Qué son las creencias: tipos, ejemplos y cómo influyen en tu vida

14 enero 2023

Las creencias son ideas y convicciones desde las que interpretamos el mundo. Conoce sus tipos, cómo se forman y cómo revisar las que te limitan.

¿Hasta qué punto decidimos realmente lo que queremos, sentimos o nuestras reacciones ante las experiencias que vivimos?

La respuesta a esta pregunta tiene que ver mucho con las creencias: esas ideas que asumimos como verdaderas y que influyen, muchas veces sin que lo advirtamos, en nuestra forma de interpretar la realidad, tomar decisiones y de relacionarnos.

En este artículo explicaremos qué es una creencia, qué tipos existen y, a través de ejemplos cercanos, cómo reconocer aquellas que pueden estar limitándonos.

Porque cuestionar lo que siempre hemos dado por cierto puede ser el primer paso para desarrollar una mayor libertad emocional.

¿Qué es una creencia?

Las creencias son esquemas cognitivos o ideas acerca de cómo es y funciona el mundo y de cómo se debe actuar en él. La RAE la define como un firme asentimiento.

Con base en ellas elegimos, muchas veces sin darnos cuenta, una forma concreta de vivir entre muchas otras posibles. Ese sistema de creencias se va adquiriendo en la familia, el entorno y la cultura. Lo damos por cierto y, con frecuencia, opera sin que lo cuestionemos.

Eso sí, son convicciones. Por eso, no debemos confundirlas con la verdad objetiva. Aunque sí pueden influir en la manera de percibirnos, interpretar lo que nos sucede y valorar nuestras posibilidades.

Tampoco son lo mismo que una opinión, que suele ser más consciente y modificable; ni que una duda, en la que todavía no damos algo por cierto. Tampoco equivalen a un conocimiento demostrado.

Cómo influyen en la forma de interpretar la realidad

La verdad es que no crean la realidad ni hacen desaparecer sus circunstancias, no. Pero sí pueden actuar como un filtro desde el que seleccionamos, organizamos e interpretamos lo que vivimos.

De hecho, una misma creencia podría actuar de manera inconsciente en varios aspectos de nuestra vida diaria. Veamos algunas situaciones para comprender un poco su influencia:

  • La atención: cuando creemos que los demás nos juzgan, quizá estemos más pendientes de una mirada, un silencio o un gesto ambiguo que parezca confirmarlo.
  • La interpretación: si alguien no responde un mensaje, podríamos pensar «está enfadado/a conmigo» o «debe de estar ocupado/a», según nuestras experiencias previas.
  • Las emociones: el significado que atribuimos a una situación puede participar en la aparición de ansiedad, tristeza, alivio o calma, aunque no sea el único factor.
  • Las decisiones: si pensamos «no voy a poder», es posible que descartemos una oportunidad antes de comprobar de qué somos capaces.
  • Las relaciones: aquello que creemos merecer, necesitar o tener que soportar podría influir en los vínculos que construimos y en los límites que establecemos.

Ahora imaginemos que dos empleados reciben el mismo correo de su responsable con el siguiente mensaje:

«Mañana tenemos que hablar». Una podría pensar: «he hecho algo mal» y pasar la tarde inquieta. Mientras que la otra quizás piense: «querrá revisar el proyecto», y continuar con su día.

El mensaje es idéntico, pero cada persona completa la información que falta desde su historia, sus patrones inconscientes y sus aprendizajes previos sobre sí misma y la autoridad.

En este sentido, Jung propone que, bajo nuestras interpretaciones personales, operan ciertos arquetipos: patrones universales heredados que predisponen determinadas formas de percibir y representar la experiencia. 

 

Creencias, pensamientos, emociones y conducta: cómo se relacionan

Una creencia inconsciente profunda podría alimentar pensamientos automáticos que influyen en lo que sentimos y hacemos. La relación suele observarse así: situación → interpretación → emoción → conducta.

