Toma de decisiones inconsciente: ¿por qué hacemos lo que no queremos hacer?

17 febrero 2026

Vivimos creyendo que elegimos con libertad. Sentimos que nuestra toma de decisiones inconsciente nace de la reflexión consciente y de un criterio personal sólido. Sin embargo, al observar cómo funciona el cerebro, aparece una realidad más compleja: la gran mayoría de nuestras conductas son automáticas.

Lo que definimos como»decisión» suele ser solo la justificación racional de un impulso que nació mucho antes en nuestro sistema emocional. Gran parte de lo que hacemos responde a memorias implícitas y circuitos de recompensa que operan antes de que podamos darnos cuenta.

En esta conversación íntima en Destellos de Sabiduría, David Corbera y Sara Pallarès dialogan con Fernando González, psicólogo clínico y experto en conducta humana. Juntos exploran cómo el cerebro prioriza la supervivencia y el ahorro energético sobre el bienestar real.

Te invitamos a descubrir qué hilos invisibles mueven tus decisiones y cómo empezar a recuperar el mando de tu propia existencia.

 

El gran malentendido: placer, felicidad y el sistema de recompensa

La charla comienza con una advertencia necesaria sobre el estado de nuestra cultura actual: hemos desplazado la búsqueda de un bienestar profundo por la persecución de estímulos rápidos, en una carrera que parece no tener meta.

«La gente está empezando a confundir felicidad con placer. Y entonces lo que la gente busca a nivel social es el placer. Y el problema del placer es que es adictivo. Estamos convirtiendo en unos yonquis del placer», sostiene González.

Esta distinción es la base para entender por qué, aunque parezca que tenemos más acceso al bienestar que nunca, los niveles de ansiedad siguen escalando.

Sara Pallarès agrega otro ángulo a la charla. Ella plantea si el placer puede estar escondido incluso en aquello que nos hace sufrir: «¿Podría ser que el placer lo encontremos en el significado de las cosas? Es decir, le pongo un significado a ese sufrimiento. Eso también es placer».

Esta idea nos sitúa en el terreno de la Bioneuroemoción, donde entendemos que toda conducta, incluso la que parece dañina, busca una satisfacción inconsciente

 

No hay error en el síntoma, hay una intención que aún no hemos sabido descifrar.

 

Toma de decisiones inconsciente Fernando González

 

La trampa del núcleo accumbens y el placer sin propósito

Fernando González explica que el placer hedónico es una respuesta biológica sencilla, vinculada a circuitos como el núcleo accumbens. Sin embargo, cuando este placer no tiene un para qué, se vuelve un pozo sin fondo.

David Corbera lanza una pregunta clave sobre cómo podemos vehicularnos hacia un placer más social y trascendental: «¿Cómo podemos hacer que una persona se vehicule hacia encontrar, efectivamente, placer en lo social, en ayudar, en algo que no sea solo el estímulo inmediato?».

La respuesta de Fernando es tajante: «Si el placer es gratuito, entonces ya no hay nada detrás. Entonces, ya es un problema de salud… eso hace que mi sistema de recompensa se pierda».

 

Automatismos: el cerebro que repite lo que cree que nos protege

Uno de los puntos más reveladores de la entrevista es la idea de que nuestro cerebro no busca hacernos felices, sino mantenernos vivos. Para lograrlo, crea automatismos, esos rieles invisibles por los que circulamos sin esfuerzo para no agotar nuestras reservas.

«Una persona cuando está bien no se mueve, porque el cerebro está hecho para no gastar. Solo me muevo cuando tengo una necesidad», explica Fernando. Esto significa que, si estamos repitiendo un patrón (aunque nos duele), es porque el cerebro ha detectado que esa respuesta nos permitió sobrevivir en el pasado. Es un mecanismo de amor biológico, aunque el resultado actual sea el sufrimiento.

