¿Cómo potenciar un estado óptimo de bienestar físico, mental y social?

16 diciembre 2021

¿Qué entendemos por bienestar óptimo?  Por lo general, entendemos el bienestar como  un estado positivo en el que nos sentimos saludables físicamente, tranquilos mentalmente y en paz con nuestro entorno social.  Sin embargo, el bienestar óptimo no es un concepto separado de nuestra forma de percibir la realidad que nos rodea, ya que es un […]

¿Qué entendemos por bienestar óptimo? 

Por lo general, entendemos el bienestar como  un estado positivo en el que nos sentimos saludables físicamente, tranquilos mentalmente y en paz con nuestro entorno social. 

Sin embargo, el bienestar óptimo no es un concepto separado de nuestra forma de percibir la realidad que nos rodea, ya que es un estado subjetivo que depende de la forma en que cada uno de nosotros interpreta nuestras circunstancias, lo que quiere decir que lo que para una persona representa situación de bienestar, para otra podría no serlo. Todos tenemos una serie de características y necesidades por el hecho de ser humanos y el bienestar siempre se relaciona de algún modo con desarrollar nuestro potencial y satisfacer nuestras necesidades físicas, mentales y sociales. El bienestar físico se relaciona con todo aquello que mantiene y potencia nuestra salud. En este sentido, es interesante la definición de salud que ofrece la OMS, que la define como “un estado de completo bienestar físico, mental y social”, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

Del mismo modo, el bienestar mental o psicológico, no consiste solo en la ausencia de síntomas como la ansiedad y la depresión, ni en experimentar principalmente emociones positivas. En realidad, esta sensación de bienestar mental hace referencia a la obtención de los valores que nos hacen crecer como personas, que nos hacen sentir vivos. Para conseguir este tipo de bienestar, debemos contar con una autoestima elevada, relaciones satisfactorias, la sensación de influencia sobre nuestro contexto y metas y objetivos que le den sentido a nuestra vida. Estas capacidades se adquieren a través de la introspección en nuestro día a día. El psicólogo humanista  Abraham Maslow sostiene que “no se puede elegir sabiamente una vida a menos que uno se atreva a escucharse a sí mismo, a su propio yo, en cada momento de la vida”. 

La sociabilidad es un elemento clave para el bienestar óptimo

El bienestar social, por su parte, se relaciona con las necesidades de amor y de pertenencia, y tiene que ver con la calidad de nuestras relaciones familiares, la amistad, el compañerismo, el afecto y la intimidad sexual. Todas buscan superar los sentimientos de soledad y alienación, ya que somos seres sociales por naturaleza. 

El miedo a la desconexión y la percepción de soledad constituyen un problema que afecta a nuestra salud y calidad de vida. John Cacioppo, psicólogo de la Universidad de Chicago, ha recopilado múltiples referencias científicas sobre los efectos del aislamiento social y encuentra una explicación en la conducta humana ancestral, en la que la mayor parte de la historia de la humanidad la pertenencia a un grupo social ha sido símbolo de protección. Cacioppo explica que lo más relevante no es la cantidad de contacto que mantengamos con otras personas, sino lo aislados que nos sintamos.

La soledad consta de un elemento afectivo, porque es una experiencia emocionalmente desestabilizante, y de un elemento cognitivo, ya que requiere la percepción de un problema en las relaciones sociales. Esto explica por qué la soledad tiene más que ver con nuestra manera de interpretar cómo son nuestras relaciones que con la frecuencia del contacto social. Además, cuando nos sentimos rechazados o desconectados, ponemos la atención en los aspectos negativos del ambiente, aumentando nuestro nivel de estrés, lo cual puede perjudicar nuestra salud física. 

El doctor Robert Waldinger, psiquiatra y profesor de la Escuela de Medicina de Harvard, es el actual director de uno de los estudios más extensos que se han llevado a cabo sobre el desarrollo de adultos, con más de setenta y cinco años de duración. Este estudio se dedicó a rastrear la vida de 724 personas, desde su niñez hasta su edad adulta, con la  finalidad de averiguar qué nos mantiene sanos y felices conforme avanzamos en la vida. A partir de todos los datos recopilados se concluyó que son las relaciones interpersonales de calidad las que nos mantienen felices y saludables. Por relaciones «de calidad» entendemos aquellas en las que, a pesar de los posibles desacuerdos transitorios, sentimos que la otra persona está a nuestro lado y podemos confiar en ella.