Este modelo cognitivo desarrollado por Aaron Beck trata de explicar que nuestra respuesta no depende únicamente de lo sucedido, sino también de cómo lo interpretamos.

Podemos ver mejor esta posible relación a través del siguiente ejemplo:

  • Situación: envías un mensaje importante y no recibes respuesta.
  • Interpretación: «No me contesta porque no le importo».
  • Emoción: tristeza, inseguridad o enfado.
  • Conducta: reclamas impulsivamente, te distancias o evitas volver a escribir.

Otra persona podría interpretar el mismo silencio como «quizá está ocupada» y reaccionar de una manera distinta.

Aunque no es una cadena estática, reconocerla permite formular una pregunta más honesta: ¿estoy respondiendo solo a lo que ha ocurrido o también a lo que creo que significa?

Por supuesto, esto no significa que todo dependa de la mente: el contexto, la conducta de los demás, nuestra historia y los recursos disponibles también cuentan.

«Cuando vemos nuestras vidas, podemos estar mirando directamente nuestras creencias más verdaderas y a veces más inconscientes, reflejadas en el espejo.»

Gregg Braden

 

¿Qué es un sistema de creencias?

Ninguna creencia existe de forma aislada. Todas se relacionan hasta formar un sistema: una red de ideas, valores y expectativas desde la que interpretamos quiénes somos, qué podemos esperar y qué consideramos posible o merecido.

Este sistema se construye a partir de nuestras experiencias y de los mensajes recibidos en la familia, la escuela y la cultura.

También pueden entrar en conflicto. Es decir, podemos creer «debo ser fuerte» y, al mismo tiempo, sentir que «está bien pedir ayuda». Esa contradicción podría revelar dos aprendizajes que intentan proteger necesidades diferentes.

Revisarlos no significa rechazar nuestra historia, sino preguntarnos: ¿esta forma de pensar todavía me ayuda o sigo viviendo desde un aprendizaje inconsciente que ya no necesito sostener?

 

Creencias sobre la identidad, la capacidad, la posibilidad y el merecimiento

Por otra parte, este tipo de sistema suele organizarse alrededor de cuatro preguntas que todos respondemos en algún momento, aunque no seamos conscientes de haberlo hecho (eso sí, no son preguntas lineales ni mecánicas):

Posible categoría Pregunta de fondo Ejemplo de posible creencia
Identidad ¿Quién creo que soy? «Soy una persona insegura».
Capacidad ¿Qué creo que puedo hacer? «Puedo afrontarlo si me organizo».
Posibilidad ¿Qué considero posible para mí? «Es posible cambiar de trabajo a los 45».
Merecimiento ¿Qué creo que merezco? «Merezco una relación que me permita crecer».

Una misma frase puede atravesar varias categorías. «No soy capaz de liderar un equipo» podría hablar de nuestra capacidad, pero también de identidad o merecimiento.

Así pues, reconocer la pregunta que se esconde detrás nos ayuda a ir más allá del «no puedo», «yo debo» o «yo tengo que».

Nos podría permitir más bien observar aplicando la distancia emocional: ¿qué experiencia, patrón o aprendizaje inconsciente me llevó a desarrollar esta interpretación de mi experiencia?

 

que son las creencias

¿Cuáles son los tipos de creencias?

No existe una única clasificación. Podemos distinguirlas por su función (potenciadoras o limitantes), por su contenido (descriptivas, normativas, religiosas o seculares), por su origen (interno o externo) y por el grado de consciencia con el que operan.

Desde la Bioneuroemoción, no buscamos etiquetarlas como buenas o malas, sino comprender qué interpretación inconsciente podrían estar sosteniendo, de dónde podrían proceder y qué tipo de respuestas podrían generar ante las situaciones que vivimos.

 

Potenciadoras

Son aquellas que nos permiten interpretar una situación con mayor flexibilidad y reconocer nuestros recursos. Por ejemplo: «puedo aprender aunque ahora no sepa» o «pedir ayuda también es una forma de cuidarme».