David Corbera profundiza en esta idea con una reflexión integradora:

 

«Parece que vivimos en una cultura donde «si quieres, puedes», pero nos olvidamos de que hay una inercia biológica brutal. Hay una parte de nosotros que ya está decidida mucho antes de que nuestra consciencia tome partido. Es entender que no somos tan libres como pensamos, porque hay una información que ya está operando en nosotros.»

 

Esta inercia es la que la Bioneuroemoción estudia a través de los programas inconscientes. No elegimos nuestras reacciones de forma tan libre como pensamos; a menudo, simplemente estamos reproduciendo una grabación que se activó en nuestra infancia para protegernos del frío emocional.

 

Memoria implícita: el archivo donde se guardan nuestros patrones inconscientes

Fernando González destaca que estos comportamientos se alojan en la memoria implícita, un lugar donde no tenemos acceso directo a través de la razón. Es un almacén de experiencias que dicta nuestra conducta sin pedir permiso.

«Lo que nos mueve a todos es la ansiedad, no es el placer. El placer es lo que me hace querer volver a hacerlo», señala el psicólogo.

Es decir, actuamos para calmar una inquietud interna, y una vez que lo logramos, el cerebro nos premia con placer, reforzando el hábito para la próxima vez. Es un ciclo de alivio que confundimos con libertad y que nos mantiene anclados al pasado.

 

Toma de decisiones inconsciente Fernando González

 

La economía energética del cerebro: por qué cambiar cuesta tanto

Cambiar un hábito o una creencia no es solo una cuestión de voluntad, es un desafío metabólico. El cerebro gasta muchísima energía cuando intenta hacer algo nuevo. Es como intentar abrir un sendero nuevo en una selva tupida mientras hay una autopista asfaltada justo al lado.

Fernando explica que inhibir un automatismo es una de las tareas más pesadas para nuestro sistema cognitivo. «En lo que tú gastas más es en inhibir un automatismo, tienes doscientos milisegundos para frenarlo», comenta respecto a la ventana de tiempo que tenemos para no reaccionar impulsivamente. Es una lucha contra milenios de evolución en una fracción de segundo.

Sara Pallarès reflexiona sobre la fatiga decisional y cómo el entorno nos bombardea con opciones, agotando nuestra capacidad de elegir con conciencia: «Estamos en una jaula de Skinner a escala universal donde nos condicionan con premios y castigos sin que seamos conscientes. Nuestra capacidad de atención está cayendo drásticamente porque vivimos atrapados en estímulos externos que nos roban la conciencia de dónde estamos».

Esta resistencia al cambio no es falta de voluntad, es la propia naturaleza de nuestra biología protegiendo sus recursos.

 

¿Seguridad que asfixia o el riesgo de nacer de nuevo?

Fernando introduce dos conceptos vitales: la morfostasis (mantenerse igual) y la morfogénesis (cambiar). El cerebro siempre va a preferir la morfostasis porque es barata energéticamente. Es la zona de confort que, aunque nos haga daño, es conocida y segura para nuestra biología.

 

Solo cuando el dolor de seguir igual es mayor que el esfuerzo de cambiar, nos movemos. 

 

«Toda conducta es funcional, el cerebro no hace nada que no funcione», insiste González, recordándonos que incluso el estancamiento tiene una función protectora que debemos comprender para poder trascender.

Para evolucionar, debemos convencer a nuestro cuerpo de que el cambio no es una amenaza mortal.

 

Identidad, percepción y la construcción del autoengaño

¿Quiénes somos realmente o quiénes nos contamos que somos? Fernando González explica que la identidad es un informe que el cerebro genera para darnos una sensación de continuidad. Sin embargo, este informe es parcial y está lleno de sesgos que filtran lo que no nos conviene ver.

«No vemos la realidad, vemos nuestro mapa de la realidad», es una premisa que resuena con la visión de la Bioneuroemoción. La toma de decisiones inconsciente se basa en este mapa limitado. Creemos que el mapa es el territorio, y esa confusión nos impide explorar nuevos caminos.

