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  • [1] Psiconeuroinmunoendocrinología. Inteligencia emocional y salud en estudiantes universitarios (2017) Delgado, S.
  • [2] Las competencias emocionales (2007) Bisquerra, R., y Pérez-Escoda, N.
  • [3] Dejar Ir (2016) Hawkins, D. R.
  • [4] El impacto de las emociones en el ADN (2015) Zammatteo, N.
  • [5] L’inhibition de l’action: biologie, physiologie, psychologie, sociologie (1979) Laborit, H.

 

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© 2021 Enric Corbera Institute.

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