No equivalen a repetir pensamientos positivos ni garantizan un resultado. Una creencia es potenciadora cuando nos ayuda a mirar la realidad sin negar sus dificultades y nos permite responder de una manera más consciente.

 

Creencias limitantes

En este caso, se trata de convicciones que podrían reducir las posibilidades que percibimos. Algunos ejemplos abarcarían: «siempre fracaso», «soy incapaz» o «tengo que complacer a todos».

¿Cómo identificar las creencias limitantes? Por lo general, suelen aparecer como generalizaciones, etiquetas rígidas, anticipaciones negativas y reglas expresadas mediante «debo» o «tengo que».

O tal vez nacieron de una experiencia real y cumplieron cierta función en un momento dado. Sin embargo, quizás podrían resultar contraproducentes en el presente.

La cuestión no es luchar contra ellas, sino preguntarnos: ¿esto sigue siendo cierto en todas las situaciones o estoy reaccionando desde una conclusión del pasado?

 

Descriptivas, normativas, religiosas y seculares

También podemos distinguir las creencias por aquello que nos cuentan sobre la vida:

  • Son descriptivas cuando intentan explicar cómo funciona la realidad. Por ejemplo, pensamientos como: «las personas cambian con el tiempo».
  • Son normativas cuando señalan cómo creemos que deberían ser las cosas: «una buena madre debe anteponer siempre a su familia». El desafío aparece cuando ese «debería» nos obliga a ignorar nuestras propias necesidades.
  • Son religiosas cuando nacen de una tradición o experiencia espiritual, y seculares cuando se construyen fuera de un marco religioso.

Más allá de su nombre, lo importante es reconocer el lugar que ocupan en tu vida. ¿Las has elegido conscientemente o llevas años obedeciendo ideas que nunca te detuviste a cuestionar?

 

Conscientes e inconscientes, internas y externas

Algunas de las creencias son conscientes y podemos expresarlas con facilidad. Otras resultan menos accesibles y se revelan en nuestras expectativas, sesgos o reacciones automáticas.

Quizás afirmamos «confío en los demás», pero interpretamos cualquier distancia como una amenaza de abandono.

Pueden surgir de experiencias personales; otras se incorporan a través de la familia, la educación, la cultura o los grupos. Desde la mirada de la Bioneuroemoción, se invita a explorarlas sin buscar culpables.

 

Ejemplos de creencias en el día a día

Las creencias hablan con nuestra propia voz. Por eso cuesta tanto reconocerlas. No dicen «soy una interpretación», sino «así son las cosas».

Y nos van limitando a un mundo circunscrito a ciertas características. Como, por ejemplo:

  • “Los niños no lloran”.
  • “Hay que esforzarse mucho para ganarse el pan”. 
  • “Tu felicidad es nuestra felicidad”. 
  • “Todos los ricos son ladrones”.
  • “Cuando te casas, pierdes tu libertad”.
  • “No se puede confiar en los hombres”. 
  • “Los trapos sucios se lavan en casa”.

Por eso, ante una misma experiencia, podemos quedar atrapados en una vieja conclusión o creer que esa es la única versión disponible de nosotros. No obstante, desde la Bioneuroemoción, podemos explorar una mirada más amplia.

Esta mirada no pretende maquillar lo que sucede ni obligarte a pensar todo el tiempo en positivo. Más bien te invita a separar los hechos de la historia que construyes alrededor de ellos.

creencias que son

Cómo se forman las creencias

Muchas de ellas comienzan a construirse durante la infancia, antes de que podamos incluso cuestionarlas. Por ejemplo, observamos cómo nuestra familia vive la relación con el afecto, el dinero, los conflictos o el error y extraemos conclusiones para sentirnos seguros.

