La motivación en los estudiantes: 3 Claves para aumentarla

30 junio 2022

La motivación de los estudiantes es un tema de preocupación actual, ya que en los países desarrollados los resultados académicos parecen empeorar con cada generación y el abandono escolar crece cada vez más.

En éste sentido, la motivación alimenta el interés para continuar con la etapa formativa, ya que cuando un alumno está realmente motivado, atribuye el éxito a su esfuerzo y esto le mueve a seguir esforzándose y aprendiendo, así su autoestima se va fortaleciendo.

¿Qué podemos hacer nosotros como docentes para fomentar este tipo de motivación de los estudiantes?

En éste artículo encontrarás información sobre la influencia de la motivación en el aprendizaje,  los diferentes tipos que existen y cómo podemos fomentarla en el aula.

El docente desempeña un rol de líder en el aula. En este podcast Enric Corbera explica qué es el verdadero liderazgo, cómo desarrollar esa capacidad en nosotros y cuales son las características que definen a un auténtico líder.

 


En este video Enric Corbera y Víctor Villalobos nos explican cómo conectar con nuestros alumnos para potenciar su desarrollo.

 

Motivación estudiantil

Dentro del ámbito educativo, se puede definir a la motivación como la causa que impulsa al estudiante a efectuar las tareas que se requieren en la escuela para aprender los contenidos y las habilidades de la formación.

Sin embargo, de manera más amplia, también comprende el impulso para realizar la tarea y la activación de recursos cognitivos para aprender.

Es decir, la motivación es un estado interno que incluye el motivo del estudiante para aprender, el valor y el sentido que le atribuye a la tarea, el sentimiento de competencia frente a ella y el nivel de actividad para lograrlo.

La disposición para aprender, así como el interés que el estudiante muestra en su educación dependen en gran medida de la motivación de los estudiantes, lo que marca una diferencia en el desarrollo académico.

A través de la motivación, los estudiantes pueden progresar en sus habilidades y capacidades e incluso superar sus limitaciones.

 

Rol de la motivación en el aprendizaje de los estudiantes

El aprendizaje no depende solo de los conocimientos y capacidades del estudiante, sino también de la voluntad e interés que muestra activamente para aprender. Es decir, el desarrollo del potencial del alumnado depende de forma directa de la actitud y la intención con la que responde ante nuevos retos de aprendizaje, y estos dos factores dependen principalmente de su motivación.

El ser humano tiene, por naturaleza, el deseo intrínseco de aprender y desarrollar su potencial. Es decir, motivación, sin la cual el aprendizaje es inconcebible. 

Sin embargo, los alumnos no siempre están motivados, ya que la escuela presenta exigencias más altas que la vida habitual. Deben aprender más rápido habilidades y conceptos más complejos, lo cual requiere, a su vez, un mayor esfuerzo y un impulso adicional que les ayude en su proceso de adquisición de conocimientos y capacidades. 

Cuanto más motivado se encuentre un alumno, mayor compromiso e implicación mostrará en el estudio. La atención y dedicación a sus tareas serán mayores y, como resultado, le será más sencillo cumplir con las metas académicas.

 

estudiante


Por ejemplo, el dominio de la ortografía es un proceso que dura años. Antes de conseguirlo, son necesarios ejercicios casi diarios y no podemos esperar que los niños y niñas estén constantemente motivados para realizar esfuerzos espontáneamente. Por eso el docente debe cumplir una importante función de guía y apoyo para mantener motivado a su alumnado.

 

Rol del docente en la motivación de los estudiantes

Hemos de entender que el profesor es, en primer lugar, un referente de conducta, no un simple transmisor de  conocimientos. Además,  en todo momento es un transmisor de emociones y dinámicas que definen un ambiente emocional más o menos adecuado para que se produzca un aprendizaje significativo.

En este sentido, la motivación del docente  es clave para generar un ambiente motivador, constructivo y de confianza, óptimo para despertar la curiosidad y las ganas de aprender de los alumnos.

Además, su función consiste en ser un catalizador, una figura capaz de dotar de significado y aplicabilidad a aquello que enseña. Es un actor fundamental en el proceso de enseñanza que promueve actitudes, emociones y sentimientos.

 

¿Cuál es la motivación del estudiante para aprender?

