Somos herederos de una información emocional transmitida por nuestrospadresy por lo que vivimos con ellos en nuestra infancia. Esta información forma parte de un guion que influye en nuestra vida adulta. Entenderlo nos permite transformar esta carga emocional compartida en una oportunidad de crecimiento.
Papá y mamá pueden haber sido nuestros mejores maestros al ofrecernos experiencias inigualables para sanarnos y crecer. ¿Cómo podemos adoptar una mentalidad de responsabilidad para romper ciclos de victimismo y construir una nueva realidad?
Heredamos la historia de nuestros padres
Desde antes de nacer y durante nuestra infancia, heredamos algo más que rasgos físicos y el sustento de nuestros mayores. También nos transmitieron experiencias y emociones que frecuentemente se transformaron enpatrones de conducta que repetimos sin ser plenamente conscientes de ello.
Esta información emocional creó una especie de “guion” quecontinuamos siguiendo en la adultez.
Por ejemplo, algunas personas sienten la necesidad de cumplir con ciertas expectativas familiares o experimentan conflictos similares a los que vivieron sus padres.
De la historia compartida con nuestro sistema familiar recibimos una carga emocional que, sin herramientas ni consciencia, puede convertirse en un lastre que arrastramos inconscientemente en nuestra vida adulta.sin herramientas ni consciencia, puede convertirse en un lastre que arrastramos inconscientemente en nuestra vida adulta.
Mucho más que genética
Enfoques tan diversos como la psicogenealogía o la epigenética explican que nuestra historia va más allá de lo tangible. La ciencia actual sostiene que somos información y que esta se hereda no solo en términos biológicos, sino también emocionales.epigenética explican que nuestra historia va más allá de lo tangible. La ciencia actual sostiene que somos información y que esta se hereda no solo en términos biológicos, sino también emocionales.
Esto quiere decir que los traumas, creencias, e incluso emociones que experimentaron nuestros ancestros pueden ser transmitidos a sus descendientes. También impactan en cómo juzgamos lo que vivimos en nuestra infancia. impactan en cómo juzgamos lo que vivimos en nuestra infancia.
¿Alguna vez has tenido la sensación de cargar con emociones que no son del todo tuyas o de tener patrones de comportamiento que te resultan inexplicables?
Este fenómeno, ampliamente estudiado en la epigenética, se conoce como transmisión transgeneracional y es la clave para entender el impacto de nuestro entorno en quienes somos hoy.
“Ninguna generación es capaz de ocultar a la siguiente sus procesos anímicos de mayor profundidad.”
Sigmund Freud
La responsabilidad personal: salir del rol de víctima
Aunque no podemos cambiar esta información heredada,podemos observarla con nuevos ojos y comprenderla. Y, sobre todo, decidir cómo vivir con ella., podemos observarla con nuevos ojos y comprenderla. Y, sobre todo, decidir cómo vivir con ella.
Esto implica salir del rol de víctima, comprender que, aunque heredamos ciertos patrones, tenemos la capacidad para trascenderlos y convertirlos en aprendizaje. .
Por ejemplo,
Si una persona creció en una familia donde se desaprobaba destacar, probablemente recibió el mensaje de que era más seguro no llamar la atención. Tal vez sus padres o abuelos enfrentaron situaciones difíciles y, para protegerla, le transmitieron esa creencia.
Si esa persona lleva este patrón a su vida adulta, puede temer el éxito sin ser consciente de ello, lo que limita sus aspiraciones o sabotea oportunidades debido al miedo a ser vista. Sin embargo, al reconocer que este miedo es una herencia protectora, puede elegir conscientemente mostrarse, atreverse a exponerse y comenzar a cambiar.
De este modo, inicia un proceso de ampliar su identidad y desarrollar una mayor apertura para explorar la vida más allá de los límites emocionales heredados.
El victimismo actúa como una especie de adicción que nos atrapa en ciclos de sufrimiento y justificaciones. Si no la transformamos, esta creencia nos limita y nos impide encontrar equilibrio emocional.
Para qué vivimos lo que nos tocó vivir
Es necesario observar nuestra historia y preguntarnos para qué tuvimos que vivir esas experiencias.Al analizarlas sin juicio, tenemos la oportunidad de integrar esa información, aprender de ella y liberarnos.. Al analizarlas sin juicio, tenemos la oportunidad de integrar esa información, aprender de ella y liberarnos.
En mi familia fui uno más entre muchos hijos, por lo que nunca me sentí especial. Ello fue el espejo para cultivar un amoroso diálogo interior donde fortalezco mi propia autoestima.
Nadie es responsable de haber nacido con una determinadahistoria familiar, pero todos somos responsables de elegir cómo queremos vivir con esa herencia.
La transformación que nos ofrecen nuestros padres: del dolor al aprendizaje
Muchos adultos siguen reclamando a sus padres el amor y el cuidado que, a su vez, ellos tampoco aprendieron de los suyos. Siguen siendo niños emocionales en una cómoda procrastinación emocional.