Como explica la teoría del aprendizaje social de Albert Bandura, también aprendemos observando e imitando. Después, la educación, la cultura, los medios y nuestras experiencias refuerzan esos mensajes hasta que dejan de parecernos aprendidos y se convierten en «la realidad».

Sin embargo, una creencia no tiene por qué acompañarnos siempre. La nueva información, los vínculos conscientes y las experiencias, considerándolas con percepciones diferentes, pueden ayudarnos a revisarla a lo largo de la vida.

 

El papel de la familia, la cultura y las experiencias personales

Cada entorno nos enseña una manera de mirar las experiencias a las que nos enfrentamos:

  • La familia: si en casa nuestros padres no expresan tristeza, podemos aprender que mostrarnos vulnerables es peligroso.
  • La educación y la cultura: nos indican qué significa triunfar, equivocarse o comportarse correctamente.
  • Los medios y las redes sociales: influyen en nuestras expectativas sobre el cuerpo, el éxito y las relaciones.
  • Las experiencias personales: un rechazo intenso o repetido puede transformarse en una regla: «si me muestro como soy, me harán daño».

Muchas de estas creencias pudieron cumplir una función de protección o adaptación en un momento determinado. El conflicto aparece cuando aplicamos una antigua conclusión a cada nueva experiencia.

 

No todo se origina en nuestra propia historia

Algunas creencias también reflejan aprendizajes presentes en la familia o la cultura: miedo al dinero, dificultad para expresar afecto o la idea de que amar implica sacrificarse.

Desde la Bioneuroemoción se propone explorar, además, la posible influencia de memorias transgeneracionales. Se trata de una hipótesis interpretativa del método, no de un hecho probado ni de una explicación universal.

Por eso, conviene diferenciar entre los aprendizajes familiares que observamos, los patrones compartidos por una cultura y las supuestas herencias emocionales.

Mirar atrás no significa buscar culpables. Quizá no elegiste las creencias que recibiste, pero hoy puedes cuestionar si todavía quieres vivir desde ellas.

 

Cómo identificar una creencia limitante

Una creencia limitante no suele sentirse como una opinión, sino como una verdad. Por eso se presenta mediante ideas inconscientes como: «no puedo», «nadie me valora» o «si me equivoco, decepcionaré a todos».

¿Cómo saber cuándo estamos ante una? Podemos reconocer su huella cuando:

  • Pensamos en términos absolutos: «siempre», «nunca», «todos».
  • Una situación pequeña despierta una emoción o malestar muy intenso.
  • Evitamos hablar, decidir o intentarlo por miedo a lo que podría ocurrir.
  • Repetimos conflictos similares con personas diferentes.
  • Aparecen frases automáticas como «no soy suficiente» o «debo poder con todo».

Claro está que estas señales no te definen ni sirven para etiquetarte. Te invitan a observar qué significado podrías estar atribuyendo a esa situación y qué aprendizaje podría estar influyendo en tu manera de vivirla.

Quizá no estés reaccionando únicamente a lo que acaba de ocurrir, sino también desde aprendizajes anteriores que podrían estar influyendo en el significado que atribuyes a la situación.

 

Cómo cambiar una creencia limitante mediante la autoindagación

Transformar una creencia no consiste en cubrir el miedo con pensamientos positivos. Implica detenerte, escuchar lo que esa reacción intenta mostrarte y abrirte a otra interpretación.

Para iniciar este camino, puedes realizar este ejercicio de autoindagación, sin juzgar tus emociones y siendo honesto/a:

  1. Describe lo ocurrido de manera objetiva: Por ejemplo, «mi profesor corrigió mi propuesta», sin añadir en tus pensamientos «piensa que soy incapaz».
  2. Escucha sin juzgar tu pensamiento: ¿qué te dijiste inmediatamente? Quizá: «Nunca hago nada bien».
  3. Reconoce la emoción o la sensación que experimentaste: ¿sentiste vergüenza, miedo, rabia o tristeza?
  4. Explora para tratar de descubrir la creencia: completa la frase «Esto significa que…». Por ejemplo: «Si me equivoco, dejo de ser valioso».
  5. Cuestiónala desde la distancia emocional: ¿qué hechos la respaldan y cuáles muestran que no siempre es así?
  6. Amplía la mirada a tu respuesta anterior: «Puedo corregir esta propuesta sin convertir el error en una medida de mi valor».