Las grandes cantidades de datos e información que recibe un alumno a lo largo de su educación, pueden ser abrumadoras y no conducir a un aprendizaje eficaz, a menos que el estudiante sienta o desarrolle interés por lo que se le imparte.  

Adicionalmente se mantiene la costumbre de dar mayor importancia al resultado académico, lo que representa una presión constante que deja poco espacio para que el alumno disfrute del proceso de aprendizaje.   

De tal forma que se requieren procesos creativos para despertar la motivación de un alumno, pues su interés se alimenta cuando sueñan, inventan, sienten curiosidad y conectan con el deseo de aprender por ellos mismos.


Tal como lo expone
Richard Gerver: 

“Lo bueno de la educación está en la experiencia, en la alegría de descubrir algo. En la satisfacción de tener una pregunta y poder buscar una respuesta y no necesariamente en la propia respuesta.”

 

Motivación intrínseca: una clave para aprender

La motivación intrínseca es la pieza clave de un aprendizaje profundo y duradero. Asimismo, cada alumno tiene una motivación personal cuando se trata de aprender.

Para algunos, la motivación para aprender puede estar en la necesidad de satisfacer su curiosidad sobre algo particular o en el interés por alguna asignatura, en la emoción y el disfrute que experimentan al adquirir conocimientos y desarrollar habilidades o quizá simplemente en el deseo de superarse o dominar una tarea.  

La motivación intrínseca está vinculada a las emociones que la propia tarea le despierta al alumno y es más poderosa y fácil de sostener en el tiempo que la motivación extrínseca – basada en recompensas y castigos -, porque nace desde el interior y brinda un verdadero sentido o razón para aprender.  

Por tanto, el aprendizaje debe ser significativo y debe reconstruir los conocimientos con creatividad a base de capacidad crítica-argumentativa y de una actitud reflexiva.

 

¿Qué sucede al aplicar la automotivación?

Cuando conectamos con el sentido de por qué hacemos lo que estamos haciendo, nos mantenemos motivados.

En la educación, la motivación intrínseca, es el proceso interno por el cual los alumnos sienten un deseo independiente por aprender, mejorar sus notas, ampliar sus conocimientos y plantearse metas relacionadas con lo que están aprendiendo. 

Automotivarse es encontrar las razones y desarrollar el entusiasmo para aprender. Mediante esta habilidad dirigimos la fuerza interna para influir en nuestro estado de ánimo, produciendo energía para conseguir lo que deseamos.

La motivación que nace de nuestro interior nos fortalece y somos nosotros mismos la pieza clave para fomentar nuestros niveles de motivación, ya que nuestros pensamientos condicionan las acciones que realizamos y en consecuencia nuestra vivencia respecto a ellas. 

La manera cómo vivimos las cosas se genera en nosotros y eso es lo que nos impulsa en la vida, sin que ello dependa de terceras personas.


“Si crees que funcionará, verás oportunidades. Si crees que no lo hará, verás obstáculos”. 

Wayne Dyer



Factores que influyen en la motivación del estudiante


El papel del autoconcepto

Algunas investigaciones sobre la motivación en los estudiantes exponen la idea de que los estudiantes actúan y rinden no como lo que son, sino como lo que creen ser. 

En otras palabras, el autoconcepto, las percepciones que los estudiantes tienen de sí mismos y de sus capacidades, desempeñan un papel clave en la conducta y en el aprendizaje escolar.

En este sentido, la forma que tiene un docente de percibirse influye en su forma de percibir y comportarse con el grupo de alumnos hasta el punto de determinar en gran medida su rendimiento.

Por eso es fundamental que el docente sea consciente de las propias creencias y prejuicios que pueden estar afectando a sus interacciones en el aula, y ser capaz de ver más allá de las conductas disruptivas de sus alumnos, para poder pasar de mirarlos con “ojos de juicio” a ofrecerles una “mirada de oportunidad”. 

Esta manera de percibir a los alumnos favorece su autoconcepto, su motivación y el desarrollo de su potencial.

 

El efecto de las creencias en la motivación de los estudiantes

Como docentes es importante tomar conciencia de que las creencias personales que tenemos influyen en nuestra manera de actuar con los alumnos, ya que las limitaciones de nuestro autoconcepto inciden en nuestra manera de percibir a los demás.

