26 Septiembre 2016

Hablar y comunicar no es lo mismo

Hablar y comunicar no es lo mismo

Hablar o emitir palabras es algo que hacemos habitualmente, la cuestión es: ¿Cuándo hablamos conseguimos comunicar?

Creemos que pronunciar palabras es comunicarnos con el otro, sin embargo la verdadera comunicación va más allá del verbo. Podemos repetir frases, insistir en argumentos, intentar explicarnos y sin embargo no conseguir comunicarnos.

Neale Donald Walsch es autor del libro Conversaciones con Dios cuyo primer volumen apareció en 1995. Al principio del libro relata su proceso personal diciendo que empezó a escribir en un momento de su vida en el que “se sentía profundamente infeliz, personal, profesional y emocionalmente”. Sentía que su vida era un fracaso a todos los niveles y desde su posición de víctima comenzó a redactar sus quejas directamente “a la fuente”, es decir, a Dios. Escribió una especie de “carta rencorosa, apasionada, llena de confusiones, deformaciones y condenas. Y un montón de enojosas preguntas”.

El resultado de esta conversación está basado en un diálogo de preguntas y respuestas y ahí reside su principal interés: las preguntas tienen respuestas. Y cada respuesta viene de un Dios que sale de dentro, el propio, no lo que nos han obligado a creer que es Dios. En su momento, este planteamiento generó controversia y prejuicios, sin embargo, se convirtió también en una fuente de inspiración que como dice el autor: “me alienta a perdonarme a mí mismo mis propias faltas y a no vivir en el temor y la culpa” pues es un puente para alcanzar “una visión más grandiosa”.

La primera sugerencia es cambiar la palabra hablar por comunicar: “Cuando tratamos de hablar a los otros, inmediatamente nos vemos restringidos por la increíble limitación de las palabras… Mi modo usual de comunicarme es por medio del sentimiento”. Y sigue:  El sentimiento es el lenguaje del alma. Si quieres saber hasta qué punto algo es cierto para ti, presta atención a lo que sientes al respecto. A veces los sentimientos son difíciles de descubrir. Sin embargo, "en tus más profundos sentimientos se oculta tu más alta verdad”.

Y ¿Cómo llegar a dichos sentimientos? Dando valor a la experiencia. “Las acciones son palabras en movimiento”.  También podemos comunicar con el pensamiento teniendo claro que “el pensamiento y los sentimientos no son lo mismo aunque pueden darse al mismo tiempo”. El pensamiento utiliza imágenes que son más efectivas que la palabra para comunicarnos. “En realidad, las palabras resultan el medio de comunicación menos eficaz. Están más sujetas a interpretaciones equivocadas y muy a menudo a malentendidos”. Las palabras “son simplemente expresiones: ruidos que expresan sentimientos, pensamientos y experiencia…No son la verdad. No son el objeto real”.

Nuestra experiencia y nuestros sentimientos sobre algo representan lo que efectiva e intuitivamente sabemos acerca de ello. “Las palabras únicamente pueden aspirar a simbolizar lo que sabéis, y a menudo pueden confundir lo que sabéis”.  Lo fundamental es escuchar la propia experiencia  para dejar de repetirla una y otra vez. Tenemos “un mensaje que recibir. Antes o después”.

En Bioneuroemoción entendemos que el ser humano no sabe comunicarse. ¿Cómo nos podemos comunicar con otro sino sabemos hacerlo con nosotros mismos? Para aprender a comunicarnos debemos aprender a escucharnos y a observarnos. En consulta, el acompañante guía a la persona, a través de un diálogo que evita las justificaciones y las explicaciones, hacia el hilo conductor que sustenta el conflicto. En el escenario donde sucede el impacto está toda la información clave que va a permitir reencuadrar al consultante con la resonancia de la información de su árbol. Sabemos que la auténtica toma de conciencia saca a la persona del victimismo.

A este proceso se le llama indagación y es posible hacerlo de forma individual, es posible la autoindagación a través del desarrollo del pensamiento cuántico que nos permite investigar la relación entre nuestras experiencias vitales y nuestra historia familiar. La Bioneuroemoción como forma de ver y entender la vida está en constante evolución, está tan viva como la propia vida. Por eso, este es un paso más en la evolución de la Bioneuroemoción, la vivencia de la propia experiencia, la comprensión de que todo está dentro de nosotros. 

Fuente:

Walsch, N.D., Conversaciones con Dios, 1. Ed. Grijalbo, 1999.

Más info:

http://www.nealedonaldwalsch.com/