Sobrevaloramos la estabilidad

27 enero 2023

Una de las grandes paradojas de la vida es que pese a ser conscientes de nuestra naturaleza cambiante, la intención detrás de la mayoría de nuestras acciones y decisiones es la de alcanzar o perpetuar la estabilidad

En este artículo, te explicamos de dónde proviene esta necesidad tan sobrevalorada culturalmente y te proponemos un camino para vivir la estabilidad de una manera más beneficiosa: a través de la estabilidad emocional.

 

¿Cómo afrontar un proceso de pérdida? Para superar una pérdida, sea del tipo que sea, debemos tener claro que la vida es un contínuo proceso de renacimiento.

 

En este vídeo David Corbera explica la inevitabilidad del cambio y los beneficios de recibir los momentos de inestabilidad como oportunidades para reinventarse y crecer.

 

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¿Para qué buscamos estabilidad? 

Los seres humanos somos organismos vivos y como tal, nuestros ciclos vitales se suceden continua e incesantemente, regidos por las mismas leyes de la naturaleza que afectan a los demás reinos.

Si bien aún rondan innumerables incógnitas sobre la esencia de nuestra existencia, tenemos una gran certeza: la evolución es nuestro principal propósito

 

Sobrevaloramos la estabilidad

Si nuestra naturaleza es el crecimiento, desarrollo y transformación, ¿no resulta curiosa la forma en la que culturalmente sobrevaloramos la estabilidad? 

La mayoría compartimos el deseo de tener el dinero suficiente para poder vivir sin la preocupación de que algún día falte. También deseamos encontrar una pareja con quien poder, como se dice, “asentar cabeza” y formar una familia. 

Estos anhelos muchas veces nos llevan a sacrificar nuestra paz interior y nuestro bienestar en el momento presente, impidiéndonos apreciar todo lo que nuestra vida actual ya nos está ofreciendo.

Por otro lado, pasa algo distinto con los cambios perceptibles en la naturaleza. Disfrutamos el día así también como de la noche; nos adaptamos al verano y al invierno. Entendemos la inevitabilidad del ciclo de la luna y no cuestionamos los movimientos de la marea. 

¿Por qué, entonces, nos inquieta tanto la inestabilidad en nuestra vida?, ¿Para qué buscamos incesantemente la estabilidad? O, más importante, ¿qué conseguimos con  la falsa sensación de estabilidad?

Beneficios de la ilusión de estabilidad

Decimos que la sensación de estabilidad es una ilusión, porque, incluso cuando no somos conscientes, estamos cambiando. Hasta tal punto es así que, por ejemplo, nuestras células están muriendo y sustituyéndose por células más jóvenes contínuamente.

Para el ser humano, la estabilidad es un estado de entendimiento de una realidad ante la cual cree saber cómo responder. Es la falsa certeza de creer que tenemos “bajo control” determinada situación, simplemente porque ya hemos aprendido anteriormente cómo responder ante ella.

Esta sensación de estabilidad es biológicamente necesaria porque lo previsible permite el ahorro de energía psíquica. Lo que a su vez, deja espacio para que la energía ahorrada y la atención, puedan invertirse creativamente en algo más. Por ejemplo, un conductor experimentado, puede aprovechar el tiempo de viaje para escuchar un podcast educativo.

 

La mutabilidad de la estabilidad

Lo cierto es que, incluso lo que percibimos como estable, es cambiante. Porque la estabilidad no es más que un concepto, una definición que cada quien ha aprendido en base a experiencias previas, en un contexto específico, en un momento determinado.

Por ejemplo, un bebé percibe estabilidad cuando cada determinada cantidad de horas la madre lo alimenta, lo baña, lo acuesta. De esta forma, el niño se siente cuidado, seguro

Los adultos, creamos nuestras propias rutinas y rituales con el propósito de organizar nuestra vida y administrar nuestra energía, tiempo y recursos. 