Si las creencias sobre mí mismo/a son del tipo: “soy torpe”o “incapaz”, difícilmente podré reconocer la inteligencia o las habilidades de los estudiantes. Y si al momento de querer motivar a los alumnos partimos de creencias cómo: “no valgo para nada”, ¿Podríamos realmente motivarlos?.

Las creencias tienen un gran poder en el logro de nuestros objetivos como docentes, ya que influyen directamente en nuestra autoestima, motivación y forma de reaccionar al estrés. De tal manera que nuestras acciones, decisiones y experiencias en el aula son una consecuencia de nuestras creencias.

Si nos observamos y cuestionamos podemos identificar y trabajar nuestras creencias para relacionarnos con los demás desde una mejor versión de nosotros mismos, lo cual es clave para convertirnos en verdaderos mentores de nuestros estudiantes.

 

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Las expectativas del docente

Siguiendo con el tema de las creencias y centrándonos en el contexto educativo, existe la tendencia de etiquetar a los alumnos con calificativos cómo: “vago”, “mala influencia”, “lento”, “inseguro”, “tímido”, “nervioso”, etc.

Cuando un docente etiqueta a un estudiante por su conducta, basándose en sus creencias y estereotipos, termina tratándolo como tal y provoca que asuma esos roles como ciertos.

Los alumnos perciben las expectativas que el profesor siente hacia ellos a través de su forma de interactuar con cada uno. De tal modo que los estudiantes interiorizan esos comportamientos hasta igualar su motivación y sus modos de actuación con la expectativa percibida.

Así, las etiquetas encasillan y limitan dando como resultado que los alumnos se comporten de esa manera. 

En gran medida, es la percepción del profesor la que crea esa realidad, ya que es resultado de la proyección de sus necesidades no satisfechas. Es un reflejo de sus propias debilidades, falta de conocimiento y capacidad para gestionar el papel de educador.  



El efecto Pigmalión

En el ámbito de la educación, el efecto pigmalión tiene que ver con la influencia que pueden ejercer las creencias y expectativas de un profesor sobre el rendimiento, conducta, capacidades y autoconcepto de sus alumnos.

En 1966 Rosenthal y Jacobson llevaron a cabo un experimento que ilustra el alcance de la influencia de las expectativas del docente en sus alumnos. Los investigadores dijeron al grupo de docentes que los alumnos que les habían asignado mostraron altas capacidades intelectuales en los tests realizados. Sin embargo, los investigadores habían seleccionado a los alumnos al azar, sin realizar ningún test. 

Meses después, al evaluar los resultados de los estudiantes, se observó un notable aumento en las calificaciones y el rendimiento de estos alumnos, en comparación al resto de estudiantes de los cuales no se había hablado con los profesores.

Estas expectativas de crecimiento intelectual y la conducta que los docentes tienen con los alumnos – prestarles más atención, fomentar su aprendizaje, confiar en ellos, etc. – son elementos decisivos para motivar al alumnado y que dicha expectativa se cumpla.

 

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Claves para aumentar la motivación de los estudiantes

Como docentes debemos procurar incrementar el nivel de motivación intrínseca del alumno, despertando su curiosidad ante nuevos aprendizajes y haciéndolo sentir competente conforme avanza en el programa académico.

A continuación se mencionan 3 claves que impulsan la motivación en los estudiantes

 

Curiosidad

Los seres humanos somos curiosos por naturaleza y promover la curiosidad en el aula, activa mecanismos emocionales en el alumno que le permiten enfocar su atención para aprender.

En un estudio realizado por los departamentos de Neurociencia y Psicología de la Universidad de California se descubrió, que ante un estímulo percibido como sorprendente o novedoso el cerebro segrega dopamina (neurotransmisor responsable de las emociones positivas) y activa sus centros de memoria y atención. 

Las personas curiosas no solo se formulan preguntas constantemente, sino que buscan las respuestas. Por lo que incentivar a los estudiantes a que cuestionen las cosas, poniendo a prueba la veracidad de lo que ven y escuchan les será de gran ayuda.

 

“Para investigar la verdad es preciso dudar, 

en cuanto sea posible, de todas las cosas”.

René Descartes

 

Cuando sentimos curiosidad, la mente permanece abierta y receptiva a nuevas ideas, que son reconocidas con mayor facilidad. 

Por lo tanto, trabajar las competencias emocionales de los alumnos y presentar la información de manera novedosa para despertar y alimentar su interés y curiosidad, es clave para que se mantengan motivados para aprender.   