Aquí David Corbera aporta una visión poderosa sobre la construcción narrativa del yo: «A veces nos apegamos a una identidad de víctimas porque es lo que conocemos, y el cerebro prefiere esa seguridad al vacío de lo nuevo». Nos definimos por nuestras heridas porque nos dan una estructura, aunque esa estructura sea una prisión que nos impide crecer.

Fernando coincide y añade que nuestro sistema de justificación es tan rápido que apenas nos damos cuenta de cómo inventamos razones lógicas para decisiones que fueron puramente emocionales e instintivas. 

 

Nuestra razón no es el juez independiente que imaginamos, sino el abogado defensor que siempre encuentra una coartada para nuestros impulsos.

 

La justificación cognitiva como mecanismo de defensa

«Podríamos decir que hay gente que va al cien por cien de su vida en automatismo», afirma Fernando con preocupación. Viven en un estado de sonambulismo consciente donde cada acción está predeterminada por su historia.

Este proceso de autojustificación es lo que nos mantiene atrapados en los mismos ciclos, impidiéndonos ver la raíz del conflicto emocional que estamos intentando resolver. Nos contamos mentiras fantásticas para no tener que afrontar verdades incómodas que desmoronarían la imagen que tenemos de nosotros mismos.

 

Necesidades psicológicas frente a la presión de las necesidades sociales

Fernando González hace una distinción brillante entre las necesidades biológicas y psicológicas (afinidad, competencia y autonomía) y las necesidades sociales impuestas por la cultura del éxito. Estamos intentando llenar un vacío del alma con trofeos externos.

«Hoy lo que buscamos es tener un coche más grande que el tuyo o una casa más grande… ¿y la persona dónde está?», cuestiona el psicólogo. Esta desconexión del sentir interno es el caldo de cultivo para el malestar contemporáneo. 

Sara Pallarès integra este concepto preguntando por el papel de la validación externa en nuestra felicidad. Estamos decorando nuestra jaula con lujos mientras nos olvidamos de que tenemos la llave para abrir la puerta.

David Corbera reflexiona sobre cómo la Bioneuroemoción ayuda a las personas a recuperar su autonomía emocional, dejando de buscar fuera lo que solo puede encontrarse en la coherencia interna. David advierte que cuando vives para la mirada del otro, dejas de habitar tu propio cuerpo y te conviertes en un reflejo de expectativas ajenas.

 

La recuperación de la autonomía y el bienestar emociona

Para Fernando, el bienestar surge de la coherencia entre lo que deseamos y lo que hacemos. «El objetivo es tener las estrategias de afrontamiento adecuadas», explica.

Esto no significa no tener problemas, sino tener la capacidad de responder a ellos sin perder nuestra brújula interna. Cuando recuperamos la autonomía, nuestras decisiones dejan de ser una reacción al miedo o a la presión social y se convierten en una expresión de nuestra identidad real.

Es el paso de ser un personaje secundario en tu propia vida a ser el autor principal.

 

Toma de decisiones inconsciente Fernando González

 

El propósito como el gran organizador del placer y la motivación

Llegando al núcleo de la solución, la conversación en Destellos de Sabiduría gira en torno al propósito. El placer no es el enemigo; el problema es el placer sin dirección, ese estímulo ciego que nos consume sin nutrirnos.

Fernando sostiene que cuando tenemos un propósito claro, el placer se convierte en un aliado que nos da la energía necesaria para sostener el esfuerzo. «Cuando yo creo un procedimiento para motivarme para algo en la vida, tiene que haber placer, pero nunca puede ser más que el propósito», advierte. Sin esa jerarquía, el placer nos devora.

David Corbera destaca que en la Bioneuroemoción se busca que la persona encuentre ese «para qué» que dé sentido a su historia. Ese propósito no se encuentra fuera, es la dirección que le das a tu energía interna cuando por fin comprendes quién eres.

Sara Pallarès añade un matiz fundamental sobre la fuerza de esta dirección: 

 

«El propósito es el gran organizador. Si tengo un ‘para qué’ claro, ese placer inmediato que me ofrece el entorno deja de tener fuerza. El propósito actúa como un filtro: si algo me aleja de mi meta o de mi bienestar a largo plazo, mi cerebro es capaz de decir que no.»

