22 Julio 2016

Hablar de los demás

Hablar de los demás

Juzgar a otro es una práctica habitual, a veces lo llamamos opinar otras, directamente, criticar.

Nos basta un comentario o una acción que consideramos inapropiada para manifestar nuestra forma de pensar. Sin darnos cuenta de que es exactamente eso lo que hacemos: manifestar nuestra forma de pensar. Es decir, lo que decimos habla de nosotros, no del otro.

El profesor peruano, Jorge Luis Alcázar del Castillo publica, en un blog personal, un artículo que desgrana el término maledicencia “como la acción o hábito de hablar en perjuicio de alguien denigrándolo” y distingue entre calumnia, chisme o envidia: “De la envidia nace el odio, la maledicencia, la calumnia, el chisme y la alegría causada por el mal del prójimo”.

José Luis Alcázar añade frases que ilustran en pocas palabras cómo el acto de juzgar es, muy antiguo y, al mismo tiempo, está presente en todas las tradiciones. Algunas de las citas de libros sagrados como la Biblia, el Torá y el Corán nos invitan a reflexionar:

“Guarda tu lengua del mal y tus labios de decir mentira; apártate del mal y haz el bien, busca la paz y anda tras ella” (Torá, Tehilim 34,13-15)”.

“Aquellos que amamos la vida y queremos ver días buenos, tenemos que refrenar nuestra lengua de hablar mal de los demás y de decir calumnias (Pedro 3:10)”.

También aporta proverbios y frases de reconocidos autores:

“El sabio refrena su lengua, sólo el necio dice cuanto sabe y la consecuencia es dolor y dificultades” (Proverbios 9:14).

A veces pensamos que para vivir la vida que queremos, las cosas externas tienen que cambiar. No somos conscientes de que lo que vemos y lo que vivimos está sujeto a la interpretación de programas que realiza nuestro inconsciente. No tenemos conciencia de que nuestros juicios son proyectados hacia el inconsciente y desde éste al consciente. 

Como dice el autor, “Si queremos vivir una vida más significativa, debemos buscar la forma de dejar de “interesarnos” en las vidas ajenas y comenzar a preocuparnos más de nuestras propias vidas, es decir dedicarnos a mejorar y a corregir nuestros defectos…. ¡Cuántos males, sufrimientos y rencores serían evitados si habláramos con sinceridad!

El artículo termina con un conocido diálogo de Platón: Los Tres Filtros o Las Tres Rejas.  En él Sócrates, se revela una vez más como una fuente de enseñanza y nos recuerda la atención que debemos poner en nuestras palabras:

LAS TRES REJAS

Un joven discípulo de Sócrates llega a casa de éste y le dice:

- Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...

- ¡Espera! –lo interrumpe Sócrates- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

- ¿Las tres rejas?

- Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

- No. Lo oí comentar a unos vecinos.

- Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?

- No, en realidad, no. Al contrario...

- ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

- A decir verdad, no.

- Entonces –dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

 

Desde la Bioneuroemoción sabemos a ciencia cierta que todo lo que vivimos son diversos aspectos de nuestros juicios. La mente que no juzga es una mente holística, una mente libre de culpa, una mente inocente.

Esto es lo que perseguimos en la Bioneuroemoción: liberarnos de las emociones que nos enferman mediante la comprensión y la ausencia de juicio.

Fuente:

http://www.grijalvo.com/Jorge_Alcazar/Maledicencia_calumnia_chisme.html