Sin olvidar que para lograr que nuestros alumnos desarrollen una actitud de curiosidad, nosotros hemos de mantener y modelar esta actitud, pues aprenden de lo que somos, no de lo que decimos o explicamos.

 

Creatividad

La creatividad facilita la forma de abordar los problemas promoviendo la aparición de soluciones y transformando las emociones en elementos motivantes que impulsan actividades ingeniosas.

Al incentivar la creatividad, los alumnos verán retos y oportunidades donde otros ven incomodidad y dificultad.

Y de esa manera, al ser creativos, serán capaces de aceptar y gestionar las emociones incómodas que aparezcan durante su proceso de aprendizaje, y podrán transitar de mejor manera la incertidumbre, confiando en ellos mismos.

 

 Transformar la frustración en motivación a través de la creatividad

Nuestra meta al fomentar la creatividad en los alumnos es que consigan, ante cualquier reto, pasar del temor a la curiosidad. Y que al observar, pensar y actuar de manera distinta sean capaces de asumir el riesgo de renunciar al sentimiento de seguridad que proporciona lo conocido.

Aunque como profesores debemos asumir primero el reto de transitar nosotros las dificultades y las situaciones de incomodidad, para después poder acompañar a nuestros alumnos a que aprendan a hacerlo por ellos mismos.

Frente a los problemas podemos aprovechar la creatividad para crecer.  Un buen ejemplo de ello fué Josephine Cochrane, quién sentía gran frustración cuando su empleada del hogar al lavar los platos, rompía alguna de las valiosas piezas de su vajilla de porcelana. 

Así, decidió que si nadie inventaba un lavavajillas, lo haría ella. De este modo, transformó su frustración en motivación, hasta que finalmente ideó el primer lavavajillas.

 

motivación estudiantes lápiz

 

Empatía

 

Un aprendizaje significativo, depende en gran medida de la relación entre el alumno y el profesor. Cuando el docente aplica la empatía dentro del aula, esta relación se vuelve más genuina y positiva. 

Un profesor puede aplicar la empatía para crear un ambiente de cordialidad y confianza que permita que el alumno se sienta aceptado, seguro, valorado y se escuchen sus inquietudes para ser guiado a superar los obstáculos.

 

La empatía, un medio para favorecer el aprendizaje

 

Los docentes empáticos que consiguen ver más allá de las calificaciones, la conducta y la apariencia de los alumnos, son esenciales para una formación de calidad.  

Aplicar la empatía produce mejores resultados que el distanciamiento y la disciplina, ya que facilita la mejora del alumno y favorece su aprendizaje. Con la empatía, se aumenta la autoestima del estudiante, se promueve y mejora el trabajo en equipo, se desarrolla la inteligencia inter e intrapersonal y se refuerzan valores.

La empatía que el docente ejerce, tiene un fuerte poder para motivar y estimular a los alumnos en su desarrollo académico. Incluso, el fracaso escolar de algunos estudiantes se relaciona con las deficiencias comunicativas que existen con los docentes.

Decía Daniel Goleman que si queremos vivir adecuadamente, es necesaria cierta destreza para movernos en tres ámbitos distintos: el mundo externo, el mundo interno, y el mundo de los demás. Es decir, la congruencia en nuestra propia motivación, el desarrollo personal de nuestro autoconcepto y la empatía que desarrollemos con nuestros alumnos serán las claves para ofrecer un estilo de enseñanza motivador, constructivo y potenciador.



 

Conclusión

Toda motivación es bidireccional, las emociones son contagiosas y la principal vía del aprendizaje es vicaria, es decir, los alumnos aprenden mucho más de lo que ven que de lo que escuchan

Es decir, más allá de la manera en la que nos expresamos o de los recursos que utilizamos en el aula, los alumnos perciben y se contagian de nuestro entusiasmo. Como decía Albert Einstein, “educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única”

Un buen profesor inspira a sus alumnos y los motiva para aprender desde su propia motivación interna. Esto ocurre cuando sentimos pasión por la asignatura, por la enseñanza y, también, por nuestro propio proceso de aprendizaje personal. 

Nuestro principal objetivo, por tanto, es desarrollar las competencias emocionales que nos permitan utilizar nuestra propia pasión y disfrute por la enseñanza para despertar en el alumnado la curiosidad y el deseo por aprender.


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