Cuentos que sanan

31 Mayo 2016 - Salud
Cuentos que sanan

De pequeños, a muchos nos han contando cuentos y recordamos algunas de esas historias como parte de nuestras vidas.

De adultos, separamos la realidad de la ficción, lo percibimos como cosas distintas. Sin embargo, el niño o la niña que llevamos dentro sigue entendiendo perfectamente el significado de lo simbólico.

La australiana Susan Perrow imparte talleres en los que enseña a narrar cuentos con fines terapéuticos. En un momento de crisis personal encontró un nuevo camino que lanzó su carrera: “Los cuentos suelen partir de una situación de desequilibrio y a través de un viaje se llega a una situación de equilibrio”. Sus talleres, conferencias y libros parten del convencimiento de que “todos poseemos una chispa divina y estamos aquí para desarrollarla”.

Contar cuentos es una tradición milenaria, mucho más antigua que el teatro.

En un cuento se emplea un lenguaje indirecto que implica distintos niveles de comunicación. Los relatos con fines terapéuticos tratan de conseguir nuevas significaciones sobre una situación concreta. Las historias contadas potencian nuestra parte más imaginativa, fantástica, espacial y perceptiva.

Los cuentos son mensajes metafóricos que van directos a nuestro hemisferio derecho. Esta parte del cerebro se relaciona con la creatividad y la imaginación. A través del hemisferio derecho somos capaces de integrar nueva información y estimular a nuestro niño interior. Por eso, “abren mundos y tienen el poder de sanar heridas”.

El cuento terapéutico que utiliza Susan Perrow está dirigido a todo tipo de niños con todo tipo de conflictos. Desde niños traumatizados por haber vivido situaciones extremas como un terremoto hasta circunstancias más difusas como niños que presentan sufrimiento y ansiedad durante su etapa de crecimiento. Señala que el cuento también puede ser una herramienta terapéutica para personas más mayores aunque la barrera más grande a la hora de trabajar con adultos es su escepticismo.

Desde la perspectiva de la Bioneuroemoción, se entiende el beneficio de las metáforas porque sabemos que el inconsciente no distingue lo real de lo simbólico. Nuestro inconsciente habla con el lenguaje de lo imaginario, que nos contamos nuestra vida como si fuera una relato.

El inconsciente procesa entre el 95%-97% de los estímulos sensoriales percibidos, no atiende a razones, ni juzga. 

Cualquiera de las situaciones que vivimos, de las conversaciones que tenemos y de las infinitas cosas que nos suceden son como pequeños teatros que hablan de nosotros mismos sin darnos cuenta.

En consulta, el Acompañante en Bioneuroemoción guía al cliente a encontrar la historia detrás de su historia, es decir, de sus exploraciones particulares con las que justifica sus actos. Y en esa primera historia, sustentada en creencias profundas, está el origen del conflicto.

 

"El mundo imaginativo y espiritual puede ser tan real como el físico y cotidiano”.
 
Susan Perrow.

 

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