 

Sinergias y antagonismos en nuestra trayectoria vital

Fernando explica que nuestras metas pueden ser sinérgicas (se ayudan entre sí) o antagónicas (una destruye a la otra). Muchas veces, el conflicto interno que sentimos es el resultado de perseguir objetivos que chocan entre sí.

«Si mi propósito es la salud, pero mi placer es comer mal constantemente, hay un antagonismo que genera ansiedad», ejemplifica. La integración mente-cuerpo requiere que alineemos estos circuitos para que trabajen a nuestro favor. 

 

La paz interna nace cuando nuestras acciones diarias y nuestros anhelos más profundos caminan, por fin, en la misma dirección.

 

Decisiones, inconsciente y la narrativa que nos libera

La toma de decisiones inconsciente es el motor que mueve la mayoría de nuestras acciones. Sin embargo, no estamos condenados a ser marionetas de nuestra biología. El reconocimiento de este mecanismo es el primer paso hacia la libertad.

El primer paso para el cambio es, como dice la Bioneuroemoción, la toma de conciencia. Al observar nuestros patrones sin juicio, empezamos a quitarles el poder que tienen sobre nosotros. Observar con curiosidad, en lugar de con culpa, es el primer acto de libertad real.

Fernando González subraya la importancia de la compasión hacia uno mismo en este proceso. «No somos culpables de nuestros automatismos, pero somos responsables de lo que hacemos con ellos una vez que los vemos», sentencia. Esta responsabilidad no es una carga, sino el poder de reescribir nuestra historia.

 

Escuchar lo que no se dice para entender lo que se decide

Si el cerebro decide desde patrones inconscientes y luego miente para justificarse, ¿dónde podemos encontrar la verdad? David Corbera da la respueta:

 

«Al final, el síntoma o ese malestar que sentimos en el cuerpo es el único que no nos miente. El cerebro puede fabricar mil historias para justificarse, pero el cuerpo tiene su propia narrativa. Aprender a escuchar ese silencio, lo que hay debajo del ruido mental, es lo que nos permite descodificar qué está pasando realmente y dejar de repetir el automatismo.»

 

Entrenarse en leer esas señales es fundamental para desactivar los hábitos automáticos que ya no nos sirven. La Bioneuroemoción se convierte así en una herramienta de traducción entre el lenguaje mudo del inconsciente y nuestra voluntad consciente. El cuerpo es la brújula que nos indica dónde hemos perdido nuestra coherencia.

 

El despertar de la conciencia como el mayor acto de libertad

No somos máquinas biológicas destinadas a repetir el pasado de forma infinita. Aunque nuestra biología tienda al ahorro y nuestros automatismos busquen la seguridad de lo conocido, poseemos una capacidad asombrosa para la neuroplasticidad y el cambio. Somos seres en constante construcción, capaces de hackear nuestro propio sistema.

Como bien señala Fernando, la comprensión de nuestros mecanismos internos es el único antídoto real contra el dolor innecesario. Es la luz que disipa las sombras de la repetición.

 

Reflexión final: la comprensión es la que sana el dolor

«Me gustaría que la gente se comprendiese mucho más —explica el psicólogo— porque lo que yo veo es dolor por la falta de comprensión».

Al final del día, cada decisión consciente, por pequeña que sea, es una victoria sobre el automatismo y un paso hacia una coherencia que nos hace más humanos. Es hora de dejar de ser pasajeros de nuestra biología para convertirnos en los arquitectos de nuestra propia paz.

 

 

Este artículo es solo una breve parte de la conversación con Fernando González de David Corbera y Sara Pallarès -director académico y CEO, respectivamente, de Enric Corbera Institute- en el pódcast “Destellos de Sabiduría”. Puedes ver o escuchar el episodio completo “Por qué nunca cambias: las trampas invisibles de tu mente”, aquí:

 

 

 

 

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