Ten en cuenta que la Bioneuroemoción es un método de autoindagación que utiliza los conflictos cotidianos para explorar las creencias y posibles proyecciones que influyen en nuestra percepción.

Tal vez no puedas evitar la primera reacción, pero sí puedes decidir si seguir obedeciendo la creencia que la sostiene.

Preguntas para cuestionar una creencia sin sustituirla por otra

  • ¿Desde qué interpretación estoy sosteniendo esta creencia?
  • ¿Qué patrón o aprendizaje inconsciente se activa cuando doy esta interpretación por cierta?
  • ¿Estoy convirtiendo una experiencia puntual en una regla general?
  • ¿Qué aspecto de mí o de mi historia me resulta difícil observar cuando doy esta creencia por verdadera?
  • ¿Existen otras formas de explicar lo ocurrido si no doy esta creencia por cerrada?

Cuestionar estas ideas inconscientes no significa negar el malestar que quizás te genera. Pero se puede llegar a la conclusión de que, efectivamente, algo fue difícil o injusto, y aun así soltar la generalización que se construyó a partir de ello.

 

Creencias básicas, intermedias y pensamientos automáticos

Para comprender estos conceptos, retomemos el ejemplo anterior. Imagina que alguien importante no responde a tu mensaje.

Lo primero que aparece es un pensamiento automático, como por ejemplo: «Ya no le importo». Pero, si profundizas, quizá encuentres una creencia intermedia que actúa como una regla, surgiendo ideas del tipo: «Si alguien no está pendiente de mí, significa que no me quiere».

Debajo podría esconderse una creencia básica o nuclear más dolorosa, como por ejemplo: «No merezco que me quieran». Así, una situación cotidiana puede tocar un aprendizaje inconsciente y despertar una emoción intensa.

Esta distinción, que es muy utilizada en la terapia cognitiva, no es universal ni sustituye la evaluación profesional. Sin embargo, puede ayudarte para observar desde la distancia emocional: ¿qué tendría que creer sobre mí para que este silencio significara tanto?

Nivel Cómo se manifiesta Ejemplo
Pensamiento automático Interpretación inmediata de lo ocurrido. «Ya no le importo».
Creencia intermedia Regla con la que interpretas la situación. «Si no está pendiente de mí, no me quiere».
Creencia básica o nuclear Conclusión profunda sobre ti. «No merezco que me quieran».

Esta clasificación procede de la terapia cognitiva y no forma parte específicamente de la Bioneuroemoción, aunque puede complementar la observación de nuestras interpretaciones.

como conocer nuestras creencias (1)

 

Creencia, conocimiento y evidencia: no todo lo que creemos es un hecho

Una creencia puede sentirse verdadera y, aun así, ser una interpretación. Por ejemplo, pensar «mi pareja está distante porque ya no me quiere» no equivale a la estricta realidad. En realidad, es una explicación posible construida sobre nuestros aprendizajes inconscientes.

Creer es aceptar algo como cierto o probable. Conocer exige razones y evidencias suficientes que puedan comprobarse. Entre ambos está la hipótesis: una explicación provisional que estamos dispuestos a revisar.

Esta diferencia importa porque una creencia no necesita ser objetiva para influir en nosotros. Si estás convencido de que mostrarte vulnerable provocará rechazo, quizá ocultes lo que sientes y termines creando la distancia que temías.

 

Deja de creer todo lo que piensas

No todos tus pensamientos o ideas te engañan, pero tampoco todas ellas describen una verdad absoluta.

