Año nuevo, ¿vida nueva?

24 diciembre 2020

  ¿Te has preguntado alguna vez qué significado han tenido estas fechas a lo largo de la historia? ¿por qué empezamos el año en el mes de Enero? ¿Qué estamos celebrando exactamente? Como con prácticamente todo lo que celebramos en la actualidad, comprenderlo requiere viajar varios miles de años atrás para encontrar su origen. Al primer mes del año se le llamó Ianuarius (derivado más tarde a Janeiro y Janero y, de ahí, posteriormente a enero) en honor al Dios Jano, un dios romano con dos caras, una miraba hacia el futuro y otra hacia el pasado. Es el dios de los comienzos, de las transiciones, de la transformación. En enero se producen dos procesos en paralelo: la salida del año viejo y la entrada al nuevo. Sabemos que la mitología representaba en forma de dioses partes de nuestra propia naturaleza. Era una forma de manifestar metafóricamente nuestros procesos internos a través de deidades en las que proyectamos atributos humanos. En este sentido, el dios Jano simboliza el proceso de transición que experimentamos, invitándonos a observar la etapa que acabamos de finalizar y a reflexionar sobre todo aquello que sucedió para usarlo en la nueva fase que acabamos de comenzar. No celebramos una vuelta de la tierra alrededor del sol, celebramos el fin de una etapa y el comienzo de otra en nuestra vida. Aun en nuestros días, ¿qué hacemos en el cambio de año? Mirar hacia atrás, ver lo que nos dejó el año. Vemos en los medios de comunicación recopilatorios de lo mejor y lo peor que dejó el ciclo que acaba de finalizar, qué cambió del mundo que conocíamos. También definimos los propósitos para el nuevo año, planteándonos nuevos objetivos y metas para la nueva etapa que comenzamos. En eso consiste este momento de transición, en vivir un punto y aparte, pararse por un momento, observar la etapa que finaliza y usar todos los aprendizajes que nos ofreció para desarrollar una versión mejorada de nosotros mismos en la siguiente. Todos debemos elegir si queremos vivir esta transición desde el miedo o desde la confianza. Desde el punto de vista de la neurociencia, ambos sentimientos comparten las mismas áreas cerebrales para funcionar y, por tanto, no pueden estar activos a la vez. En cierto modo, en cada situación de vida tenemos que asumir la responsabilidad de decidir vivirla desde el miedo o desde la confianza.  Es un punto de inflexión sano y necesario, una delimitación que aplicamos al contínuo espacio/tiempo en el que vivimos para ser capaces de percibirnos en perspectiva. Este fue un año ideal para tomar conciencia de que vivimos en un mundo de incertidumbre. Todo puede cambiar de un momento a otro. Lejos de ser una afirmación pesimista o dramática, es la base de nuestra libertad y la mayor virtud de todo lo vivo. Como dice Mel Schwartz en su libro «El principio de Posibilidad», “Cuando nos volvemos adictos a la necesidad de certeza y previsibilidad, vivimos la vida de una manera formateada, estructurada, estamos menos presentes y no somos conscientes de lo que podríamos ser”. Tal como hicieron miles de personas de diferentes culturas, sigamos la tradición de experimentar este momento del año como un renacer que manifiesta el triunfo de la luz sobre la oscuridad. Celebremos esta transición como un homenaje a nuestra naturaleza, a la parte profunda y sabia de nosotros mismos, a nuestra capacidad de reinventarnos, de renacer. Que un año nuevo implique una vida nueva solo depende de nosotros. Si 2020 es el año en el que todo cambió, hagamos que el 2021 sea el año donde todo lo nuevo comenzó.  “El hombre que más ha vivido no es aquél que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida” Jean-Jacques Rousseau

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