Es común que, al iniciar este proceso de autoconocimiento, sintamos resistencia o incluso dolor al confrontar nuestra historia emocional. Sin embargo, el dolor es, en realidad, un mensajero que nos invita a observar aquello que necesita ser transformado.
El abandono de mi madre me enseñó que no necesito a nadie para ser feliz.
El sufrimiento es una elección
Alimentado por el apego a la culpabilidad y a la historia de nuestros padres, el sufrimiento puede hacer que perdamos de vista el potencial que tenemos para evolucionar.
Al comprender que los comportamientos heredados o los traumas vividos no representan una condena, sino una oportunidad para el aprendizaje y el crecimiento, comenzamos a asumir responsabilidad por nuestra vida. Esto nos brinda un espacio para decidir conscientemente cómo deseamos vivir y relacionarnos con los demás.
Si mi padre fue infiel a mi madre y atraigo parejas infieles, puedo cuestionar cómo repito ese patrón en mí, siendo infiel o irrespetuoso conmigo mismo/a. Mi pareja refleja, en cierto modo, la relación que mantengo conmigo mismo/a.
La observación consciente: el primer paso hacia la libertad emocional
Un ejercicio fundamental para trascender el impacto emocional de nuestros conflictos es la observación consciente. Al identificar con honestidad las reacciones, patrones y emociones que experimentamos, podemos reconocer la oportunidad de cambio que nos ofrecen.
Por ejemplo, si observamos que repetimos un patrón de autosabotaje, en lugar de culpar a la herencia familiar, podemos asumirlo como un aprendizaje pendiente.
O, si crecimos en un ambiente donde expresar las emociones no era aceptado, podemos reconocerlo y comenzar a hablar de manera honesta de lo que sentimos, construyendo relaciones más saludables.
Una lección que llega hasta nuestros hijos
Lo que hemos vivido y aprendido de nuestros padres no puede cambiarse, pero sí podemos reinterpretarlo. Al hacerlo, alteramos la manera en que esta información se manifiesta en nuestra vida y en la de nuestros descendientes.vivido y aprendido de nuestros padres no puede cambiarse, pero sí podemos reinterpretarlo. Al hacerlo, alteramos la manera en que esta información se manifiesta en nuestra vida y en la de nuestros descendientes.
Así, liberamos no solo nuestra vida, sino también la de las próximas generaciones. En lugar de transmitir una carga emocional, transmitimos una herencia de aprendizaje y responsabilidad.transmitimos una herencia de aprendizaje y responsabilidad.
Gracias a la experiencia de sentirme invisible para mis padres, soy un papá/una mamá presente y cultivo una relación nutricia con mis hijos (e incluso con mis propios padres).
“Somos más padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado.”
Miguel de Unamuno
El don de la herida: un cambio de perspectiva
La gran diferencia entre culpar a nuestros padres y reinterpretar lo que nos sucedió radica en que lo primera nos ancla en el pasado, mientras que lo segundo nos impulsa hacia el futuro.
Al transformar el modo en que juzgamos nuestra historia, liberamos a nuestros padres de cargas innecesarias y rompemos con el ciclo de transmisión de sufrimiento. Al final de cuentas, lo que recibimos de ellos es solo una parte de quienes somos.
El machismo que sufrieron las mujeres de mi clan me dio el impulso para ser una mujer fuerte e independiente. Y, además, educo hijos varones que sí le dan lugar a las mujeres.
Es solo un ejemplo de la inconsciente generosidad de nuestros padres: nos dieron lo mejor, incluso a través de su incapacidad y de sus errores.

Las lecciones de nuestros padres: oportunidades para avanzar
Las dificultades que vivimos por los errores de nuestros padres -intencionales o no-, aunque duelan, también nos enseñan lecciones importantes sobre la vida, la resiliencia y la empatía. En lugar de quedarnos atrapados en el dolor o el resentimiento, podemos convertir esas heridas en impulso para crear un presente y un futuro diferentes.
Nos invitan a situarnos ante el reto de preguntarnos, ¿y si nosotros hubiéramos escogido a nuestros padres? Solo desde esta perspectiva podemos empezar a detectar lo que hemos venido a aprender.¿y si nosotros hubiéramos escogido a nuestros padres? Solo desde esta perspectiva podemos empezar a detectar lo que hemos venido a aprender.
Los «errores» de nuestros padres pueden ser vistos como oportunidades para aprender y evolucionar.
Si quieres seguir profundizando sobre este tema, puedes acceder a este material en nuestro canal de Spotify y de YouTube:
Enric Corbera ofrece algunas claves para identificar e integrar aquellos aspectos de la sombra familiar que influyen en nuestra vida. Reconocer ese lado desconocido facilita la comprensión para abordar las dificultades, desarrollar nuestras capacidades y promover un mayor bienestar.
¿Qué conflictos se repiten en tu entorno familiar? ¿Hasta qué punto eres responsable de lo que sucede en tu sistema? ¿Qué podemos hacer para cambiar nuestras dinámicas familiares?