Observarlos es un proceso necesario para dejar de obedecerlos automáticamente. En lugar de afirmar «no soy capaz», puedes empezar por reconocer mediante el cambio de mirada otro tipo de percepciones, como por ejemplo: «Solo estoy pensando que quizás no soy capaz».

Esa pequeña diferencia en tu diálogo no elimina el miedo, pero impide que se convierta inmediatamente en una sentencia. No siempre podemos elegir lo que sucede, pero sí podemos ampliar la percepción desde la que lo vivimos y responder de una manera más consciente.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es una creencia?

Es una idea, convicción o supuesto que aceptamos como verdadero o probable y desde el que interpretamos lo que vivimos. Puede influir en nuestras emociones y decisiones, aunque no sea un hecho demostrado.

¿Cuáles son los principales tipos de creencias?

No existe una única clasificación. Según el criterio utilizado, pueden ser potenciadoras o limitantes; descriptivas o normativas; religiosas o seculares; conscientes o inconscientes e internas o externas.

¿Qué son las creencias limitantes?

Son interpretaciones rígidas o poco ajustadas que reducen las posibilidades que percibimos. Pueden alimentar la evitación, la autocrítica o el miedo, aunque no sean completamente falsas en todos los contextos.

¿Cuáles son algunos ejemplos de creencias limitantes?

Aunque existe un sinfín de ejemplos, estos son algunos de los más comunes: «No soy capaz» puede impedirte intentarlo; «si me equivoco, decepcionaré a todos» puede alimentar el perfeccionismo; y «no puedo confiar en nadie» puede llevarte a evitar la intimidad incluso cuando deseas sentirte acompañado.

¿Cómo se forman las creencias?

Se construyen mediante la familia, la educación, la cultura, la observación, los mensajes repetidos y las experiencias emocionales. Una vivencia especialmente intensa puede convertirse en una regla general con la que interpretamos situaciones posteriores.

¿Las creencias pueden cambiarse?

Sí, pero no siempre de manera inmediata. Podemos explorarlas al observar cómo actúan, contrastarlas con evidencias y observar las experiencias sin juzgarlas para ampliar nuestra interpretación. Si generan un sufrimiento intenso, es recomendable buscar acompañamiento de un profesional.

¿Qué diferencia hay entre una creencia y un conocimiento?

Una creencia supone aceptar algo como cierto o probable. El conocimiento aspira a apoyarse en razones, evidencias y procedimientos de verificación suficientes.

¿Qué es un sistema de creencias?

Es el conjunto de ideas, valores y expectativas con el que interpretamos quiénes somos, cómo son los demás y qué podemos esperar de la vida. Puede contener creencias que se refuerzan entre sí y otras que se contradicen.

¿Qué propone la Bioneuroemoción sobre las creencias?

Propone observar desde la distancia emocional cómo nuestras interpretaciones pueden relacionarse con aprendizajes inconscientes, bien sean personales, familiares y culturales. Utiliza, entre otros métodos, la autoindagación para ampliar la percepción.

Sin embargo, este enfoque no debe presentarse como una explicación científicamente demostrada de todos los conflictos emocionales.

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En este vídeo, Enric Corbera explica por qué es esencial transformar nuestras creencias para superar nuestras limitaciones y cambiar nuestra realidad.

Referencias

Fuentes consultadas para escribir el post

  • https://jungpage.org/learn/articles/analytical-psychology/527-the-concept-of-the-collective-unconscious
  • https://www.simplypsychology.org/bandura.html
  • https://dblavallekuri.inba.gob.mx/xmlui/handle/123456789/13658
  • https://www.redalyc.org/pdf/925/92503403.pdf
  • https://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?pid=S1946-20262010000100004&script=sci_arttext
  • https://www.thesap.org.uk/articles-on-jungian-psychology-2/carl-gustav-jung/
  • https://www.rae.es/drae2001/creencia
  • https://en.wikipedia.org/wiki/Gettier_problem
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