La percepción de soledad es un factor que puede afectar a nuestra salud y bienestar.

Nos hemos referido a una percepción de exclusión que genera sufrimiento, pero la soledad es inherente al ser humano y en muchos casos es una elección personal, una experiencia positiva y agradable que nos sirve para descansar, recuperar energía y promover la creatividad. Sin embargo, no siempre es así. Las investigaciones de Naomi Eisenberg demuestran que sentirse excluido socialmente activa las mismas regiones cerebrales que cuando sufrimos dolor físico. Expresiones como “me parte el corazón”, o  “una palabra hiere más profundamente que una espada”, de Robert Burton, ponen de manifiesto esta experiencia, ya que el dolor emocional puede llegar a ser tan destructivo, hiriente y debilitante como el dolor del cuerpo.

Puedes preguntarte: ¿Qué haces cuando te duele una parte de tu cuerpo?, y ¿cómo actúas cuándo te duele una parte de tu vida? En realidad, todo lo que te rodea, todas las personas que de algún modo “te duelen”- tu madre, tu pareja, tu amigo, etc. – también forman parte de ti, pues no las percibes como alguien separado, sino como una parte de tu realidad, de lo que eres.

La experiencia de la soledad incluye emociones, sentimientos y pensamientos dolorosos persistentes que, si no son gestionados adecuadamente, pueden tener una gran variedad de consecuencias negativas, como problemas de salud física – enfermedades cardiovasculares, trastornos de la alimentación, problemas de sueño – y alteraciones en la salud mental – depresión, ansiedad y adicciones, entre otros -. Podemos estar rodeados de personas y sentirnos solos, en palabras del psicólogo Lucas J.J. Malaisi “La soledad no existe. No estás solo, es la falta de conexión contigo mismo, es la falta de sueños y de proyectos”. 

¿Qué podemos hacer para potenciar el bienestar óptimo? 

Teniendo en cuenta que, como hemos visto, el bienestar engloba todos los aspectos de nuestro ser, físico, mental y social, y que todos están interrelacionados, podemos concluir que es tan importante cuidar nuestro cuerpo, como nuestro estado mental y nuestras relaciones interpersonales. Nuestro estado mental es lo que nos permite adquirir hábitos saludables y relacionarnos con nuestro entorno de una manera equilibrada y satisfactoria. Y, al mismo tiempo, tener un organismo sano y mantener buenas relaciones potencia nuestro bienestar psíquico. 

El estado de estos tres aspectos se retroalimenta, por tanto, dependiendo de nuestras acciones y decisiones, podemos generar un círculo vicioso o un círculo virtuoso. Por una parte, si no nos sentimos bien emocionalmente, tendemos a cuidar menos nuestra alimentación y a relacionarnos menos o de una manera menos equilibrada con nuestro entorno, entrando en una dinámica que nos perjudica a todos los niveles. Por otra parte, comenzar a cuidarnos en cualquier aspecto, repercutirá de manera positiva en todo lo demás. 

Sin embargo, cuando nos sentimos mal y no sabemos por dónde empezar, podemos prestar atención a las sabias palabras de Mahatma Gandhi: “Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino.” Esto implica, que ante cualquier malestar, podemos comenzar por conectar con nosotros mismos, observar nuestros pensamientos, para poder identificar qué necesitamos realmente, qué sentido queremos darle a nuestra vida y actuar en esa dirección. Además, esto es lo que nos permitirá conectar con los demás y mejorar nuestro bienestar. A finales del siglo XIX,  el filósofo y psicólogo William James ya decía que “Si puedes cambiar tu mente, puedes cambiar tu vida”. 

«La mente es un espejo flexible, ajústalo para ver mejor el mundo.» – Amit Ray

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