Cuando nuestros días siguen una lógica y los acontecimientos se suceden ordenadamente de la manera que creímos que lo harían, experimentamos la sensación de estabilidad, y por tanto, de seguridad.

Pero, ¿cuántas veces nos aburre lo cotidiano y nos urge la necesidad de la novedad, lo distinto?, ¿cuán seguido perdemos la motivación por aquello que antes nos apasionaba o, por ejemplo, dejamos de sentir lo que solíamos sentir por otra persona?

 

Estabilidad: creencias limitantes del imaginario social

Para responder estas preguntas, resulta interesante revisar el aporte del psicólogo, profesor en la Universidad de Harvard y distinguido investigador Dan Gilbert

 

Subestimamos nuestra capacidad de cambio

En su charla TED titulada La psicología de tu yo futuro se cuestiona, ¿por qué tomamos decisiones de las que nuestro yo del futuro algún día se arrepentirá?. Como ocurre con el matrimonio, por ejemplo: muchos se casan de jóvenes y luego se divorcian

Gilbert explica que esto ocurre por lo que él denomina la ilusión del fin de la historia”. Con este término, el investigador refiere a que los humanos creemos que la persona que somos en la actualidad es la persona que seremos el resto de nuestra vida.

Se ha demostrado que la creencia extendida de que cuanta más edad tenemos, menos cambiamos, es falsa. Por ejemplo, los últimos avances en neurociencia concluyen que la plasticidad neuronal – la capacidad del cerebro para recuperarse y reestructurarse-, disminuye con los años pero no se pierde en la edad adulta. 

Este tipo de creencias hace que muchas personas subestimen enormemente el cambio que ellos mismos podrían experimentar en el futuro.

El anhelo de la estabilidad anula la imaginación

Indagando en las razones por las que este fenómeno tiene lugar, Gilbert descubrió que no ocurre debido a una  “falta de posibilidades” real, sino más bien debido a una falta de imaginación

Pareciera que, este deseo inconsciente de vivir en la “certeza”, sintiéndonos “estables”, nos impidiera imaginarnos distintos de lo que somos. 

En palabras de Gilbert: “los seres humanos somos obras en curso y por error pensamos que estamos concluidos. La persona que uno es ahora es transitoria, fugaz y temporal como todas las personas que uno ha sido. Lo único constante en nuestra vida es el cambio”.

 

“Dicen que nosotros tenemos una idea equivocada de la estabilidad. Que para nosotros la estabilidad es quedarse quieto. Sin embargo, ser estables significa ser estables en movimiento.”

Mileta Angus.

 

El mensaje detrás del deseo de estabilidad

Como vemos, somos cambio. Debemos estar dispuestos a asumir y aceptar sucesivas “muertes simbólicas” para no quedar aferrados a identidades que, si bien tuvieron su función y utilidad en algún momento, hoy en día nos hacen sufrir y bloquean nuestro crecimiento. 

Todo sufrimiento es una resistencia al cambio. A alguien que se va, a una vida distinta… en definitiva, a una incapacidad de reinventarse bajo nuevas condiciones.

Observa aquello que te preocupa o aquello que te hace sufrir, ¿qué paso no estás dispuesto/a a dar? ¿cuál es la “falsa estabilidad” que no dejas ir?

 

La única estabilidad real, es la estabilidad emocional, que, paradójicamente, consiste en aprender a ser lo suficientemente flexible para encontrar seguridad en la vorágine del constante cambio.

 

Bioneuroemoción: descubre la maestría detrás de tu miedo 

El intento de preservar la estabilidad a cualquier precio bloquea el curso natural de la vida. Interrumpe el flujo de la expresión de la conciencia y nos aleja de nosotros mismos. 

Es el momento de elegir entre libertad o seguridad, desconfiar del mundo o abrirse a la experiencia de vivir.

La autoindagación y el ejercicio de vivir el presente plenamente nos permite atender a las señales que nos indican cuándo “lo estable” pasó de ser nuestra elección a ser nuestra prisión. 

 

 

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